Diarios de la Infancia

13 de febrero de 1981

Publicado en Uncategorized por Jacobo en febrero 13, 1981

Cuatro años de edad.

Tal parece como si hoy nuevamente reflexionáramos sobre cuánto peso hay ya sobre tu pequeña espaldita, ya que tu maestra nos pidió el acta de nacimiento para el lunes 16, para poder llevarte ante la directora y decirle que estás de oyente pero que, en base de que sabes ya leer, pueda matricularte para poder pasarte a segundo año.

Inmediatamente fue tu papá, y gracias a Dios tuvimos suerte porque a pesar de decirnos que en ocho días la entregarían, les explicó tu papá que nos urge para el lunes y ya la tenemos.

Ojalá nos permita el Señor que no haya objeción y puedan matricularte, desde luego si es para tu bien y que no te perjudique en absoluto, sino al contrario, que el Señor te ayude y nos ayude a que no te sientas presionado en ningún momento.

12 de febrero de 1981

Publicado en Uncategorized por Jacobo en febrero 12, 1981

Cuatro años de edad.

Ayer, cuando tu papá nos dijo que iba al cine a Irapuato, te dije que hoy iríamos tú y yo en camión (desde luego, si tu papá nos diera permiso), pero tu papá logró que nuestros planes cambiaran, ya que esta mañana, al pedirle permiso para ir a Irapuato, dijo que él me llevaba, entonces le dije que ya había planeado llevarte, y dijo que si me llevaba sería por la mañana.

Tal vez tu papá se sintió un poco triste por saber que no te llevaríamos pues por el camino te dijo que si deseabas algo de Irapuato, a lo que contestaste, muy triste, que tú querías ir. Tratamos de convencerte para que te quedaras, diciéndote que te traeríamos algo, pero no aceptaste. También te expliqué que así como yo deseo estudiar y no puedo por cuidar de ustedes, así tampoco nos puedes acompañar porque vas a la escuela.

Comprendiendo que es inútil hacerte razonar, tu papá tuvo una idea extraordinaria, de que le pidas permiso a tu maestra hasta la hora del recreo para ir con nosotros, y a todos nos pareció magnífica la idea.

10 de febrero de 1981

Publicado en Uncategorized por Jacobo en febrero 10, 1981

Cuatro años de edad.

Hasta esta hora (11:30 a. m.) puedo darme cuenta de que esta mañana me porté muy mal contigo… ¿pero sabes por qué hasta ahora me estoy dando cuenta? Entramos Alejandrito y yo a hablar por teléfono; entonces, la señorita que toma datos y trabaja las llamadas telefónicas lo saludó; entonces él se escondió detrás de mí muy apenadito; había tanto candor en su expresión, y —tal vez olvidando de momento la emoción o pena— comenzó a asomarse —jalando unos cartones que separan la caseta del teléfono con una pequeña tienda de juguetes (donde tú compraste hace tiempo un patito para tu hermanita)— para ver si aún hay juguetes; volteó para mirar si era observado, y nuevamente se apenó y se apartó de ese lugar para esconderse detrás de mí.

En ese preciso momento pensé en ti, hijito nuestro, y estoy casi segura que ya no existirá más en ti una acción tan santa, inocente y hermosa como la [...]

Inconcluso en el original.

8 de febrero de 1981

Publicado en Uncategorized por Jacobo en febrero 8, 1981

Cuatro años de edad.

Esta mañana, al recordar cuánto te gusta el programa de Chabelo, nos disponíamos a despertarte, y al abrir la puerta ya venías saliendo de la recámara. Sólo unos cuantos minutos viste la televisión; después te vestiste, te pusiste el mismo pantalón de ayer (el de tu traje; te gusta tanto que a pesar de haberte mostrado que está descompuesto el cierre y un poco sucio, ni así te convencí de quitártelo).

Qué triste estabas al ver cuánta tristeza [había] en los rostros de las personas que convivimos con los niños Alejandrito y Víctor Hugo Orlanzini (niñitos que hoy cumplen un mes que el Señor se los llevó al cielo). Qué triste es recordar que quedó truncada la hermosa amistad que en cuatro almas inocentes ya florecía.

Recuerdo, y tal vez tú ahora también recuerdas, cuando el día 20 de noviembre Nuestro Señor les permitió hacer esta única visita a esos dos ángeles que ahora en su Reino están. Y ese gran día que quedó grabado para siempre en nuestros corazones sólo hubo juegos sencillos y hermosos y parecía en un principio que fuesen cuatro corderitos que se estudiaran con esas benditas miradas para ver si podrían o no entenderse y darse su amistad, y gracias a Dios se aceptaron plenamente, ya que enseguida Víctor Hugo y Alejandrito trajeron sus juguetes, y entre risas ni parecía pasar el tiempo*.

Ojalá Dios permita que tengan el don divino de rogar a Dios por sus queridos padres para que tengan el consuelo en otros hermanitos que llenen ese lugar vacío que dejaron no sólo en sus corazones sino también en el de quienes tuvimos la gracia de conocerlos. Y que también les conceda rogar a Nuestro Señor por nuestra salvación.

Juan Jacobo, cuántas veces me has preguntado que si estoy pensando en ellos si me ves llorar, y te contesto que sí, ya que en dos ocasiones no estaba triste por esa causa sino por otra, y me hacías recordarlos y sentir más tristeza aún.

*Este debe ser uno de mis recuerdos más antiguos: jugamos boliche en la sala de su casa. El piso era gris. Era de noche. Afuera de la casa había un pozo de agua. Ellos tenían más o menos mi edad o un poco más.

27 de enero de 1981

Publicado en Uncategorized por Jacobo en enero 27, 1981

Cuatro años de edad.

Gracias, hijito, por haber sido hoy, gracias a Dios, el motivo más importante para recordarnos alegrías de nuestra niñez.

Hoy tu papá y yo fuimos a llevarte un jugo, y no hay palabras adecuadas para explicarte la ternura tan grande que experimentó mi corazón al verte allí, sin jugar, y ver toda la desbordante alegría de los demás niños cuando jugaban. Chiquito, ¿por qué no juegas como ellos? ¿Es tu edad un obstáculo? Ruego a Dios que no lo sea.

Me pregunto ahora, ¿fue el Señor quien permitió que ese pequeño cuerpecito sintiera el sacrificio de una responsabilidad tan grande como la de trabajar tanto como lo haces? ¿De estar ahora sin jugar y solo uno de tantos niñitos hacer el milagro de compartir su tiempo contigo?

¿Por qué estás tan apenadito por venir nosotros a verte? Perdónanos, pequeñito, sólo quisimos traerte algo y ver qué haces en el recreo, y recordando que en otras ocasiones nos has pedido que vengamos a esta hora.

Esperamos de todo corazón que en otra ocasión que vengamos a verte durante el recreo, estés jugando como ellos.

20 de noviembre de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en noviembre 20, 1980

Cuatro años de edad.

Juan Jacobo, chiquito tan estudioso:

Hoy que deseábamos que durmieras un poco más, despertaste muy temprano. No encontraste tus botas, y anduviste descalzo todo el día.

Todavía era muy temprano, y terminaste un trabajo de tu tarea.

Despues de desayunar, te saliste con tu papá a cortar guayabas, fueron a caminar y de regreso fueron a buscar huevos a la bodega.

Despues me asomé por la ventana y vi que con gran alegría corrías de un lugar a otro y aún traías tu pijama. Con tu resortera, lanzabas piedras hacia la camioneta, y, al tirar las piedras, con que poca fuerza las avientas. Qué bueno, para no romper un vidrio.

Te observé con infinita ternura y me da gusto verte así tan contento y tan activo.

Después llegaste con unos huevos a la cocina y ante la oportunidad, te llamé para que hicieras otra plana de tu tarea y la hiciste muy rápido.

Estoy triste porque te cortaste con una navaja, por sacarle punta a un lápiz.

Estuviste viendo el desfile en la televisión, me llamaste para preguntarme si el que encabezaba el desfile era el presidente José López Portillo, me sorprendiste que supieras su nombre, pero al llegar a la televisión ya habían cambiado la imagen y no lo vi.

Te fuiste a jugar con tierra y como no obedeciste que no te salieras, me enojé porque ya no escribiste otra plana y te defendiste diciéndome que allá afuera estaba mi papá cuidándote.

Perdóname, hijito, porque te pegué, pero sacaste mucha tierra, la que rápidamente llevaste a su lugar. Más tarde te fuiste otra vez a jugar con los niños del señor Félix hasta muy tarde, llegaste con mucha tierra en tus piecitos, te los lavé (los piecitos) con mucha ternura.

Papá te arregló para ir a la casa del señor Hugo Orlanzzini, jugaron muy bien con sus hijos con el boliche y se escuchaban sus risas por toda la casa.

De regreso, nos dijiste que rezáramos en el camino porque ya tenías sueño, luego les canté la cancion de Amigo y te dormiste.

Hijito, descubrí en este escrito muchos errores, pero dos de ellos imperdonables, ojalá que si Nuestro Señor te concede la dicha de la paternidad, no los repitas en tus hijos.

No busqué tus botas u otros zapatos para que no te lastimaran las piedras y la arena del camino, te exigí que hicieras tareas para las cuales tenías tiempo suficiente y te pegué, porque te fuiste a jugar con tierra. ¿Por qué lo hice si tu nonno tantas veces me pidió que los dejara jugar con tierra? ¡Perdóname, mi niño, perdóname, te queremos tanto tanto, tanto, que quisiera con toda el alma volver el tiempo atrás y abrazarte con todo mi corazón y protegerte por todo el tiempo que no lo hice… Ahora, sólo puedo rezar por ti y tus hermanos.

Domingo 28 de septiembre de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 28, 1980

Cuatro años de edad.

Mi cielo, disculpa que te hayamos evitado la santa alegría de asistir a la santa misa, pero aún estabas durmiendo cuando tu papá decidió que nos fuéramos a la iglesia. Por dejarte durmiendo no me preocupo ya que si despertaras estás en buenas manos, pero sí porque hoy no asistirás a escuchar la santa misa. Cuando regresamos, aún dormías, pero más tarde te llevamos a la placita que está muy cerca; también aprovechamos para que le pongan grasa a tus zapatos, comprar dos macetitas que te gustaron y hablar por teléfono a tu tío Javier (más bien mandarle un recado) para que le avisen que, primero Dios, llegamos mañana.

27 de septiembre de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 27, 1980

Cuatro años de edad.

No creí que despertaras, pero después de que nos subimos a la camioneta a las 6:00, nos dijo tu tía Rosita que ella te despertó, diciéndote que vamos a Michoacán. Estuviste una hora despierto, pero después te dormiste; llegando a Huandacareo, tu tía Lucy les dio de desayunar. Comiste muy bien, después fuimos a saludar a mi mamá Virginia y mi papá Melesio*, y estaban muy inquietos, pues sabían que íbamos a los baños en los que les encanta bañarse. Estando allá, te dijo tu tía Lucy que te bañaras con ellas, y aceptaste muy contento. Ya estábamos listos para irnos a la casa de tía Estela, y nos pidieron guayabas y paletas que tu papá con gusto les pagó. Les tomamos una fotografía. Sacaron todos los juguetes de Alberto e Israel, forman varias figuras con ellos, y me los mostraste, pidiendo que te compre unos dados así. También les llamó mucho la atención jugar con el triciclo. Cada momento querías ir con tu tía Virginia a la tienda para comprar dulces.

*Mis bisabuelos maternos.

26 de septiembre de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 27, 1980

Cuatro años de edad.

Llevamos a la niña al doctor ya que como sigue enfermita no tenemos otra alternativa, y también para estar más tranquilos. Para ello, esperamos a que salieras de clases, te llevamos de comer y lo hiciste muy bien.

Cuánto interés muestras por aumentar el material que tienes para trabajar, ya que llegando a Irapuato comenzaste a pedir lápices, pero tu papá te dijo que te esperes, por lo que más tarde nos llevó al mercado, donde tu tía Rosita te compró plastilina, tu papá les compró un trompo y dulces.

La plastilina te ayudó a distraerte mucho, ya que las uniste y formaste una sola tira; parecías tan contento de ver tu obra, que contagias con tu alegría.

Después venías estudiando inglés; has descuidado tanto tiempo el inglés que casi la mitad de las palabras has olvidado.

Fuimos a visitar a tu tío Gabriel Zanella pero no estaba, por lo que anduviste con tu papá viendo a los animales. Con tu tío Jorge y Rubén, hermanos de mi compadre Gabriel, estuviste viendo la televisión muy tranquilo.

Regresamos ya muy tarde pero a pesar de ello nos ayudaste a preparar las cosas que llevaremos primero Dios mañana.

25 de septiembre de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 25, 1980

Cuatro años de edad.

(cont.)

Sentí gran tranquilidad cuando tu tía Rosita me dijo que hoy te portaste muy bien. Ayer que me explicó en qué consistía tu desobediencia y le dije qué podía hace, o sea, con mucho cariño y ejemplos te explicara por qué debes obedecer, y gracias a Dios está dando resultado.

El último día que estuve en el centro, me diste una sorpresa muy grata. Sabiendo que, primero Dios, será el último día, le dijiste a tu papá que te traiga cuando venga por mí (me informó tu tía Rosita cómo han llorado los dos días anteriores cuando se viene tu papá por mí, una ocasión hasta te fuiste corriendo hasta el camino con la esperanza de que te llevara, y me sentí muy triste); fue por ello que mi alegría no tuvo límite cuando los vi llegar con tu papá. De ti, sentí la esperanza de verte llegar, pero a tu hermano no lo esperaba. Gracias, pequeñitos, muchas gracias por venir.

Sabes una cosa, mi hijito, me da tristeza ver que ya tienen hambre, y con qué rapidez se comieron las papas que les compró tu papá; cuánto se sacrificaron por causa mía.

Me dijeron que se portaron muy bien, dice tu papá que por la ilusión de venir comieron muy bien, y sin que nadie te dijera hiciste tu tarea. Gracias infinitas por ser tan bueno.

A pesar de estar sobre una cama tantas horas, existe un buen recuerdo de hoy, ya que leí el libro de la historia de un niño, la cual relacioné contigo, ya que se trata de un niño muy inteligente que desde una edad temprana, 5 años, mostraba gran interés por el estudio y hacía preguntas increíbles, como las haces tú, a pesar de tu edad. Esto lo comentó su maestro a su padre, y le sugería darle libros adecuados a su edad.

Esto me hizo recordar que Dios nos está guiando sabiamente, ya que hace apenas unos días recibimos tu papá y yo unos libros que encargamos a una editorial de Celaya, quienes se dedican a la edición de libros infantiles.

¿Sabes una cosa, hijito? Si la historia narrada en el libro es una fantasía, tu bendita inteligencia es una realidad. Gracias a Dios has dado a nuestro corazón satisfacciones inauditas, siendo tan pequeño.

