Diarios de la Infancia

20 de noviembre de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en noviembre 20, 1980

Cuatro años de edad.

Juan Jacobo, chiquito tan estudioso:

Hoy que deseábamos que durmieras un poco más, despertaste muy temprano. No encontraste tus botas, y anduviste descalzo todo el día.

Todavía era muy temprano, y terminaste un trabajo de tu tarea.

Despues de desayunar, te saliste con tu papá a cortar guayabas, fueron a caminar y de regreso fueron a buscar huevos a la bodega.

Despues me asomé por la ventana y vi que con gran alegría corrías de un lugar a otro y aún traías tu pijama. Con tu resortera, lanzabas piedras hacia la camioneta, y, al tirar las piedras, con que poca fuerza las avientas. Qué bueno, para no romper un vidrio.

Te observé con infinita ternura y me da gusto verte así tan contento y tan activo.

Después llegaste con unos huevos a la cocina y ante la oportunidad, te llamé para que hicieras otra plana de tu tarea y la hiciste muy rápido.

Estoy triste porque te cortaste con una navaja, por sacarle punta a un lápiz.

Estuviste viendo el desfile en la televisión, me llamaste para preguntarme si el que encabezaba el desfile era el presidente José López Portillo, me sorprendiste que supieras su nombre, pero al llegar a la televisión ya habían cambiado la imagen y no lo vi.

Te fuiste a jugar con tierra y como no obedeciste que no te salieras, me enojé porque ya no escribiste otra plana y te defendiste diciéndome que allá afuera estaba mi papá cuidándote.

Perdóname, hijito, porque te pegué, pero sacaste mucha tierra, la que rápidamente llevaste a su lugar. Más tarde te fuiste otra vez a jugar con los niños del señor Félix hasta muy tarde, llegaste con mucha tierra en tus piecitos, te los lavé (los piecitos) con mucha ternura.

Papá te arregló para ir a la casa del señor Hugo Orlanzzini, jugaron muy bien con sus hijos con el boliche y se escuchaban sus risas por toda la casa.

De regreso, nos dijiste que rezáramos en el camino porque ya tenías sueño, luego les canté la cancion de Amigo y te dormiste.

Hijito, descubrí en este escrito muchos errores, pero dos de ellos imperdonables, ojalá que si Nuestro Señor te concede la dicha de la paternidad, no los repitas en tus hijos.

No busqué tus botas u otros zapatos para que no te lastimaran las piedras y la arena del camino, te exigí que hicieras tareas para las cuales tenías tiempo suficiente y te pegué, porque te fuiste a jugar con tierra. ¿Por qué lo hice si tu nonno tantas veces me pidió que los dejara jugar con tierra? ¡Perdóname, mi niño, perdóname, te queremos tanto tanto, tanto, que quisiera con toda el alma volver el tiempo atrás y abrazarte con todo mi corazón y protegerte por todo el tiempo que no lo hice… Ahora, sólo puedo rezar por ti y tus hermanos.

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