27 de enero de 1981
Cuatro años de edad.
Gracias, hijito, por haber sido hoy, gracias a Dios, el motivo más importante para recordarnos alegrías de nuestra niñez.
Hoy tu papá y yo fuimos a llevarte un jugo, y no hay palabras adecuadas para explicarte la ternura tan grande que experimentó mi corazón al verte allí, sin jugar, y ver toda la desbordante alegría de los demás niños cuando jugaban. Chiquito, ¿por qué no juegas como ellos? ¿Es tu edad un obstáculo? Ruego a Dios que no lo sea.
Me pregunto ahora, ¿fue el Señor quien permitió que ese pequeño cuerpecito sintiera el sacrificio de una responsabilidad tan grande como la de trabajar tanto como lo haces? ¿De estar ahora sin jugar y solo uno de tantos niñitos hacer el milagro de compartir su tiempo contigo?
¿Por qué estás tan apenadito por venir nosotros a verte? Perdónanos, pequeñito, sólo quisimos traerte algo y ver qué haces en el recreo, y recordando que en otras ocasiones nos has pedido que vengamos a esta hora.
Esperamos de todo corazón que en otra ocasión que vengamos a verte durante el recreo, estés jugando como ellos.



mijo, felicidades por tan bello trabajo que publicas, sigue adelante ya que ahora me han inspirado (tu y tu mami) a hacer algo así con mis hijos, vivimos en la misma cuidad y nunca nos hemos encontrado, solo se que recuerdas mucho las tortillas que hacia mi mamá jejej
saludos y Dios te siga bendiciendo
Amalia Glez de abasolo ( a ver si te acuerdas jejej)