Domingo 28 de septiembre de 1980
Cuatro años de edad.
Mi cielo, disculpa que te hayamos evitado la santa alegría de asistir a la santa misa, pero aún estabas durmiendo cuando tu papá decidió que nos fuéramos a la iglesia. Por dejarte durmiendo no me preocupo ya que si despertaras estás en buenas manos, pero sí porque hoy no asistirás a escuchar la santa misa. Cuando regresamos, aún dormías, pero más tarde te llevamos a la placita que está muy cerca; también aprovechamos para que le pongan grasa a tus zapatos, comprar dos macetitas que te gustaron y hablar por teléfono a tu tío Javier (más bien mandarle un recado) para que le avisen que, primero Dios, llegamos mañana.



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