25 de septiembre de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 25, 1980

Cuatro años de edad.

Nos dijiste que el otro día que habías llorado en la escuela y te preguntamos por qué y nos contestaste que te habías caído pero que no ibas corriendo.

También nos dijiste que un compañero tuyo baila en el salón y que tu maestra ya se dio cuenta de ello y que lo llama a bailar.

Llegaste muy contento una ocasión ya que tu maestra les dijo —Quien no escuche su nombre, me dice, pero cuando se lo dijiste, te pasó lista, y, como los demás niños, te levantaste y dijiste presente.

Otra cosa que me agradó mucho fue que tu maestra les dijo que quien llegue a su salón y que no sea ella, deben de ponerse de pie y saludar.

No quieres que te dé mucha fruta porque les ofreces a las niñas de tu maestra Lupita y no desean.

Te preparé un sandwich y no aceptaste que te lo diera y pediste una fruta para la hora del recreo.

Tu papá, al darse cuenta que en alguna ocasión puedes necesitar dinero, te dio, y nos preguntas que qué puedes comprar, y que ese algo no sea nocivo para tu salud.

Me hicieron análisis que detectaron un problema, por lo que fue un tratamiento bastante estricto el que debo seguir, y lo único triste de ello fue que los descuidé por venir al Centro de Salud de aquí, los días 23, 24 y 25 de septiembre, de los cuales nueve horas diarias pasé en ese lugar.

El primer día, 23, te llevó tu papá a verme y qué sorpresa tan agradable fue para mí ver cómo trabajas.

Después, al llegar por la noche a la casa, qué contraste, me sentí contenta de verlos, sentirlos y platicar con ustedes nuevamente.

Con qué ansia me mostrabas tus libros, que permitió el Señor que iluminaras, y lo que querías que te explicara de otro que tenías duda.

Hace unos días llegaron unos libros titulados «Libros de Oro del Saber» además leyendo, pintando y aprendiendo inglés, que es en los que has trabajado con más entusiasmo. Pero me siento tan débil, cansada y nerviosa, que es infinito el esfuerzo que realizo para mantenerme en pie y forzando un poco de alegría, que rápidamente decae y se termina, haciéndome sentir más desesperada todavía.

Perdóname, amorcito, perdóname por estar así. Quiera nuestro Señor sea para bien de todos este padecimiento que ahora los hace sufrir. Lo que me dio tristeza fue que no obedeces a tu tía Rosita.

El segundo día tuve un pequeño problema, por lo que el goteo del suero fue más lento, y los encontré dormidos. Me sentí muy triste, muy triste; tenía tantos deseos de platicar con ustedes. Desde luego que después de salir de la escuela, te llevó tu papá conmigo y fue en ese momento que me sentí muy mal, pero gracias a Dios se fue superando el problema.

Me ayuda tanto la presencia de ustedes. Desde luego, la del Señor es la más importante para mí.

22 de septiembre de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 22, 1980

Cuatro años de edad

Fuimos varias veces a ver a la directora de una escuela en Abasolo para ver si existe la posibilidad de que entres a esa escuela*, y nos decía cada vez que volviéramos después, hasta que tu maestra Lupita nos aconsejó ver directamente a maestros que fueran a tener primer año, y visitamos a dos de ellas, y como la primera que vimos (llamada Celia) aceptó, pero el día de inicio de clases sentimos mucha tristeza porque le dieron quinto año, y nos regresamos muy desanimados pues sabíamos que es muy buena y dócil, paciente para tratar a los niños, y no nos quedó otra alternativa que ver a otra maestra que su carácter no era muy apropiado para ti, pero ¿qué hacíamos? Ya que nos hizo varias preguntas, finalmente aceptó, y nuevamente volvió a nosotros la alegría perdida, y comenzaste a ir a la escuela el día nueve de este mes.

Qué contento te quedaste en el salón. Cuando fueron por ti nos platicaste que estuviste jugando con las hijas de tu maestra Lupita, y toda esa semana no te dejaron tarea. Tu papá le preguntó a tu maestra (Modesta) que si te ha dejado y contestó que no, pero sólo el viernes lo hizo, como para poner buen marco a este último día.

Cuando fue tu papá por ti, le dijo la maestra que era último día que estaba con ustedes porque la cambiaron y estaba muy triste.

Al día siguiente, fui con tu papá a llevarte y hablé con la maestra que estabas; le expliqué que la maestra anterior había aceptado que te quedaras y contestó que también con ella te deje, pero no se va a quedar con ustedes.

Nuevamente tenías distinto maestro, al que expliqué tu mismo problema, y dijo que te quedes, que aún no le dicen cuál vaya a ser su grupo. Fueron dos días los que estuviste con él.

Por fin, el día 25 de septiembre, gracias a Dios, para tranquilidad de todos, ya está con ustedes la maestra que se hará cargo del grupo de niños al que perteneces.

Otra gran sorpresa es que también les enseña letra manuscrita, y te digo que es sorpresa, hijito, porque yo pensaba hacerlo.

Dices que es muy buena tu maestra. Un día llegaste diciéndonos que por qué a ti no te pasaban lista, y te explicamos el porqué de ello.

*Como sólo tenía cuatro años (la edad mínima era de seis para entrar a la escuela primaria), existía un serio problema administrativo. Sólo podía entrar como oyente.

Agosto de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 30, 1980

Cuatro años de edad.

Estoy enseñando, en medio de mi ineptitud, a unos niños a rezar para que hagan su primera comunión, y muestras mucho interés en aprender lo que les digo a los niños; ojalá no sólo a través de narrar lo escrito: al descubrir los preceptos del Señor y, más aún, con buen ejemplo, podamos acercarte cada día más a Cristo.

Con qué ternura sigues paso a paso cuanto se debe aprender. Gracias a Dios, tu gran inteligencia te llevará siempre a Él, y un día no lejano nos descubras, con tus dignos actos, la gran misericordia y amor del Señor; que se manifieste en tu integridad de hijo todos las virtudes que ahora adornan tu niñez.

13 de agosto de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 14, 1980

Cuatro años de edad.

Cuando te compraron tu libro de matemáticas preescolar, no quisiste trabajar en orden en él, por ello hoy te expliqué lo necesario que es que lo hagan en orden, y comenzaste a hacerlo así.

Dormiste solo porque tu hermano se quedó con tu tío Luis.

Hiciste enojar a tu tío Luis porque eres muy brusco para jugar con él, y te dijo que no te va a llevar a traer una tortuga que trajeron del lugar al que compran alfalfa, pero después le dijiste que te disculpe, que ya te vas a portar bien, y te llevó a verla.

También los llevó a los columpios que les hizo tu papá, y al mecerte lo hizo también tu hermano, y como te estorbó hizo que te lastimaras tu espaldita, tienes un raspón muy grande y lloraste.

Jugaron a las escondidas con tu tío Luis, y en ninguna ocasión te escondiste como debes, ya que gritas para que sepan dónde estás o te asomas de tu escondite.

Por mecer a tu hermano en el columpio, a ti te hicieron muy poco y estás triste.

Lo que más te llama la atención últimamente para jugar es hacer casitas con sillas, almohadas, sábanas y cobijitas de la niña.

Fuimos a ver a tu maestra para saber si te va a dar clases otra vez, antes de saber si te aceptarán o no en la escuela, pero no pudo por estar preparando a sus hijos para cuando entren a la escuela; tu papá intervino antes de que se sintiera comprometida la maestra, diciéndole que no se preocupe, que nosotros te seguiremos enseñando en la casa.

Hijito, eres tan pequeño aún que no comprendes el verdadero valor del tiempo, ya que esta noche comenzaste en orden tu libro de matemáticas preescolar, y en breves momentos contestaste dos páginas y te sacaste dos dieces, y cuando llegó tu papá para irnos a la casa y te molestaste porque apagó la luz de la camioneta y tú querías seguir trabajando con tu libro, entonces tu papá te dijo que era necesario dejar sin luz la camioneta y que en la casa podías seguir escribiendo, y aceptaste.

Te enojaste con tu hermano y le pegaste porque no te quiso dar refresco y tu papá te compró otro y platicó que es por este problema que no los quiere llevar a Abasolo, y le pediste perdón a tu hermano y después él te pidió a ti. Ojalá comprendas, amorcito, que debes de portarte lo mejor que puedas.

12 de agosto de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 12, 1980

Cuatro años de edad.

Con cuánto interés por hacer sólo cosas de provecho, sentí profunda alegría cuando te observé con tanto interés trabajando en tu libro mágico de ejercicios caligráficos; después me llamaste para que estudiáramos inglés y te aprendiste «Do you speak Spanish?», también el significado en español, y me pediste que te calificara, y como cada página que se va aprendiendo se ilumina una estrellita, hoy fue de la número cinco, y además la iluminaste.

Además leíste una lección del libro que te regaló tu maestra Lupita, Mis primeras letras, por Carmen G. Basurto; la número 10, Los caballitos; y leíste esta porque te gusta leerlas al azar, o sea, la página que abres.

Llegó un coche y, creyendo que es el señor que vende pan los días martes, fuiste con gran alegría a comprar, y al pedirle pan, él te dijo que llevaba productos de limpieza y te regresaste muy triste; también yo la sentí al ver que se reían de ti. No te preocupes, hijito, que estos desengaños siempre nos enseñarán a vivir.

11 de agosto de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 11, 1980

Cuatro años de edad.

Qué bien cantaste con nosotros las mañanitas para tu hermanito Alejandro; después le diste su abrazo y le dijiste que le deseas muchas felicidades.

Entraste a la cocina y viste un pastelito tan pequeño e inmediatamente se iluminó tu carita de gran alegría que fuiste rápidamente a buscar a Alejandrito para que lo fuera a ver, también le hablaste a tu papá; y ya que apagó las velitas, subiste también a tu hermanita para que apagara las velitas, y finalmente tú.

Como tu hermanita estaba sin alguien que la cuidara, varias veces la sacaste de la andadera y te llamé la atención, tal vez sin justificación, ya que tu fin es cuidar de ella; perdóname, hijito.

Al ver que están bañando a tu hermano, también fuiste para que te bañen, y en ese momento llegó tu papá con un regalo para tu hermano y fuiste a llamarlo para que lo viera; se lo llevó al baño pero no lo abrió hasta más tarde.

Sin que alguien te diga que te laves las manos para comer, lo hiciste, para satisfacción nuestra; también comiste muy bien.

Te fuiste a jugar en el columpio y estuviste con tu nonna.

Me ayudaste a decorar el pastel de tu hermano y me dio mucha alegría verte tan interesado en ayudarme.

Cuando asistimos a la Santa Misa en la casa de tu tía Martha, no te vimos, por lo que tu papá y yo estábamos preocupados. El padre Genaro (quien celebró la Santa Misa) preguntó por ti y te llamamos, pero no tenías la suficiente confianza como para saludarlo, como él a ti.

Cenaste muy poco y me llamaste para darme la carne de un tamal; no quisiste pastel.

Llamaste a tu papá para que les suba la piñata; tan pequeña está que cuando tu papá se las sube, se caen dulces, y rápidamente los levantas, con peligro de que te pegue quien la rompa, pero tu papá, con energía, te hizo alejarte un poco. Qué contento venías con tus dulces; nos diste uno a cada quien, también a mí. Me siento triste porque lo dejé en la mesa [...] después me enseñaste todos los que ganaste.

Domingo 27 de julio de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en julio 27, 1980

Cuatro años de edad.

No nos quisiste saludar cuando despertaste.

Sabiendo que irían a la santa misa, desayunaste muy bien y no querías dejar que te vistieran, pero al decirle a tu tía Vicky que no te vista ya dejaste que lo hiciera y te fuiste a la santa misa con tu papá.

18 de julio de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en julio 18, 1980

Cuatro años de edad.

Aún te quedaste dormido cuando fuimos a Pénjamo a que me hagan análisis, y me dio tristeza verlos tan quietos, tan hermosos, y dejarlos tal vez por unas horas.

Cuando regresamos, estabas jugando afuera y fuiste a encontrarnos y a ver qué te habíamos comprado; sólo habíamos traído algunas cosas que hacían falta en la cocina.

Nos dijo tu tía Virginia que no quisiste desayunar y sólo te comiste un pedazo de tamal cuando llegamos.

Te fuiste a jugar con las niñas del Señor Félix; como me siento tan mal, es un gran alivio que te portes bien conmigo como lo has hecho hoy.

Pensábamos ir todos con tu papá a Pénjamo, pero tu hermano no traía ropa y no alcancé a arreglarlo; por lo que sólo tú fuiste con tu papá y tuvo que dejarte en la camioneta con tu tío Luis porque te dormiste.

Eres muy brusco para jugar con tu tía Vicky, por lo que ella prefiere, en ocasiones como hoy, dejar de jugar; no tenía mucho, cuando fuiste y, muy quedito, me dijiste —mamá, dígale a tía Vicky que juegue con nosotros a la comidita. Después de oírte decir que te portarás bien, siguió jugando con ustedes.

Lunes 7 de julio de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en julio 7, 1980

Cuatro años de edad.

Despertaste muy temprano y te arreglamos para llevarte a retratar para tu diploma tamaño infantil, tres cuartos de perfil, qué lindo vas a salir, primero Dios. También pedimos otra fotografía donde están tú, Alejandro y tía Vicky.

Tu plana de hoy es bra bre bri bro bru. Estuviste iluminando mucho tiempo; lo que más hiciste fue dibujar: casitas, trenes, animalitos; es sorprendente ver tu iniciativa y con qué rapidez haces las cosas.

Sabes hijito, estoy un poco preocupada porque alguien me hizo una observación respecto a ti. Esto es que no encuentran alegría en ti, que eres un poco retraído, hasta indiferente, ante las cosas que pasan a tu alrededor, y esto es debido a tu completa dedicación de tus dibujos, descubrimientos y estudio.

Más tarde fuimos a caminar; jugamos a matarile-rilelo, la rueda cafetera, la rueda de San Miguel, la víbora de la mar y los listoncitos, y ya que nos veníamos querías que siguiéramos jugando.

Domingo 6 de julio de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en julio 6, 1980

Cuatro años de edad.

Me preguntaron tus primos la hora en que despertarías, y les dije que entre nueve y diez, y qué sorpresa me diste a las 7:20 que fui a tu recámara y ya estabas despierto mirando con una gratísima sonrisa a tus primos; te explicaron que anoche que llegaron ya estabas dormido.

Los invitaste a ver la televisión y viste Burbujas, y por estar viendo este programa, no fuiste a desayunar temprano.

Me pediste permiso de sacar los juguetes, y te dije que sólo los grandes, pero los sacaste todos y estuviste jugando con ellos; hiciste después carreteritas con tus carritos en el lodo, y están muy sucios tus juguetes de lodo.

Hiciste una plana de la palabra cual y un dibujo de Mafafa y Pistachón, dos personas del programa Burbujas.

Fuiste a la bodega con tu tía Vicky y te llevaste un libro del pato Donald para que te lo leyera, pero ella no lo leyó y te pusiste muy triste; lo que hiciste fue observar cómo mataba ratas, con un rifle, tu tío Luis, y también les ayudaste a buscar huevos.

Con gran interés seguiste a tu tío Luis cuando, al dejar caer desde arriba de las pacas unos huevos, se rompió uno que ya olía muy mal, y lo llevé hasta donde había agua para que se lavara la cara y el pelo.

Se fueron a bañar y nadie te ayudó a enjabonarte, sino tú solo, y muy bien.

Estuviste llorando porque tu hermano te ganó a comer, y lo que hice fue decirle a tu hermano que comiera más despacio.

Fuimos a caminar a la casa de tu tía Martha, y al ver que estaban regando te metiste a la pileta y le bajabas y subías la palanca del tubo para que saliera con más presión el agua; después, con los pies, hiciste que nadabas y mojaste la ropa, a Luz y tía Vicky. Cuando saliste, tenías tanto frío que tuve que darte una sabanita de la niña, y después tu tía Martha te prestó un suéter; de regreso querías pingüicas y tía Vicky te las cortó.

Te venías quejando mucho de que te picó un mosco en tu espalda.

Estuviste rezando muy bien, después viste un momento la televisión y te quedaste dormido tan lindo, tan santo, que no cabe en mí tanta ternura que siento por ti.

Sábado 5 de julio de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en julio 6, 1980

Cuatro años de edad.

Despertaste muy contento y fuiste a pedirme permiso de sacar los juguetes, y querías que jugara contigo; fui para ayudarte a hacer tu casita, le pusimos una mesita con su mantel, después tomaste una llantita de madera diciendo que es la cazuela del mole, hiciste un fregadero, los asientos de un camioncito destartalado los pusiste en la sala.

Qué bien comiste por el interés de ir a Abasolo; al estar allá te pusiste muy triste porque tu papá nos dijo que lo esperáramos en la camioneta, y al verte así te llevó con él.

Compró una bolsa de dulces y te enojaste con tu hermano porque los dos los querían, pero finalmente los dejaste porque al intentar comerte uno no te gustó, y los dejaste todos esparcidos.

Le pediste a tu papá que te comprara chicles pero no lo hizo porque ya traían los dulces. Al ver que me compraron esta libreta, la pediste para ti por lo que tuve que mandar comprar otra para ti, y en ese momento te dicté las palabras qué y cuál e hiciste una plana de que.

Te dimos un elote pero no lo quisiste porque te enchilaste. Te iban a bajar de la camioneta y no querías hacerlo.

Estuviste iluminando hasta muy noche un cuadernito que compramos para ti (de la pasta) y tuve que llamarte a dormir con el fin de que dejaras ya eso. Rezaste muy poco porque ya te veías muy cansado. Ya estabas dormido y llegó tu tía Amalia con sus niños, y cuando acostaron a Elisa contigo, la abrazaste aún dormido.

(Fuiste a ver a tu maestra y estuviste muy inquieto jugando.)

28 de marzo de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en marzo 28, 1980

Cuatro años de edad.

Qué semblante tan distinto al de ayer se observa en tu hermosa carita. O tal vez se deba a que estas mejor de tu ojito, gracias a Dios.

Te queda tan apretados tus zapatos que ya es necesario comprarte un número más grande. Ojalá no te lastimen mucho, así te los puse.

A pesar de haberles pedido que hoy no te fueras a jugar, antes de que terminaras de desayunar te fuiste, hasta te fui a buscar para darte tu leche. No quería que te fueras tan pronto para que me acompañaras y ayudaras a hacer algunas cosas, pero ya llegará el día en el que tengas más conciencia sobre lo importante que es para nosotros que también nos regales un poco más de tu valioso tiempo.

Le pegaste a la niña del señor Félix, y al intentar pegarte me dijiste que lo hiciste porque ella también te pegó y te jaló el pelo, por lo que ya no te pegué. Le ruego a Nuestro Señor que siempre nos digas la verdad.

Nuevamente cortaste flores del tulipán y las acomodaste en el pasto.

27 de marzo de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en marzo 27, 1980

Cuatro años de edad.

Con qué cansancio me diste los buenos días y cuánta tristeza siento al ver tu ojito tan mal. Al ver que ta iba a poner las gotas de Neosporín, tú mismo te bajaste de la almohada para que te las pusiera, y dices que tienes comezón.

Qué hermosos hábitos estás adquiriendo, ya que, sin que te digamos, fuiste a lavarte tus manecitas para venir a desayunar; comiste muy bien.

Hiciste números del 20 al 30, te los pregunté después salteados (que los escribieras) y no te equivocaste. Después me pediste lo necesario para dibujar y te llevé un pavo real, y qué lindo te quedó; esos trazos maravillosos que tus adorables manecitas trazaron me hacen darme cuenta de lo inteligente que eres.

Jugamos con tu hermanito Alejandro a leer. Al jugar al matarile-rile-ró te dejas caer y se ensucia tu ropita; después, al decirte el oficio que te pondremos (te pondremos el cochinito, matarile-rile-ró) dices que ese oficio no te gusta, y al decirte que el inteligente, la expresión de tu carita cambió, y rápidamente dices que ese oficio sí te gusta.

Después estuvimos leyendo tu libro porque estás un poco atrasado.

Me pediste que por favor encienda la televisión para ver Plaza Sésamo, y todo lo que consideras de importancia me llamas para que te explique, por ejemplo, el río y el agua de las presas para qué se utiliza, y estás muy contento y muy interesado en que te explique cada paisaje donde ocupan el agua para lavar, pero lo más importante es cuando la utilizan para regar.

Otra vez ocurrió lo que esperaba: que al cortar los tulipanes, los acomodaras en el pasto para que pareciera que el pasto floreaba.

Llegaste de donde estabas jugando, con demasiado calor, porque me dijiste desde la puerta, —mamá, me quiero bañar. Y al ir a buscar la toalla, ya te habías metido en el agua (del pozo), me diste la sorpresa de que tú mismo te vestiste, después me dijiste, —mamá, me vestí pero me puse la playera al revés y no encontré compañero de este calcetín y me puse estos de distinto color. Qué lindo te ves que hasta te saqué una fotografía.

Hace año y medio estuvo con nosotros una señorita llamada Aurora, y tenía unos huarachitos como los que hoy me puse, y me dijiste que por qué me los puse si son de ella. Es increíble cómo te acuerdas después de tanto tiempo.

Al ver que voy a hacer gelatina, trajiste una silla y me ayudaste a hacerla.

Ya no tengo palabras para calificar tu excelente memoria, porque hoy me dijiste que por qué tu papá ya no había comprado jícama como las que compró cuando vino el Santo Papa a México; y efectivamente, ese día que se despidió en Monterrey estuvimos comiendo esa fruta.

Estaba tan ocupada pero, como no hay ocupación más hermosa que atenderlos, con gusto fui a verte cuando me llamaste a a bodega para ver las cruces que hiciste con cinta adhesiva, y también me llevaste hasta donde están regando, donde pusiste unas azucenas rojas clavadas en el lodo; qué cosas tiene la vida, pensar que tú acabas de realizar tal vez una obra de arte que sólo Cristo y yo admiramos; y tal vez algún día Él te permita realizar algo que no quede como esto, sin vida, sin beneficio, sino que contribuya para el bien de la comunidad o de ti mismo.

Recogiste de la basura botes, frascos y papelitos con los que envolvías lo que encontraste y decías que eran regalitos.

Pusiste un disco del Santo Papa y, como tal vez porque la aguja está volteada, toca como si estuviera rayado, y le hablaste a Alejandro para que lo escuche, y te da demasiada risa, hasta me contagiaste con tu santa alegría y me reí contigo.

Qué puede faltar a tu dulce voz para creer que el canto que escucho es el de un ángel cuando cantas algo tan lindo: «Te vengo a decir, te vengo a decir, oh mi salvador; que yo te amo a ti, que yo te amo a ti, con el corazón; te vengo a decir, te vengo a decir, toda la verdad; que te amo Señor, te quiero Señor, con el corazón; yo quiero cantar, yo quiero cantar, de gozo y de paz; yo quiero llorar, yo quiero llorar, de felicidad».

Después recordaste que me fui tres días a un cursillo de Cristiandad y me dijiste que por qué me fui a vivir a la iglesia esos días en los que vino mi mamá a cuidarlos, y te contesté que Nuestro Señor nos llama.

Cada momento te asomas al refrigerador para ver si ya está la gelatina, y para tu suerte se cuajaron muy pronto, y nos repartiste una para cada quien y le guardaste otra a tu papá.

Qué cansado estás que al rezar ya no te ves con devoción, y para el Señor tu devoción puede ser tu cansancio.

Que el Señor te cuida y te guarde de todo mal.

Ya dormido, te puse gotas en tus ojitos y te asustaste. Perdóname, amorcito, por ponértelas tan tarde.

26 de marzo de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en marzo 26, 1980

Cuatro años de edad.

Despertaste muy temprano, y al preguntarte qué buscabas contestaste que quieres tu cuaderno y colores para iluminar. Pasaste gran parte de la mañana iluminando y me pides que te califique, pero después me sentí muy triste de ver tu librito deshojado en tu recámara, dijiste que tu hermano hizo eso y lo levantaste.

Perdóname porque te pegué, chiquito lindo, pero tus trabajos que has realizado en el kinder los sacaste y están muy maltratados, estaban debajo de la cama.

Pensando que no vendría la señorita Alicia, me estabas ayudando al quehacer; cuánta obediencia advertí en ti que pensé en el regocijo que sentiría la Santísima Virgen al ver la obediencia llena de abnegación de su divino hijo. Después, al ver que vino a ayudarnos, te fuiste a hacer trabajos en tu cuaderno que tanto te agrada.

Estaba tan distraída en la cocina que no me di cuenta cuando cargaste a la niña, y me gritaste que la traías y corrí a quitártela y ya estabas muy cansado, y la niña estaba muy contenta, como si le agradara que la cargaras.

Te fuiste a jugar con las niñas del señor Félix y regresaste demasiado tarde, enlodado, con los zapatos hasta pesados de tanto lodo. Cuando escuchaste que te dije que no te dejaría entrar, fuiste a la pileta del pozo y te metiste para bañarte; desde la cocina estaba al pendiente de lo que hacías, por lo que corrí cuando vi a la señora Aurora correr para sacar a alguien, y era tu hermano, quien estaba en peligro de ahogarse, pero también tú estabas adentro y te bañé enseguida. Al vestirte, pediste que te vistieran de blanco; y, como era de esperarse que te ensuciaras así, ya no me extrañó verte otra vez tan sucio.

Te enseñé a sacar fotos hace tres días, y hoy, sin ninguna explicación ni precisión, tomaste una fotografía que no tendrá ningún sentido.

Cortaste muchas flores del tulipán y las plantaste en el pasto; me siento muy triste de que ya no nos regales a nosotros las flores; ya tanto tiempo que tenías dándonos más que esas lindas demostraciones de cariño, toda tu ternura y amor.

Al ver un pollito muerto, les hablé a todos para preguntarles quién lo había matado y contestaste que lo hicieron para que la señora tuviera que darle de comer a su niña, y Juanita me dijo que fue su hermanita la que le apretó el pescuezo y después lo dejó tirado. Te expliqué, principalmente a ti, que debes de cuidarlos, y ya no te viniste con los niñas a jugar aquí adentro.

Te estuve observado un momento, y buscabas algo en la alacena; te pregunté qué querías y contestaste que naranjas para hacer las paletas, y te ayudé a buscar y sólo encontramos dos, con las que las hicimos.

Vinieron unas personas para que hiciéramos la reunión semanal, y estuvieron en la casa del señor Félix.

Cuando vino tu papá para ir a Abasolo, querían ir con él, y como no los llevó se quedaron llorando.

A nuestro derredor muy pocas veces ocurren cosas agradables; todo lo vemos con indiferencia y sin amor y creemos que todo es vano, triste, irritable, pero dentro de todo eso podemos buscar una chispa de amor, una pequeña luz que se puede agigantar con un soplo de amor y buenos deseos, como lo hiciste hoy en mi corazón triste y vacío, para colmarlo de dicha con sólo una palabra tuya.

Lo que es el amor que se profesa a una persona noble y buena, y más si proviene de un hijo. Estabas tan entretenido que eso no bastó para que salieras corriendo en cuanto escuchaste el ruido de la camioneta, y le dijiste que por qué se tardó tanto, y él te contestó que no se tardó, y te fuiste a dormir con él. Qué alegría experimenté cuando escuché que estás rezando con tu papá y tu hermano; después, tristeza, al verte dormido y no haberme despedido de ti.

Te persigné, te puse tus gotitas y te pedí perdón por todas las injusticias que cometí contigo este día.

25 de marzo de 1980

Publicado en Uncategorized por Jacobo en marzo 25, 1980

Cuatro años de edad.

Cuando me fui a bañar, me preguntaste que a dónde iba y te contesté que a bañarme. Creí que no te ibas a quedar pero te quedaste conforme. Cuando regresé, ya estabas con la niña jugando, también la cargaste.

Te dije que si desayunabas bien te llevábamos a Irapuato, y no sólo comiste bien sino rápido. Estabas al pendiente viendo qué preparaba para llevarnos y te llevaste dos bolsas a la camioneta y allá nos esperaste.

Observaste unas máquinas estacionadas en el tramo que están arreglando en la carretera y nos preguntaste por qué no están trabajando; te contestamos que porque tal vez las personas que las manejan están comiendo.

Ya cuando íbamos llegando a Irapuato nos preguntabas que si ya íbamos a llegar y te decíamos que faltaba poco, y tres veces más nos preguntaste; y, haciendo conjeturas, decías que si llegando a tal o cual lugar ya era Irapuato, de tanto deseo que tenías por salir a pasear.

Fue tu papá a dejarme a la puerta del hospital y le dijiste que se fueran a la camioneta porque tenías hambre, y sólo te compró unos chicles y pastillas.

Del libro que estas leyendo, Hola Piedrita, te quedan algunas páginas pendientes y sólo leíste una hoja, la número siete.

Me dio la receta tu papá para que comprara la medicina de tus hermanitos y rápidamente te bajaste de la camioneta para acompañarme; te dijimos que te quedaras pero insististe en ir y tuve que llevarte.

Con gran entusiasmo me preguntaste qué te voy a comprar. Al preguntarte qué deseas me comentaste que ya se te olvidó, pero que cuando te acuerdes me vas a decir. Todo lo que veías querías que te comprara (dulces de leche, paletas, chicles, en fin) y te enseñé que sólo llevaba un billete de $500 y que no lo había cambiado, por lo que cuando lo hice, tú mismo compraste un helado, después unos chocolatitos y finalmente me pediste un raspado y te advertí que es lo último que te compro.

En la farmacia compré un enjuague y una crema; al preguntar por esta última, te vi tan apurado con una brazada de frascos que deseabas que también comprara; te recordé que tu papá nos dijo que sólo compráramos lo necesario, y dejaste algunos, pero traías otros dos, hasta les tiraste las tapas. A la dependienta le causó tanta gracia lo que hiciste que le dio risa, te los pedí y los dejé en su lugar, y al estar pagando llegaste con un Vel Rosita, también te dije que ya tenía y contestaste que para cuando se terminara ya tenía éste, y ya sabrás lo que hice… Sí, hijito, llevármelo también; dicen que el que persevera alcanza, y tanto insististe en que comprara algo de tu gusto que tuve que hacerlo.

Íbamos de regreso a la camioneta, y cuando pasamos por donde estaban unos dulces que con anterioridad me pediste que te comprara, sólo volteaste a mirarme pero no dijiste nada. Qué bueno que comiences por comprender que en ocasiones sólo se compra por capricho y no por necesidad.

Olvidé comentarte que fui a una tienda a comprar un florero para colocar unas flores que me dio tu papá el 14 de febrero, y como el departamento de cristalería está cerca de juguetería, fue fácil para ti descubrir cuántos juguetes existen allí y pedir que te comprara, y no fue necesario negarte comprar algo, porque escuchaste a la cajera decirme que por favor le pagara rápido porque ya van a cerrar, y rápidamente te viniste.

A qué nivel tan elevado llega el grado de observación que tienes. Cuando llegamos a la camioneta, comentaste con tu papá que en Woolworth una muchacha quería entrar a comprar y que el señor se enojó y que le dijo, —que no ve que ya vamos a cerrar, y que ella le contestó que sólo iba a pagar.

Sigues con hambre y le dijiste a tu papá que te compre tortas; tal vez desde que naciste es la primera vez que pides de comer. Como la fruta te hace mejor provecho en lo que llegamos a la casa para comer, eso fue lo que te compramos y te la comiste muy bien.

Te acordaste que le prometí a Luz un regalito si hacía el quehacer, y tú mismo compraste una caja de colores, que ya cuando se la íbamos a dar dijiste que la quieres para ti, por lo que ya no se la dimos.

Vinieron los niños de tu tía Martha y te fuiste a jugar con ellos y te mojaron, pero estabas feliz. El día de ayer hiciste paletas y hoy les ofreciste a tus primos; estás muy triste porque dices que no les gustaron. Te llevaste la máquina del trenecito que te trajeron los Santos Reyes, y la descompusieron.

Quieres que hagamos paletas pero de otro sabor para que ahora sí queden sabrosas.

Cuando te estabas quedando dormido, no tenías deseos de rezar, por lo que te dije que tendrías sueños feos; enseguida contestaste, pero me arrepentí de haberte dicho eso, sólo debí aclararte que el ángel que te cuida no vendría si no rezas. Esto me servirá de experiencia para tener más cuidado en lo que te digo.

Aprendiste muy bien la forma de despedirte cada noche, porque al decirte —hasta mañana, primero Dios, tú me contestas de la misma forma.

29 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 29, 1979

Tres años de edad.

Ha llegado el momento tanto tiempo anhelado, y a la vez con tanto temor descubrirlo; porque, si al alcance de mi mano te podía levantar, acariciar, reprender o hasta lastimarte por error, ahora tu necesidad imperiosa por aprender, por alegrarnos con tus triunfos en cada etapa de aprendizaje y que llegues a ser algún día, si el Señor lo permite, un hombrecito preparado y a tal grado cultivado que a nosotros tendrás que enseñarnos tu mundo de sabiduría y sacrificio.

¡Hay, hijito! Que nunca tuviéramos que desprendernos de ese aún frágil cuerpecito a quien otros seres cuidarán e instruirán.

Sufrí tanto al ver las primeras luces de este importantísimo día, que es el primero en el que queda sobre mi corazón angustia y tristeza por irte tan lejos. Ahora, sólo por unas horas, que, sin darnos cuenta, irán en aumento con el transcurso del tiempo, y tal vez muy pronto ya no estés con nosotros.

Rogamos a Dios, amorcito nuestro, que no sea tan vasto el lodo, la maldad y el fango por el que caminarás, que pueda perderse tu inocencia. Que sea, sí, un mundo de tristezas, sinsabores y esfuerzos que tal vez muchas veces ni te tomarán en cuenta, pero esto para que aprendas a valorar lo que Nuestro Señor te dé.

28 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 28, 1979

Tres años de edad.

Te portaste muy bien en la santa misa de hoy, y de vez en cuando el padre te miraba, tal vez aprobando, como nosotros, tu actitud.

Me sentí un poco preocupada, pero no mucho, al ver que no quisiste jugar a leer. Destendieron las camas y qué mal aspecto dan así todas las cobijas y almohadas en el suelo. Como no hay quien me ayude, sí me preocupa un poco esa travesura. Pero al pensar que, si Dios lo permite, cuando estén grandes, ya no habrá quien realice estas hermosas travesuras.

Fui al jardín a cambiar estambre, y como ya estabas cansado me dijiste que me esperabas, y un señor me dijo que él te cuidaría, pero como está cerca, desde allí te observaba, y de momento te levantaste de donde estabas sentado y mirabas hacia todos lados; entonces, me apresuré a comprar, al comprender que ya no me mirabas, y corriste, por lo que también lo hice, pero no pude darte alcance; les pregunté a unos niños por ti y me dijeron que pasaste corriendo, pero gracias a Dios te encontré, y qué asustado estabas; ten la seguridad que no volveré a dejarte solo.

Me pediste que te comprara plantas y que tú las regarías; me ayudaste a comprar algunas cosas.

Estábamos en la recámara y nos llevaste fruta para que comiéramos.

Les echaste tanto lodo a tu hermano y a la niña del señor Félix que tu nonno te regaño y no querías saludarlo.

Me pides que te dé la niña para cargarla y le haces muchos cariños.

27 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 27, 1979

Tres años de edad.

Con qué insistencia me pides que me pinte, hasta te molesta porque no lo hago con rapidez, ya que tú me proporcionas las pinturas con las que quieres que lo haga.

Fuimos con tu nonno a la casa de un tío de tu papá que se llama Arcángel Constantini y te portaste muy bien, jugaste mucho en la camioneta, solo que un poco brusco con tu hermano.

Me diste un besito y me causó mucha alegría que lo hicieras.

Ahora sí leíste muy bien; gracias, hijo, por devolverme el entusiasmo perdido.

Rompiste un plato, y aunque me di cuenta que por traviecito lo hiciste, para que no te sintieras tan mal, al verte tan asustado te dije, —¿verdad que no lo hiciste a propósito? Y te tranquilizaste mucho. Acabándote de bañar te saliste y te enlodaste la ropita y todo.

26 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 26, 1979

Tres años de edad.

Te levantaste muy tarde y te fuiste con tu papá en la camioneta a trabajar.

Me pediste que rezáramos el Santo Rosario. No creí que en verdad quisieras rezar y por eso no lo hicimos. Cuánto lo siento.

[Hay un dibujo abstracto muy grande en el cuaderno, hecho por un niño] Chiquillo adorado, tal parece que quieres reafirmar todas las hermosuras que ya haces; dices que éste es un barco.

Deseas que te cuente el cuento de caperucita roja y no lo sé completo pero me voy a informar para podértelo contar bien.

No te llama la atención leer y me siento culpable puesto que tal vez yo no le he puesto el empeño necesario para que no te aburras.

Me diste besitos sin que te lo pidiera y qué feliz me haces.

Le pegaste a la niña del Señor Félix. Después les echaste lodo a Linda y a Alejandro y te caíste.

Cargaste la niña y sí puedes con ella. Te desvestiste y después buscaste ropa en la cómoda y te pusiste dos playeras, un suéter, un pantalón que ya no te viene y te ves tan curioso que causa risa mirarte.

25 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 25, 1979

Tres años de edad.

Buscas todas las oportunidades para estar con tu papá, por eso, al ver que ya se iba en la camioneta, le pediste que te llevara y fuiste con él.

Leíste muy bien las palabras que hoy te mostré. También leíste las cinco vocales. Más tarde, te dije que jugáramos a leer y no quisiste, por lo que te pregunté el por qué y dijiste —vamos a leer.

Después de bañar a la niña, me ayudatse a vestirla; te iba a pedir que no lo hicieras pero te vi tan entusiasmado que sentí tristeza negártelo.

Estuviste llorando porque te pegó Luz. Viste un momento la televisión, después la apagaste y me pediste que mejor rezáramos el Santo Rosario, y al estarlo rezando te quedaste dormido. Como si pareciera que el ángel del Señor cerrara tus ojos y pedirte que después sólo para el Señor siguieras rezando, pues tenía tu hermoso rostro ese semblante de santidad que distingue a todos los niños como tú.

24 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 24, 1979

Tres años de edad.

Nos dijiste que por qué te engañamos que te vamos a llevar a la escuela y no te llevamos.

Iluminaste con mucho entusiasmo pero quieres que esté contigo.

Fue tu papá a Abasolo y fuiste con él, y al regresar venías dormido, me sentí un poco triste que te hubieras dormido.

En la casa de la señorita Alicia, comiste mole, y pediste dos veces; después parecías muy cansado.

De regreso, fuiste con Luz a lavarte la carita porque tenías mole.

Me pediste otra vez que te platique de Mérida. No te imaginas cuánta alegría me da que me digas que recemos, como me pediste este día.

Encendiste la televisión sólo unos minutos y después la apagaste para ayudarme a bañar a la niña; cuánto te complace hacerlo.

23 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 23, 1979

Tres años de edad.

Desde que despertaste te querías ir a jugar, por lo que te dije que hasta que desayunaras. Le pegaste a tu hermano porque te quería quitar un carrito con el que estabas jugando. Me pediste otra vez que te platicara de Mérida; y de tanto que te he dicho, ya tienes grabado en tu mentecita todo y me dices —se le olvidó decirme de las tortugas que agarraba papá. O cualquier otro detalle.

Me trajiste flores, y al ver que traías también del tulipán, te dije que si ya sabías que no me gusta que cortes de esas flores por qué lo sigues haciendo, y dices que porque las flores de tulipán te gustan con toda el alma.

Te agrada quitar los hilos de la máquina Singer y volverlos a acomodar; y más aún, los de bordar; y al llamarte la atención por ello, me dices que quieres que borde.

Le diste besitos a la niña, después te fuiste corriendo porque ibas a jugar y jugaste con lodo; es increíble la forma en que juegas porque pasas el lodo por el alambre y te lo reciben las niñas del Señor Félix [del otro lado] y así pasas mucho tiempo.

Al ver que se fue la señorita Alicia, me pediste que fuéramos a caminar, y caminamos sólo un poco porque dejamos sola a la niña.

Ya me habías pedido que jugáramos a campanita de oro, y después lo hicimos; qué feliz te hace jugar a lo que más te gusta; después nos salimos a jugar en el jardín.

Veniste después a iluminar pero casi enseguida te saliste; y al estar jugando con tierra, le echaste a Alejandro en su carita y estuvo llorando.

Ha habido tanta inquietud en ti que te dije que ya no saldrías a jugar, y al pedirme permiso para ir otra vez a jugar y ver mi indecisión, me decías —déjeme que sí, mamá. Sí, y ya te imaginarás mi respuesta. Te di permiso, con infinita ternura; y a tu hermosa edad es sólo para eso, para jugar.

22 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 23, 1979

Tres años de edad.

Desde muy temprano me dijiste que querías ir a la iglesia.

Después de desayunar le di una vuelta a la niña para ver si estaba bien y le habías quitado el pañalito para cambiarla y tal vez la lastimaste porque después lloraba al moverla, y principalmente al cambiarle el pañal; te expliqué que no deberías de cambiarla tú porque le puede dar aire o porque la puedes lastimar, y te quedaste muy pensativo. Después, muy triste, me dijiste que entonces te deje ayudarme a cambiarla.

Me pediste agua de limón, y al dártela no la querías porque la agité para que se disolviera el azúcar; dijiste que no quieres que la agite y le volviste a poner azúcar.

Qué lindo cantaste «Las cinco vocales». Nuevamente entraste con mucho lodo en tus piernitas, piecitos, en fin, en todo, y como estaba el agua en donde había bañado a tu hermanita, allí te lavaste, y cuánto lodo tenía.

Se subieron a la puerta grande y se impulsaban para pasearse y tu papá les llamó la atención diciéndoles que no se subieran.

Hoy, hace un año, fue la clausura de un cursillo de Cristiandad al que gracias a Dios asistí, y por ello se celebró una misa este bendito día, a la que me acompañaste y te portaste muy bien; siempre que vamos a comulgar te vas detrás de nosotros y ahora me esperaste en el lugar en el que estábamos.

Te diste cuenta que el arroz que te serví tenía un huevo estrellado y me dijiste que te sirviera en otro plato porque no querías huevo, y lo que hice fue cubrir bien el huevo con el arroz, y cuando te lo estabas comiendo me dijiste, —sí me gustó el huevo con el arroz, pensé que no me iba a gustar.

Me comentaste que cuando fuiste con la señorita Alicia a la escuela de Luz, una niña metió su pie en el lodo.

21 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 22, 1979

Tres años de edad.

Tiene un poco de temperatura la niña y por eso no fui a la santa misa. Escuchaste el comentario que ustedes se quedarían conmigo y sólo iría tu papá, y me dijiste, —mamá, arrégleme para ir con papá y me voy a portar bien. Después me dijo tu papá que sí te portaste muy bien.

Es raro en ti pero comiste bien. Tratamos de arreglar un carrito que tiene unicel y otros carritos más pequeños sobre éste, y veo con alegría cuántas ideas tienes para arreglarlo, bastante lógicas.

Hiciste lodo; nomás vieras cómo estás de tanto que te ensuciaste tu ropa y tu cuerpecito. Lloraste mucho porque no te dejé entrar así; después lo hiciste, directamente al baño, y te bañaste muy contento.

Pusiste agua para hacer gelatina y estuviste desde que le prendiste a la lumbre hasta que hirvió y le pusiste la gelatina.

Estoy preocupada porque te pasas a la cuna con la niña y le haces cariños a veces muy bruscos y la haces llorar, y cuando más te pedimos que la dejes tranquila, menos lo haces.

20 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 21, 1979

Tres años de edad.

Me fui a lavar muy temprano y fuiste a donde yo estaba y ahí te quedaste quietecito.

Iba a hacer salsa de tomate para el almuerzo y me ayudaste a pelar los tomates, el ajo, y a moler.

Estuviste sin zapatos afuera y por eso te lavaste los piecitos.

Dibujaste una máquina en tu cuaderno y como si tu hermanita te comprendiera, le enseñaste tu dibujo.

Momentos después de haber bañado a la niña te encontré desvistiéndola porque la querías bañar otra vez.

Ya no quieres leer por ir a jugar con las niñas del señor Félix. Casi es seguro que yo tengo la culpa de que no quieras estar dentro de la casa.

19 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 20, 1979

Tres años de edad.

Tan inquieto despertaste, que has hecho cosas indebidas y tuve que pegarte y te fuiste a esconder con tu papá para que ya no te dijera nada.

Después llegaste a la cocina, sacaste los trastes y te sentabas en los sartenes, e impulsándote con los piecitos, dabas vueltas. En la cama estuviste brincando muy bruscamente.

Iba a ir a lavar y al darte cuenta, comenzaste a llorar, pero me escondí en la última recámara para que no me vieras ir, y al encontrarme, qué contento estabas.

Jugaste con lodo, hubieras visto tus rodillas cuánto lodo tenían, y también llevaste a la banqueta, y para que ya no te regañara fuiste a lavarte las manos y dejaste con mucha tierra el agua. Más tarde, nuevamente jugaste con lodo y llevaste a la banqueta.

A pesar de que te dije que cerraría la puerta y no te dejaría entrar, no hiciste caso y llegaste ya cuando estaba casi oscuro de la casa del señor Félix.

Me pediste una galleta, y como no te la quería dar me dijiste que la dejarías en la orilla de tu plato cuando cenaras y después te la comerías.

Te agrada mucho que te platique todo lo que vimos cuando fuimos a Mérida y quieres que primero te diga del avión, después de los peces, del barco, en fin; aunque ya te he contado varias veces, deseas que lo haga una y otra vez.

Sólo unos minutos tenías viendo la televisión y cuando viste el comercial de Hoover la apagaste porque sale una persona con cuernos y eso no te gusta.

18 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 18, 1979

Tres años de edad.

Quieres, con un detalle hermoso, comenzar este bello día y me has traído de diversas flores, y por más que te diga que no cortes las del tulipán, es en vano, contestas que las cortas porque te gustan mucho porque son muy bonitas; pero mucho más lo es que tengas la bendita idea de agradar. Gracias, hijo; muchas gracias.

Tenías una espina en tu piecito y te la iba a sacar con unas pinzas y me pediste que mejor te la sacara con la mano, y aunque gritaste, dejaste que te la quitara. Ya tenías mucho tiempo con un granito en tu carita y me decidí a observarlo y tenías un vidrio muy pequeñito, por lo que te lo quité, ni siquiera protestaste por ello.

No sabíamos a qué jugar y finalmente me dijiste que al lobito (jugaremos en la huerta mientras el lobo no está, porque si el lobo estuviera enteros nos comerá, está el lobo?).

Venías muy triste del pozo y me dijiste que le querías ayudar a la señorita Alicia y ella no quiso que le ayudaras.

Con grande preocupación reflejada en tu carita, me pedías te llevara tus zapatos porque querías ir con tu papá a Abasolo, y para que tuvieras más cuidado, te dije —ya ves? Por quitártelos. Y qué triste te quedaste porque no te llevó.

Ya comprendes que no me gusta que juegues donde hay basura, por eso, cuando me pediste permiso para jugar, dijiste que no ibas a ir a donde hay basura.

Me sentí muy cansada esta tarde y me acosté, y apenas me estaba quedando dormida cuando me tocaste por la ventana y me dijiste —Juana la rana se fue pa Tijuana, dejó a su marido tendido en la cama. No sé quién te enseñaría eso pero me causó gracia y ya no me pude dormir cuando quise hacerlo otra vez.

Estaba muy molesta contigo porque me querías faltar al respeto y dijiste —mamá, acuérdese que las muchachas de su reunión le dijeron ayer que no me pegara. Esto fue porque alguna inquietud que tenemos, nos ayudamos unas a otras a solucionar algún problema, y yo, preocupada, les comenté que las niñas que vienen enseguida le faltan al respeto a su mamá y tú comenzabas a hacerlo también y que debido a eso, algunas veces te he pegado, y ellas me aconsejaron lo contrario; pero nos olvidamos de tu presencia y comentamos libremente el problema.

17 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 17, 1979

Tres años de edad.

Lo primero que hiciste al levantarte fue pintarle los ojos a tu hermanita, y al preguntarte, enojada, por qué lo habías hecho, dijiste que querías que se viera más hermosa. Después me dijiste que querías que Diosito te mandara una niñita como esta y que sí te la mandó así de bonita.

Te llamamos a desayunar y traías un taquito que te dio la señora; al entrar a la casa, nos dijiste que también Linda te había dado una mordida del suyo.

Te había buscado mucho y no te encontré, hasta que escuché gritos en las pacas [en la bodega] y me subí y alcancé a oír el comentario que hacías, —Linda y Juana, mejor sálganse porque no cabemos todos. Quedaba el hueco de una paca y ahí estaban todos, qué contento estabas.

Hice hot cakes porque vinieron unas personas con quienes hacemos una reunión acerca del deseo que tenemos de aprender más La Sagrada Escritura; cuánto entusiasmo tenías porque aprendiste a hacerlos.

Observaste que estábamos preparando los últimos detalles para cuando llegaran (arreglarlos a ustedes y otras cosas), por lo que al llegar, fuiste a donde yo estaba y me dijiste —ándele, mamá, que ya vienen las personas. Y fuiste a pasarlas. Un poco antes, fui por ti donde estabas jugando con lodo, y para que no te viera, te escondiste detrás de la casa del señor Félix, y como había mucha basura te pedí que te salieras de allí.

Al llegar al comedor, tal parecía que también tomabas parte en nuestra reunión (lo importante fue que te sentaste en la sala). Estabas tan quietecito y atento que no te llamé la atención, sólo que después te saliste, y al terminar nuestra charla, grande fue mi sorpresa que te encontré dormido en nuestra cama. Sentí tristeza por no haber rezado contigo. Te vi tan hermoso, pero tan hermoso, que sólo te di un beso.

16 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 16, 1979

Tres años de edad.

Qué bien leíste esta mañana, tan bien que hasta Alejandro está aprendiendo algunas palabras de las que te enseño.

Me ayudaste a preparar de desayunar con tanto entusiasmo, que después que llegó tu papá lo llamaste para que viniera a desayunar.

Te mostraste muy obediente cuando te pedí que te quedaras con tu hermano mientras yo iba a lavar.

Estábamos jugando a leer cuando me pediste que te contara un cuento de unos animalitos que andaban por el bosque. Me dijiste que te lo contó tu tía Rosita, te contesté que hasta que le escribiera a tu tía y ella nos contara. Inmediatamente me llevaste una pluma para que hiciera la carta porque ya querías saber todo el cuento.

Qué hermoso eres cuando te portas tan bien con tu hermanita; como hoy, que la oíste llorar, tantas cositas tan hermosas le dices, y ella qué feliz está.

Al pedirle a tu papá que nos llevara al santuario, fuiste el primero en arreglarte, y con gran entusiasmo dijiste, sí papá, vamos, y le rezaste a la Santísima Virgen, le diste gracias porque tu papá se alivió.

Viste al señor que vende paletas y querías que te compráramos.

Compraste un sacapuntas, plastilina, colores (lápices) y una alcancía (un cochinito). Después, qué problema tan grande cuando Alejandrito vio tus cosas, se enojaron tanto que hasta se pegaron, y solucionamos las cosas comprándole a tu hermano colores y chicles.

Te gusta mucho medirte los pantalones de Alejandro, como ocurrió hoy, y después te pusiste tres playeras, una sobre otra, hasta al revés; qué gracioso te veías con esa ropa que con tanto trabajo te pusiste.

Fuiste mucho rato con tu papá en el tractor, y cuando regresaron te veías muy acalorado y me dijiste que tu papá no quiso que le ayudaras a trabajar.

15 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 16, 1979

Tres años de edad.

Qué acostumbrado estás ya a la presencia de tu papá que pareces su sombra. Salió a caminar y saliste con él casi una hora; te vi tan hermoso con tu suéter amarrado en la cintura.

Después me pediste que fuéramos a cortar flores para la niña, y sólo florecitas blancas trajiste (formaste un racimo pequeño, pero muy hermoso); las colocamos en un jarrito. Dios permita, hijito nuestro, que, como estas sencillas pero hermosas flores blancas sean tus actos, para que tus hermanitos los corten y vayan adornándose esos tiernos corazoncitos de virtudes sólo santas.

Escuchaste comentarios de que iban a trillar una parte del millo que ya está listo para ello, y cómo le rogaste a tu papá que fueran. Estaba tan fuerte el sol que, por lo débil que está tu papá, te queríamos hacer comprender que no era posible que fueran, y finalmente te llevamos. Qué alegría te causó ver cómo trillaban y cómo vaciaban. No te querías regresar; nos hiciste esperar a que vaciaran el millo que habían trillado. Después, al ver que veníamos, decías que allí lleváramos la medicina de tu papá, que no nos fuéramos. Y con la promesa de llevarte más tarde, accediste a que nos fuéramos.

Tú y tu hermano sacaron el árbol de navidad y le rompieron las hojitas; para poder guardarlo, tuvo tu papá que explicarles para qué era.

Entraste a tu recámara a buscar un juguete para Linda. Le llevaste un envase de desodorante que para cuando se bañara (vacío).

No te dejé darle besitos en la carita a tu hermanita y dijiste que mejor se los dabas en sus manecitas.

14 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 14, 1979

Tres años de edad.

¿Por qué el Señor refleja en ti tantas gracias como la de esta mañana en que me iba a la santa misa con Alejandrito? Nos conmovió tanto esa carita triste; y no sólo eso sino el comentario que hiciste al decirnos que ya te ibas a portar bien y querías pedirle a Diosito que papá se aliviara. Corriste tanto! Como nos fuimos caminando y se me hizo tarde, tuvimos que correr, y en ningún momento te quejaste que te hubieras cansado.

Me pediste que te sacara una fotografía pero en ese momento no lo pude hacer.

Te pedí ayer que iluminaras y no quisiste, por lo que hoy, que lo haces, dijiste que ayer no tenías tiempo para hacerlo pero ahora sí, y estuviste iluminando.

Este día tampoco querías separarte de tu papá, sólo en momentos muy breves, y al pedirte que jugáramos a leer, te negaste porque estabas cuidando a tu papá.

Quieres cargar a a niña y no deseo que lo hagas por temor a que la tires, y prefiero que lo hagamos entre los dos, y le cantaste otra vez.

Como no quisiste cenar, le puse un huevo a tu choco milk, y me lo regresaste para que te lo prepare sin huevo; lo que hice fue cambiar las roscas de los biberones y te lo tomaste sin protestar.

Al preparar de cenar a tu papá, no me dejaste llevarle nada y lo hiciste tú. Lo que no le llevaste fue la gelatina porque se la comieron tú y tu hermano, y después le estuviste dando de comer en la boca y te enojabas porque Alejandrito comía de lo que le dimos a tu papá.

13 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 14, 1979

Tres años de edad.

Esta madrugada, antes de entrar a la recámara, tocaste dos veces la puerta.

Haces tantos cariños a la niña que cualquier persona que te viera sentiría esta gran ternura como la que en mí inspiras.

La señorita Alicia hizo ensalada, y no la quieres así, sólo que le pongan más chile.

Le preguntaste a tu papá cómo sigue, en realidad muestras interés por su salud, ya que varias veces te decimos que vayas a jugar y no lo quieres hacer por estar con él.

Como no te separas ni un momento de tu papá, tuve que inyectarlo enfrente de ti y otra vez te enojaste porque lo hice, pero parece que comprendiste después que es necesario.

Al ver ya todo listo para llevarle de comer a tu papá, quieres llevarle tú, pero sólo t dejé que me ayudaras. Después, al ver que le iba a dar medicina, también te adelantaste a dársela; tienes tanto empeño en ser útil, que no has tenido un solo momento de descanso.

Cuánto esfuerzo tuve que hacer para que accedieras salir un momento, los llevé a caminar, y lo que hiciste fue tirar piedras al camino y, en un descuido, te regresaste con tu papá.

Me dio mucho gusto que quisieras ir a Abasolo, para que te distraigas un poco, y de regreso repartiste gelatinas a todos, a tu papá le diste una, en la cuna, otra para tu hermanita, a Alex también le diste una, y a mí; lo más hermoso fue que les quitaste la tapita a todas y nadie se las comió.

Nos platicaste que compraste plastilina, pero la olvidaste en la camioneta de tío Daniel.

Te acostaste con tu papá, pero no te dejé, porque después tenía que cargarte y estás muy pesado, y con qué docilidad obedeciste y te despediste de tu papá y te fuiste a dormir.

12 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 13, 1979

Tres años de edad.

Algunas ocasiones que abres la puerta de la recámara (en la madrugada) me he sobresaltado tanto que mi susto dura un tiempo considerable, por eso te pedí que tocaras en lo sucesivo, y hoy me sorprendió gratamente escuchar ese débil toquido que con tanto, tanto amor recibió mi corazón.

Al ver que iba a inyectar a tu papá, te molestaste mucho y dijiste que no lo inyectara, por lo que te pedimos que te salieras, pensando que ya no me dirías nada, y al ver que estaba a punto de inyectarlo me ibas a quitar la jeringa pero rápidamente la retiré y te dije otra vez que te salieras y te pusiste a llorar, entonces te explicamos que el doctor se las dio para que se aliviara y dijiste que entonces le pusiera una únicamente (porque son cuatro diarias). Lo que hice después fue inyectarlo cuando ya no estabas con él.

Llegaste de afuera y me dijiste que estabas lavando unos trapitos con la señorita Alicia, y que lo habías hecho porque el señor ya no estaba soldando.

Fuimos a cortar flores al jardín y parecías tan satisfecho al verlas en la recámara que dijiste —mire qué contento y qué lindo se ve Diosito y toda la recámara con las flores.

Tu papá fue a Abasolo y te llevó, venías muy contento.

Desde que te enseñé cómo se hacen los bisteces empanizados quieres que hagamos, como ocurrió esta noche.

11 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 12, 1979

Tres años de edad.

Qué gracia nos causó tu comentario de esta mañana, y más por la serenidad con que hablaste. Te llamamos a desayunar y dijiste —me gusta el agua, las uvas, el jabón, la carretera e ir a Abasolo, pero la comida no me gusta. Lo raro fue que dijiste eso y al estar comiendo lo hiciste tan rápido y comiste mucho que volviste el estomaguito, después tomaste té de manzanilla.

Por la tarde, pensé que no comerías, pero sí comiste bistek a pesar de que dices que no te gusta. Fuiste a Abasolo con papá y regresaste muy contento.

Me pediste que te diera a la niña para que la cargaras y le cantaste «A la ro, ro, niña». Después, tal vez por temor a lastimarla, me la diste, pero antes le diste un besito.

Desde que nació tu hermanita te he pedido que levantes del suelo objetos, porque yo no podía hacerlo, y hoy me dijiste que por qué ya me agacho, te contesté que ya lo puedo hacer porque ya estoy bien, gracias a Dios.

Observé en ti tal entusiasmo por jugar a leer que hasta hoy renació en mí la completa convicción de que saldremos avantes de esta empresa.

10 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 11, 1979

Tres años de edad.

De vez en cuando sigues contestándome mal, fue por ello que no te llevamos a Abasolo, sabiendo cómo te agrada ir, pero me sentí muy triste de no haberlo hecho; al llegar, parecías muy contento.

Estuviste jugando en la arena.

Pensando que hicieras alguna travesura a la niña, fuimos a la recámara y nos dio mucha alegría al ver con qué delicadeza jugabas con ella y cómo ella te observaba con tanto interés que se advertía en sus ojitos.

Me ha pedido tu papá que cuide que no se salgan porque es peligroso que se acerquen a donde están soldando, y una ocasión te vi precisamente donde lo estaban haciendo, y me asusté al verte allí y que en ese momento estaban soldando, por lo que te grité, haciendo que te asustaras, y al llegar me causó ternura y tristeza que me dijeras que tú querías ayudarle a la señorita Alicia a lavar los trastes; perdóname, chiquito lindo, por haberte asustado.

Estaba cosiendo con hilo de color y te empeñabas en que le pusiera hilo blanco, y en forma enérgica te dije que para qué le ponía si no lo iba a ocupar, y muy triste me dijiste —mamá, no que sí me quería? Me desconcertó tu reacción, a la vez que desapareció mi enojo momentáneo para decirte que te quiero demasiado. Viste después que me estaba comiendo un taco y me dijiste que dónde estaba, y al contestarte que me lo había comido dijiste —si ya le iba a traer la sal. Te la había pedido momentos atrás para ponerle.

Vino mi mamá, y como le gusta mucho ir a caminar, para sorpresa de todos dijiste que tú también querías ir y rápidamente te arreglamos y te fuiste corriendo a alcanzarla (fue raro que quisieras ir, porque cuando no te acompaña tu papá o yo, prefieres no hacerlo). De regreso, me dijiste —mamá, no fuimos hasta El Pitayo porque había muchos moscos, mire mi frentecita. Y te alzaste el pelo para que viera dónde te picaron los moscos.

Fuiste conmigo al baño y te lavaste tu boquita.

Me sentí triste porque no rezamos, ya que al entrar a la recámara, ya estabas dormido.

9 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 10, 1979

Tres años de edad.

Cuando termino de bañar la niña, se llevan el agua para el baño; y hoy que terminé de vestir a tu hermanita, fui al baño, y ya te habías bañado tú solo, y aunque no lo hiciste muy bien, al menos la tierra te quitaste.

Qué bien leíste hoy, y cuántos cuentos de tan hermosa fantasía me has dicho. Tienes demasiada inteligencia que permite proyectar con tanta claridad esos cuentos.

La señora del señor Félix te pidió unos botes que vio en el jardín, para poner unas plantas, y me di cuenta cuando te vi con el bote del aceite de oliva y una planta, y te pregunté qué ibas a hacer con eso, y me dijiste que la señora te los había pedido y fui a preguntarle y me dijo qué quería.

Casi es seguro que fue idea tuya que se bañaran tú y tu hermano, porque ya cuando vimos, se habían metido en la tina, y en lugar de observarse jabón, había lodo, por haber jugado como siempre lo hacen, en la arena.

Me dio gusto que viniera el señor que vende refrescos cada ocho días, porque ayer no encontré ninguno para darte; tú mismo compraste algunos, y cuando llegó tu papá le dijiste que le habías comprado refrescos.

8 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 8, 1979

Tres años de edad.

Había flores en el comedor y las llevaste sobre la televisión, enfrente del cuadro del Divino Maestro, y me llamaste y dijiste, —mire qué contento está Diosito porque le traje flores. Y en un momento, también yo estaba feliz, ya que después, una contestación tuya fue la que me hizo sentir infinitamente triste.

He tratado de encontrar la verdad a la tu falta de respeto para conmigo, y sólo descubro en mí falta de cariño hacia ti, y con toda el alma, le ruego a Dios, me lleve al camino de ese corazón inocente, para llevarle todo el amor que no había llegado por haber estado tan enferma.

Me pediste que fuéramos a caminar y al hacerlo me sentí feliz porque encuentro de momento la solución al problema de tu agresividad en dedicarte más tiempo y tratar de que seamos verdaderos amigos.

En la pileta de las vacas había un refresco, y Luz, la niña del señor Félix, te dijo que te lo llevaras, y no dudaste en tomarlo; sólo que al verte, te expliqué que eso no se hace, ya que alguna persona lo dejó ahí para tomárselo después, y que al buscarlo y no encontrarlo, se pondría muy triste; además, si había refrescos adentro de la alacena, te daría uno, y obedeciste enseguida de llevar el refresco a su lugar, pero en la casa no hubo refrescos, por lo que buscaste unos envases para que tu papá te comprara, pero no fue posible que lo hiciera.

7 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 7, 1979

Tres años de edad.

Qué docilidad para dejarte arreglar, porque ibas a desayunar, después a arreglarte y enseguida regresaste a seguir desayunando. Por eso me siento muy triste al ver que en la santa misa, donde tu comportamiento debe ser excelente, ocurrió lo contrario. Con discreción, tu papá y yo te llamábamos la atención, pero fue inútil; tanto llamaste la atención, que en el momento de dar la paz, el padre Benjamín Espinoza te dijo que te portaras bien.

Iba a ir tu papá a Abasolo, pero para que adquieras un poco de conciencia y un mejor comportamiento, no fue para no llevarte (como sanción a lo que acabas de hacer) y te recordó que hace una semana te pegó porque ocurrió lo mismo que hoy, y como actuaste de igual manera también decidió en castigarte con no llevarte un tiempo a la santa misa porque distraes a los demás.

No comprendo por qué tiene que ocurrir así; por qué, ya que regresamos, otra vez te portas bien. Al llegar, comenzaste a iluminar; después, viste en la televisión lo relacionado con la visita del Santo Papa a Washington, y cuánto interés tenías en verlo que ibas a donde yo estaba y hacías comentarios de lo que él hacía; otras ocasiones, me llamabas para ver paisajes muy bonitos y lugares que visitaba el Santo Papa. Me preguntaste qué lugar es y te dije que Estados Unidos, y me expresaste tu deseo de ir. También me dices que si así de bonito era el lugar donde nos casamos tu papá y yo y te contesté que sí, que algún día, primero Dios, te llevaremos.

Te pedí que en un momento más me despertaras, que sólo me dormiría diez minutos, y enseguida me hablaste. Me decías —usted me dijo que nomás se iba a dormir un ratito y ya es ese ratito.

Fuiste a pedirle tortillas a la señora del señor Félix y te comenté que te había dado muchas y dijiste que no, que le habían quedado más.

Me viste tejiendo y dijiste —qué bonita colchita está haciendo, ¿es para la cuna de la niña? Te dije que sí.

Ojalá nunca vuelvas a hacer la travesurita de ponerle tu boquita a la niña, dices que le estabas dando de comer.

Fueron con tu papá a darle de comer a los animales.

6 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 6, 1979

Tres años de edad.

Estuvimos con tu papá en el jardín y cortaron guayabas, y las plantas te llamaban mucho la atención.

Alejandrito, de tanto insistir para que tu papá lo llevara a Abasolo, logró que lo subiera a la camioneta, y como era de esperarse, hiciste lo mismo, y tuvo que llevarte también.

Fuimos a comer a la casa de mi compadre Juan y comiste arroz solamente, después me pediste dinero para comprar una paleta (al probar la que tú papá le compró a tu hermano, ya no querías la tuya, pero sí te la comiste).

Cuando fuimos a Abasolo por el mandado, me acompañaste a comprar, y cuánto me ayudaste. Sabes ya que es lo que compro y hasta me recordabas qué se me olvidaba traer.

Después, en la caseta telefónica, me dijiste que ya tenías sueño, por lo que no querías acompañar a la señorita Alicia a comprar unas cosas, pero aceptaste ir al decirle que te comprara un cuaderno.

Estuviste viendo las fotografías recientes que les tomamos a ustedes y a sus primos; y como te quedaste dormido, hasta las manchaste de gelatina.

5 de octubre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 5, 1979

Tres años de edad.

He estado tan nerviosa que es por ello que no he tenido oportunidad, en mi poco entendimiento, de decidirme a escribir siquiera una palabra; y este día, aunque sea tan mal como siempre, te digo un poco de lo que este día hiciste.

Te levantaste muy tarde y no me quisiste saludar, pero consideré que lo hiciste al ver tu carita risueña y ver tu boquita qué bonita la hiciste.

Tal vez se deba a tanto que dormiste que no quisiste desayunar.

Estuviste mucho tiempo con tu papá en el tractor y caminando, y al regresar dijiste que estabas trabajando con tu papá.

Comimos mole en la casa de la señorita Alicia ayer y hoy quieres de comer otra vez mole, y como no hay, sabiendo que la señora del señor Félix tiene, fueron a conseguir, pero ya no quisiste comer.

Fuimos a leer a la bodega y Alejandro no podía bajarse de las pacas y lo ayudaste a hacerlo. No quisiste venir conmigo en ese momento a la casa porque querías jugar. Después te pedí que fueras a ver a tu papá para saber si iríamos a la santa misa y no fuiste.

Me contaste un cuento que inventaste en tu fantasía «de una tacita y el vasito [?] que*

Cuando estaba jugando contigo, te lastimé un piecito y me platicaste que Alejandro te machucó, que tenías tu pie cerca de la puerta y él la cerró y te machucó.

Me preguntaste que si iba a doblar ropa que tenía de la niña y te dije que sí; entonces me dijiste que tú la ibas a doblar (y qué bien lo hiciste). Con qué gracia la doblas.

Me platicaste de unas tías que tienes y me dijiste que por qué no lo llevaban a verlas. Estabas tan contento que tú mismo me pediste que rezáramos. No quería que te durmieras porque he estado muy nerviosa, pero gracias a Dios ya me siento mejor, casi bien.

*Inconcluso en el original.

Septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 1, 1979

Tres años de edad.

Juan Jacobo, al entrar por primera vez en la escuela, se cierra para ti la puerta del paraíso infantil, y no hay en el mundo llave alguna que pueda volver a abrirla.

Ha empezado tu peregrinaje por el mundo, y por eso, al entrar a tu casa, te sentirás un tanto extraño en ella, como si fueses un huésped.

El primer contacto con la escuela significa un corte tajante, radical, en tu vida.

No sólo para ti son de gran importancia estos días, también para tus padres lo son, y comprenden con toda claridad el hondo sentido psicológico de la frase de Chesterton “los padres pierden al niño una vez que se ha desarrollado”, y que la vida pública acaba de acoger al niño en su seno, y le exige sus derechos. Y esto duele a los padre como si les arrancaran lo más grande de su vida.

La escuela es la segunda cuna de la infancia, es semejante a cada flor que brota en primavera. Una buena escuela es, después de unos buenos padres, una bendición que puede recibir el niño.

En la escritura hay vocales y consonantes. La vocal suena por sí misma, y es, por tanto, símbolo del alma, que se mueve por propio impulso. La consonante, en cambio, se apoya en las vocales y simboliza el cuerpo, que necesita la ayuda del alma. Por lo que aquí te queremos hacer comprender que lo más importante es, pues, la educación del alma y del espíritu.

La escuela toma al niño de manos de Dios para formarle, y al cabo del tiempo lo entrega ya no a sus padres, sino al mundo, convertido (si el niño aprovechó las buenas enseñanzas) en un joven (culto).

En nuestro interior, hijo, surge esta pregunta, ¿habrán sabido formar a estas almas jóvenes con mano inteligente? El mundo se abre ante ellas con su amplio repertorio de posibilidades y quehaceres. En el camino surgen los profesores, unos para dirigir su ruta hacia la cumbre, otros hacia el abismo. Que a ti te encaminen hacia la cumbre de Dios y de la ciencia.

Sí, tu te marchas volando, pequeño pajarito nuestro, y te arrojas en el seno de la vida, en el que bullen tormentas que agitan el aire. Ellas te arrastran hacia sí. Tú nos miras al marchar, estas miradas son tu último saludo. Aunque te alejes de nosotros, nuestra amorosa y angustiada bendición, que antes ya pedimos al Señor por ti, irá pisando tus huellas sin que tú lo notes. ¿No sentirás cansancio y desfallecimiento cuando te encuentres lejos de tus padres? ¡Pero marcha ya, hijo querido! Que la bendición y el beso de tus padres sea para ti viático y alimento cotidiano.

30 de septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 1, 1979

Tres años de edad.

Qué contraste en tu comportamiento al de muchos domingos anteriores; cuánta inquietud demuestras. Estuviste jugando tan ruidosamente en la celebración de la Santa Misa de hoy —hasta llamaste a Linda en voz alta para que jugara contigo. Tu papá tuvo que llevarte afuera para pegarte, porque ya habíamos hablado contigo y no entendiste.

Después estabas muy triste, pero le pediste a tu nonna que te perdonara, al despedirte de ella, y mandaste felicitar a tu nonno por su próximo cumpleaños (día 6—oct.).

Te quedaste a acompañarme mientras tu papá fue a comprar el mandado en Abasolo y me estuviste ayudando al quehacer. Me pediste que te diera a la niña para cargarla, pero te expliqué por qué no debes cargarla solito; le hiciste tantos cariñitos que siento infinita ternura al ver cuánto la quieres.

Qué gusto te dio ver a tu papá cuando llegó de Abasolo; le pediste la caja del mandado de la tienda y lo vaciaste en el piso.

Se veía que estabas muy cansado y te dormiste casi cuatro horas este día.

Septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 30, 1979

Tres años de edad.

Juan Jacobo, al entrar por primera vez en la escuela, se cierra para ti la puerta del paraíso infantil, y no hay en el mundo llave alguna que pueda volver a abrirla.

Ha empezado tu peregrinaje por el mundo, y por eso, al entrar a tu casa, te sentirás un tanto extraño en ella, como si fueses un huésped.

El primer contacto con la escuela significa un corte tajante, radical, en tu vida.

No sólo para ti son de gran importancia estos días, también para tus padres lo son, y comprenden con toda claridad el hondo sentido psicológico de la frase de Chesterton “los padres pierden al niño una vez que se ha desarrollado”, y que la vida pública acaba de acoger al niño en su seno, y le exige sus derechos. Y esto duele a los padre como si les arrancaran lo más grande de su vida.

La escuela es la segunda cuna de la infancia, es semejante a cada flor que brota en primavera. Una buena escuela es, después de unos buenos padres, una bendición que puede recibir el niño.

En la escritura hay vocales y consonantes. La vocal suena por sí misma, y es, por tanto, símbolo del alma, que se mueve por propio impulso. La consonante, en cambio, se apoya en las vocales y simboliza el cuerpo, que necesita la ayuda del alma. Por lo que aquí te queremos hacer comprender que lo más importante es, pues, la educación del alma y del espíritu.

La escuela toma al niño de manos de Dios para formarle, y al cabo del tiempo lo entrega ya no a sus padres, sino al mundo, convertido (si el niño aprovechó las buenas enseñanzas) en un joven (culto).

En nuestro interior, hijo, surge esta pregunta, ¿habrán sabido formar a estas almas jóvenes con mano inteligente? El mundo se abre ante ellas con su amplio repertorio de posibilidades y quehaceres. En el camino surgen los profesores, unos para dirigir su ruta hacia la cumbre, otros hacia el abismo. Que a ti te encaminen hacia la cumbre de Dios y de la ciencia.

Sí, tu te marchas volando, pequeño pajarito nuestro, y te arrojas en el seno de la vida, en el que bullen tormentas que agitan el aire. Ellas te arrastran hacia sí. Tú nos miras al marchar, estas miradas son tu último saludo. Aunque te alejes de nosotros, nuestra amorosa y angustiada bendición, que antes ya pedimos al Señor por ti, irá pisando tus huellas sin que tú lo notes. ¿No sentirás cansancio y desfallecimiento cuando te encuentres lejos de tus padres? ¡Pero marcha ya, hijo querido! Que la bendición y el beso de tus padres sea para ti viático y alimento cotidiano.

28 de septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 29, 1979

Tres años de edad.

Con qué inocencia hiciste el comentario de que te compremos focos de colores para cuando vayas a la escuela iluminen todos tus cuadernos, primero Dios, y así no los pierdas nunca.

Llegó la sobrina de la señorita Alicia hasta donde estaba yo con la niña y le dijiste, —vente Josefina, porque vas a despertar a la niñita y después llora. Ya que salió, cerraste la puerta.

Me ayudaste a hacer de comer. Al moler galletas (porque no tengo pan molido) le pusiste agua para que se moliera mejor; después te expliqué por qué no se le pone agua, y al ver como hicimos los bisteces empanizados me dijiste que por qué no hacemos diariamente eso de comer y te dije que no venden muchos, sólo pocos. Al momento de comer me dio mucha alegría ver que pediste de lo que habíamos hecho y comiste muy bien, a pesar de que casi no comes carne.

También aceptaste lo que me ha costado tanto trabajo reanudar —y es que aceptes continuar tu enseñanza a leer— y nos causó grande alegría.

27 de septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 28, 1979

Tres años de edad.

Hoy también, hijito, permite el Señor que tan solo una acción, venida dictada por Él a ti, haga tanto bien a mi alma (que sigue tan abrumada)… Es una flor la que me diste, y también una hermosa sonrisa, que debería ser siempre (si lo permitiera el Señor) el principal alimento del alma.

La acción limpia y santa que, sin ser señalada por nadie, viene de un niño, y mayor aún, si ese inocente es nuestro hijo, es uno de los mensajes más completos de amor que sobre la tierra existen.

¡Oh Dios! !Deja que en esos benditos corazones hayas dejado por llevar a otros infinidad de esos innumerables tesoros de amor!

Que si eres travieso… No lo sé, hijito; en este instante me ha hecho olvidarlo tu bendito acto.

26 de septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 26, 1979

Tres años de edad.

Qué sorpresa nos diste que llegaste a la cocina con tu cuaderno y habías terminado de hacer una plana de la letra a.

Estuviste comiendo pan del que compraron para tu nonna y decías que de ese pan sí te gustaba. Le dijiste a tu nonna que quieres que todos los días se quede contigo.

Me preguntaste que si todavía me sentía mal y te dije que sí y parecías muy triste. Me miraste largo rato y me diste un beso que trajo tanto alivio a esta alma atormentada que siente que le hace falta tanto amor, amor que me demuestra esa inocente y espontánea caricia. Es como si después de un largo rato de descanso, por tanta pesadez en mi mente, por este cansancio que no me deja, dejara, más que en mi rostro, en mi corazón, el bendito regalo que Dios me dejó por medio de ti. Gracias, hijo, gracias por ser tan noble.

25 de septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 25, 1979

Tres años de edad.

Te querías ir con tu papá a León y lloraste porque no te llevó. Pediste chilaquiles cuando ibas a desayunar y no había, pero al ver tu insistencia te hice pocos y casi no comiste porque quedaron picosos.

Estuviste iluminando toda la mañana y aunque te veías muy cansado, seguías haciéndolo con mucho entusiasmo.

Me da mucha alegría ver cómo tratas con tanto cariño a tu hermanita, platicas con ella como si te comprendiera y lo que más gracia me causa es ver cómo ella parece entenderte al verla tan atenta.

Como ya tenías apetito, antes de que te pidiera que te lavaras las manos, ya lo habías hecho, hasta me las acercaste a la cara para que las oliera a jabón de muy bonito aroma.

Parecías querer distraerte por tanto que te cansaste por iluminar y te fuiste a jugar con la niña del Señor Félix. Al regresar, me ayudaste mucho al quehacer porque no vino la señorita Alicia.

Me siento muy triste y desesperada por mi impotencia de ayudarlos a olvidar esa agresividad, inquietud y desaliento que veo en sus caritas, no sé si se deba a que se les reprime toda acción o porque se sientan solos y faltos de cariño, pero le ruego al Señor me ayude a restablecerme pronto para poder, en parte, aliviar esa tensión que nos hace ser injustos al reprenderlos tan severamente y acrecentar más ese estado de ánimo.

24 de septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 25, 1979

Tres años de edad.

Fuimos al Centro de Salud y entramos tu papá y yo y te quedaste cuidando a tu hermanito en la camioneta. Cuando regresamos, dijiste que lo habías cuidado bien y que tú no querías que papá me dejara allí, que ya te ibas a portar bien conmigo.

Como no vino la señorita Alicia a ayudarme, lo hiciste tú, y qué bien lo hiciste.

Estabas tomando licuado y me preguntaste que si le dabas a la niña y te dije que no, y contestaste, —Hasta que esté más grandecita? Y te dije que sí. Después le estuviste cantando y ella estaba muy atenta.

Después de que la bañamos, le cantaste otra vez y fuiste a bañarte según tú en el agua donde habíamos bañado a tu hermanita.

Me ayudaste a lavar su ropita.

23 de septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 23, 1979

Tres años de edad.

Estabas jugando, pero como te hicieron enojar, les echaste tierra a tus primos y los hiciste llorar; también tú lloraste mucho porque te pegué al ver qué cantidad de tierra tenían las caritas y cabecitas de tus primos. Le pediste disculpas a tu tía por lo que les hiciste a los niños.

Qué feliz estabas al ver cuánto movimiento hay en la casa por el bautismo de tu hermanita. En el momento de bautizarla, estabas tan atento a todo lo que decía el padre que no querías ni darles la vela cuando la iban a encender.

Tomaste los dulces que compró tu tía Lucy y ya habías abierto otra bolsa.

14 de septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 15, 1979

Tres años de edad.

Te has descontrolado un poco últimamente. Tu comportamiento me entristece porque le has faltado al respeto a tu tía.

Hablé contigo y parecías comprender, pero seguiste igual de inquieto, es por eso que le ruego al señor que me ayude a recuperarme pronto para poder atenderlos, porque lo que les hace falta es cariño.

Hay otros momentos que deseo brindarles todos los cuidados y aún me siento muy débil y no puedo hacerlo.

Observas que me quejo y vas pronto a traer agua para que me alivie y me dices que me tome la medicina. También me has preguntado, como en días pasados, que cómo sigo, que si ya estoy mejor.

13 de septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 14, 1979

Tres años de edad.

Qué día más maravilloso a pesar de los momentos de prueba que el Señor me ha enviado. Este mediodía que tu papá fue por mí al darme de alta el doctor, también tú lo acompañaste y fuiste con nosotros a la capilla para darle gracias, junto con nosotros, a la Madre de Dios y al Señor por permitir que saliéramos del sanatorio así, con una personita más y por estar bien.

Tu papá me dio un ramo de flores, de las cuales tomé una; te regresaste hasta donde estaban las flores y tomaste otra y me la diste a la vez que dijiste, —tenga, mamá, ésta es para la niña; y ésa, para usted. No te imaginas lo que significan esas hermosas palabras para mí y el infinito mensaje que en mi corazón han dejado.

Lo que pareces haber dictado a mi corazón es que siempre cuidarás de que a esta reina no le ocurra nada malo y que en esta hermosa flor que hoy le das se acompaña con la flor de tu bendita inocencia, para ayudarme a guiarla hacia el Señor siempre.

12 de septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 12, 1979

Tres años de edad.

Hoy también me visitaron [en el hospital], me diste un beso al llegar, y como estábamos comiendo mi mamá y yo, comieron con ella.

Después estuvieron muy inquietos que tuvo tu papá que salirse un momento con ustedes.

11 de septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 11, 1979

Tres años de edad.

Esta tarde me dijeron que no querías desayunar y sólo tomaste leche y estuviste jugando con los niños en la escuelita.

Qué gusto me dio verlos y observar con qué alegría llevaron ropita a la niña* y la ponían en su cunita, y me causó gracia ver que llevaron un baberito que precisamente tú pusiste en la bolsa que trajo tu papá.

Me dijeron que no te gustó lo que hicieron de comer (como casi siempre sucede) y pediste frijoles, y ti tía Martha le preguntó a Alejandrito que si quería más, y le decías: —Qué no oyes? No puedes contestar?

Me hiciste sentir muy triste cuando ya se iban, al ver que te querías quedar conmigo. Al despedirte me dijiste que me aliviara, y que el nombre que tienes para la niña es Elena Margarita.

* El día anterior había nacido mi hermana, tercer y último hijo de mis papás.

[Ahora, de grande, recuerdo muy bien, con mucha claridad, detalles de este día; el viaje en carretera para ir a ver a mamá y a la niña, el lugar en donde paramos a que papá comiera (un lugar que ya no existe ahora, tenía paredes blancas) y los juguetes y los dulces que nos compró. Es, tal vez, mi primer recuerdo de niño; mi primer recuerdo tangible, con colores, sabores, sensaciones e imágenes.]

10 de septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 11, 1979

Tres años de edad.

Con qué angustia observé su inocencia casi todo el día, presintiendo que no los volvería a ver y rogándole al Señor me dé el valor que necesito. Estuve lavando la casa y con qué docilidad me ayudaron.

En la Santa Misa de esta mañana qué bien te portaste; después que fuimos a Abasolo querías que te compráramos cuadernos de iluminar.

Comiste pollo del que compramos de Abasolo y me preguntabas cada momento que si íbamos a ir a la casa de la señorita Alicia. Al terminar, tu papá nos llevó y estuviste muy contento, pedías que te regalaran a su hermanita y que Diosito te mandara otra niña y un niño.

Estuviste mucho rato observando a la niña y después te dormiste, pero despertaste cuando esta noche te llevamos con tu tía Martha para que te cuidara, y también a tu hermano, y después nos dijeron que te quedaste muy quietecito, pero al oír el ruido de la camioneta cuando nos íbamos, comenzaste a llorar, y te dijo tu tía que te durmieras, que íbamos a que nos dieran una hermanita*, y te quedaste otra vez sin llorar, como presintiendo un feliz acontecimiento, y te quedaste otra vez dormido.

*Esa noche nació mi hermana.

7 de septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 7, 1979

Tres años de edad.

Qué temprano comenzaste a iluminar, como ocurre cuando tienes libros nuevos de iluminar; pero al llamarte a que rezáramos, lo hiciste inmediatamente.

Seguiste tratando de dibujar unas flores que tiene un almohadón y tan entusiasmado estás en que te queden igual que al llegar tu papá le comentaste que te había quedado muy bonito.

Estuviste buscando tus libros y no los encontrabas, por lo que te veías muy preocupado.

Con la idea del cuento de Pepito y Anita, has tratado de contarlo también pero con unas modificaciones.

Al ver que te trajeron tu mesita con una sillita para cuando entres a la escuela, primero Dios, llamaste muy contento a Luz y le dijiste, —Mira, Lucy, lo que me trajeron.

6 de septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 7, 1979

Tres años de edad.

Chiquillo adorado, cuánto me has ayudado esta mañana; recogiste muchas cosas, limpiaste el refrigerador y la estufa, y aunque no tenías mucho apetito, desayunaste.

Vas tan contento a Irapuato que no pierdes un solo detalle de lo que ves, a lo lejos se distingue un silo y crees que es un castillo, se lo muestras a tu papá con mucho entusiasmo, después te ves triste porque ya no se ve.

También quieres que lleguemos pronto para comprarle a tu hermano colores y libros.

Qué sorpresa tan grande nos diste, porque al rezar la oración de la mañana, con alegría vimos que contestas casi todo lo que decimos.

Al llegar con el doctor, qué ejemplar comportamiento, te felicitamos de verdad, muy dentro de nuestro corazón, aunque debemos decírtelo. Estuviste escribiendo números y la a y la i.

Al salir del consultorio cómo insististe que fuéramos a Comercial Mexicana a comprar cosas para tu hermanita, tu papá te dijo que no traía dinero, pero parecía que no comprendías y te pusiste a llorar, por lo que para conformarte te dijimos que sólo compraríamos una vendita para su estomaguito y después de un rato te conformaste y decías, al ver que no la comprábamos, que a qué hora lo haríamos, hasta que al fin te cumplimos tu deseo.

Pediste un helado de vainilla y te escurría por tus bracitos, por lo que pedías un trapito y trataste de comértelo rápido.

Estabas sudando tanto que dijiste que no vuelves a ir a Irapuato porque tienes muy caliente tu carita y me pides que la sienta cómo está y me da mucha tristeza de verte así; después te comiste la mitad de una torta y te dormiste. Ya en la casa pediste de comer porque tenías hambre.

Por haber dormido en el día, no te podías dormir esta noche y me pedías que te cantara y así lo hice mucho tiempo, hasta que por fin te quedaste dormido. Cuánta ternura y amor inspiras, pequeñito de nuestro amor.

5 de septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 5, 1979

Tres años de edad.

Te levantaste muy temprano; al despertarme fue para decirme que habías ido al baño y te lavaste las manos. Después supe que ya habías ido a buscar a tu papá y al no encontrarlo te regresaste.

Estuve lavando el piso y te pedí que te quedaras en tu recámara, y con cuánta paciencia lo hiciste. También estuviste recogiendo mientras yo terminaba. Al despertar tu hermano le dijiste que no se fuera a salir y me hablaste para decirme que ya se había despertado.

Cuando llegó tu papá, terminó de vestirte, y te pedí que sacaras del refrigerador la comida para almorzar, pero cuando fui habías sacado hasta verdura, y dijiste que tú no sabías qué ibas a sacar.

Cuando te llamé a desayunar y te pedí que te lavaras las manos, me enseñaste que ya lo habías hecho, y fue muy poco lo que desayunaste por salirte a jugar.

Te estuve hablando varias veces para que vinieras a hacer algo importante (leer) pero no quisiste por seguir jugando e injustamente te pegué; digo injustamente porque tu disposición para jugar a leer debe ser íntegra, y no impuesta, como pretendí, fue por eso que esperé otro momento más oportuno. Me dijiste que por qué te había pegado si ya ibas a venir, te contesté que aunque no hubieras venido no te hubiera pegado, pero que soy muy mala y dijiste que no, imagínate niño mío, ¿puede haber mayor martirio a mi corazón que esas palabras?

Cuando jugamos a leer te conté el cuento de Pepito y Anita y tanto te gustó que en sólo 15 minutos hiciste que te lo contara como seis veces; seguiste insistiendo a que te lo contara, pero te dije que la siguiente vez que leyéramos lo haría y no lo olvidaste, porque me recordaste que lo hiciera y así lo hice.

Tanto espacio que hay en la casa y preferiste iluminar en el baño durante dos horas aproximadamente.

Alejandrito tenía sueño y para que se durmiera pronto me acosté con él y al despertar estabas dormido también y despertaste muy tarde y fuiste directamente a comer porque tenías hambre. Seguiste iluminando con verdadero interés y después me llamaste para que viera que estaba tirado en la lama un libro de Luz y querías ir por él, pero estaba cerrada la puerta.

Tal vez tenías mucha sed, porque varias veces pediste agua limpia.

Preparaste Choco Milk y no te lo querías tomar porque tenía nata.

Tan tarde te dormiste que ya me estaba desesperando porque me sentía muy cansada.

4 de septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 5, 1979

Tres años de edad.

Siento tristeza que no hayas desayunado (fue tan poco lo que comiste que tal vez pronto me pidas de comer).

Estuviste ayudándome a hacer el quehacer, después te saliste a jugar y te estuve hablando, aunque de momento no viniste; me dio gusto que llegaste preguntándome para qué te quería, y al decirte que para leer, me dijiste que si después te dejaba ir a jugar.

Me preguntaste que por qué tu abuelita sólo se estaba un ratito con nosotros y después se iba, te dije que porque tenía mucho quehacer en Michoacán y contestaste que tú querías que mejor se quedara siempre con nosotros.

Te asomaste tantas veces a la cocina y me decías que si podías entrar, te expliqué que había basura y que aún iba a barrer, pero cuando viste que me tardaba me dijiste que querías estar conmigo ayudándome, pero accediste a seguir en el comedor, jugando con tu hermano; después me llamaron para que viera que el vidrio de la mesa de centro estaba sucio y te dije que tenía que quitarlo y sólo tu papá podía ayudarme a quitarlo, por eso, al llegar él, le dijiste que lo quitara porque estaba sucio.

Estoy muy contenta contigo porque las oraciones que te hago con tus palabras las leíste perfectamente.

Has insistido tanto que busque tus colores, que te los di sabiendo que en un momento pueden estar tirados o sin punta.

Te pedí que fueras por favor a buscar a Luz y sí lo hiciste, pero la primera vez te regresaste enseguida porque le preguntaste a mi compadre Juan por ella; la segunda vez hiciste lo mismo, le preguntaste a un niño; y la última vez me dijiste que te acompañara, pero te fuiste solo, y al regresar me dijiste que venías cansado y que te habían dicho que Luz no quería venir.

Muy temprano querías cenar; al contestarte que ahorita, decías que sólo así te decía y no íbamos. Llegando a la cocina pediste una tortilla de harina [de trigo], sí te la hice, pero sólo la probaste y pediste de las otras [de maíz].

Llegó el señor que vende pan y fuiste a comprar. Muy contento, y con la ilusión de tener el pan, casi no cenaste.

Me dijiste que —Cuando nos durmamos voy a buscar todos mis colores. Por decir que antes de dormirnos (lo que me sorprendió fue que usaste muy bien la palabra durmamos).

A la hora de comer me viste tal vez muy preocupada porque no querías lo que había de comer que con gusto, y mirándome significativamente, dijiste —Sí quiero lo que hay. Gracias, hijito, por saber comprenderme, por ser tan bueno.

Cuando fuimos a Abasolo te dormiste llegando y tu papá tuvo que quedarse con ustedes, y sólo yo fui un momento a la iglesia.

3 de septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 4, 1979

Tres años de edad.

No desayunaste porque viste el pan y sólo eso comiste; te ofrecí otras cosas pero no las aceptaste.

Escuché que con mucho cariño le hablaste a tu hermano, le estabas contando un cuento y él te ponía mucha atención.

Terminábamos ya casi de rezar esta mañana y me pediste que rezáramos también por tu hermanita para que Diosito la mandara con bien.

He descuidado mucho de enseñarte a leer y tú mismo llevaste varias cartulinas al comedor y me pediste que fuéramos a leer, que ya las habías acomodado.

De tanto que comiste aguacate, tuvimos que esconderlo para que no te hiciera daño pero lo encontraste y seguiste comiendo.

Le dijiste a mi mamá que por qué no traía a tía Vicky, que quieres jugar con ella.

Traías un cuaderno con dibujos que hizo tu tía Rosita y me dijiste que te los hiciera otra vez para iluminarlos y después que los terminé me llevaste otro cuaderno para que te los hiciera nuevamente para que tu hermano también iluminara.

Cuánto insististe por la mañana que me pintara las uñas, y al ver que no podía en ese momento, me dijiste que por la tarde, y no lo olvidaste, porque fuiste a llevármelo, y no conforme al ver que había terminado, me dabas otro para que se vieran más bonitas las uñas.

Me viste escribiendo y me pediste que mejor fuera a bordar, y al ver que no iba, fuiste a la máquina (a preparar todo) y decías, —ándale, que ya está todo preparado. Te dije que me esperaras a terminar de escribir la página que estaba escribiendo; al dar vuelta a la hoja me recordaste lo que te dije, y que por qué iba a comenzar otra, y lo que hice fue ir a coser, a una camisetita que tenemos para tu hermanito le hice un dibujo amarillo, y cuando viste que se enhebró, quisiste quitarle los hilos con las tijeras y la rompiste. Te pusiste muy triste porque tal vez consideraste injusto el regaño (efectivamente, no sabías que se iba a romper, ¿verdad?).

Cenaste muy bien, y cuando nos fuimos a Abasolo, te pedí que no te durmieras, pero lo hiciste, y ya que tu papá iba a ir a cenar, lloraste en una forma tan desesperante que ya no quiso ir por quedarse con ustedes (pues los dos lloraban).

El fin que perseguía (claro que no lo esperaba) era que al llegar a la casa, enseñarte otra vez tu palabra porque aún no te la sabes, y me concediste ese favor, porque te dormiste ya tarde.

Es satisfactorio ver que actuaste al final de este gran día con una inteligencia sorprendente; nunca, o casi nunca, te vas a dormir por voluntad tuya a tu recámara, y hoy que te lo pedí en una forma casi de súplica, lo hiciste. Muchas gracias, pequeñito nuestro.

2 de septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 2, 1979

Tres años de edad.

Me diste una grata sorpresa porque llegaste hasta la cocina y ya te habías lavado tus manitas.

Te di el cepillo para que te peinaras y no quisiste, por lo que te llamé la atención y lloraste con mucho sentimiento; después, cuando íbamos a la Santa Misa, te enojaste con tu hermano y te pegué en la mano, como ya estabas molesto y sentimental, volviste a llorar mucho y al quedarme a consolarte sí lo logré, sólo que ya había comenzado la Santa Misa. Al llegar a la bodega*, estuviste tan triste que tú papá y yo, de vez en cuando, volteábamos a verte, y tratamos de que sonrieras al menos; ya al final de la consagración te acercaste y estuviste rezando; gracias a Dios había desaparecido tu tristeza.

Te había dicho que te compraría colores y ya lo esperaba: que llegando a Abasolo, en tu mente sólo esa idea te acompañaría. Me viste haciendo la lista** para la carne y me preguntaste varias veces si había anotado tu caja de colores y te contesté que ésa se pedía en una sola tienda.

Para mayor inquietud en ti, fue lo último que compramos, y tú mismo lo hiciste. Cuando viste que estaba en el teléfono me dijiste que tú los comprabas; cuando llegaste con ellos estabas un poco desconsolado porque no había colores grandes y los trajiste chiquitos.

Por la tarde sí me ayudaste al quehacer y una señora que vino a visitarnos se admiró de ver qué obediente haces todo lo que te pido.

Mi niño adorado, tanto cuidar que no ensuciaras tu ropa y cómo quedaste con tanta tierra, te subiste innumerables veces a la lama [?] y desde lo alto te venías rodando, pero al oír a un niño que nos dijo que vino mi mamá, te olvidaste de subirte y fuiste a encontrarla y a ayudarle; llegando te dio un pan que con mucho apetito te comiste, porque a la hora que comimos te dio pena hacerlo frente a ellos. Después me dijiste que de tanto pan que comiste te estaba dando asco y por eso no te lo terminaste.

Estuviste iluminando y sentí tristeza porque una niña que vino con la visita de hoy te lo rompió el varios pedazos y sólo te concretabas a mirarla, reprobando su acto.

Recordaste que compré ropita para el niñito que, si Dios lo permite, pronto vendrá, y la buscaste, y al encontrarla, qué feliz estabas observándola y diciéndonos para quien es.

Ya era muy tarde cuando te comiste dos mangos y tuvimos que esconderlos porque ya habías comido mucho.

Te fuiste con tu papá a la recámara, y al reunirme con ustedes, llevaba la palabra de hoy, y me sentí triste porque ya estabas dormido, pero me conformé cuando tu papá me dijo que ya habías rezado.

*Durante algunos años, a falta de capilla en el rancho, las misas se realizaban en una bodega donde se almacenaban granos. Los domingos por la mañana se acondicionaba con un modesto altar, sillas y tablas, que se usaban como bancas.

**Se hacía una lista, se llevaba a la carnicería, y se pasaba tiempo después a recoger el pedido.

1 de septiembre de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 1, 1979

Tres años de edad

Enseguida que te levantaste me dijiste que te hiciera una casita, pero no pude hacértela porque tenía mucho quehacer; ahora pienso que debí de habértela dibujado.

Perdóname por haberte reprimido tan severamente si no estabas dispuesto a ayudarme como otros días; debí de haber comprendido que en ocasiones nuestro estado de ánimo así es.

Fuiste con tu papá a caminar y de regreso te caíste, sonó tan fuerte tu cabecita que me asusté; cuando te fui a ver te quejabas porque te dolía mucho, traías unos calcetines que te dio tu papá, de él, y al entrar te consoló mucho ver que íbamos a hacer pan en el horno y ya nos ayudaste, y sin haberse cocido estuviste comiendo.

Nos recordaste que le faltaba ponerle pasas, te enseñé qué pocas eran porque comías muchas.

Escuchaste el comentario que yo no tenía deseos de ir a Abasolo y dijiste que tú sí y que querías que pronto Diosito te mandara a tu hermanita para que nos acompañara a Abasolo y viera la carretera.

Pediste de cenar en la cama y lo hiciste muy bien, después rezaste y te dormiste muy temprano.

31 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 1, 1979

Tres años de edad.

Me estaba bañando cuando entraste al baño y me dijiste, —mamá, estaba dormidito y entró la señorita Alicia con Alejandrito bañadito y me dijo, —Juan Jacobo, ¿te quieres bañar? mira a tu hermano, ya se bañó. Y por eso vine, para que me bañe. Al estarte enjuagando cerraste la llave que porque ya se estaba terminando la caliente y querías guardarle a tu papá.

Llegamos a Abasolo, como tu obsesión es que te compren más carritos fue lo primero que viste y tomaste un paquete, te dije que estaban muy grandes para tu carro y los dejaste, después papá estaba almorzando y seguías con la idea de los carros, te explicamos que no había cambio y tampoco entendiste al salir de ahí, continuaste con la tentación de que fuéramos a comprarlos porque ya traíamos cambio.

Fui a la tienda y pediste que te comprara dos lápices y como no oíste que los pidiera, varias veces me dijiste, —mamá, ya pídalos, y tuve que hacerlo ante tu insistencia.

Que contento venías con dos carritos que compramos, dos sillitas que tomaste (las pagué después) y cuatro soldaditos. Cuando tu hermano le quitó las rueditas le pegaste y él te mordió.

En la casa pediste el carro grande que hicimos ayer para pegarle los chiquitos; después de diez minutos ya lo pediste para ver si se había secado; al ver que no te lo dábamos, fuiste con tu papá y nos dijo que te lo diéramos y así lo hicimos, pero enseguida te enojaste con Alejandrito porque los dos lo querían, lo jalaban uno y otro; al verlos así, tu papá sacó el carrito de pilas y entonces sí, rápidamente, le dijiste a tu hermano que le dabas ése, para prender el otro.

Es raro que no me hayas hecho caso al estar hablándote, hasta después que llegaste me preguntaste que para qué te quería y te dije que para que me ayudaras a pelar unas papas, pero ya lo había hecho yo y te pusiste muy triste; comprendiendo tu actitud, desapareció mi enojo y más cuando me dijiste que te diera más, que sí las pelabas. Lo que hice fue darte las que tenía ya peladas para que las partieras y con qué gusto lo hiciste.

Después estuvo jugando tu hermano con el carrito de pilas, se lo pedías para guardarlo porque decías que estaba muy caliente y tu papá te dijo que se lo dejaras y más tarde lo llevaste a donde yo estaba y me dijiste, —mire mamá, está calientísimo y Alejandrito no me lo quería dar pero ya lo voy a alzar; qué enojado estabas porque no le podías quitar las pilas, ya querías llorar, cuando vino tu papá y te dijo que se las quitaras despacio y hasta le sonreíste.

Te pidió tu papá la grabadora y no lo hiciste al momento, sino después, y le pediste que grabaran, y sin que te lo pidieran, comenzaste por rezar el Padrenuestro, después puso tu papá el cassette donde está grabado el bautismo de Alejandro y con cuánto interés lo oyeron.

Cuando se fue a su casa la señorita Alicia, no quisiste ir a caminar y te fuiste con tu papá porque querías ir a la bodega, hasta le dijiste que yo ya sabía subirme a las pacas, pero como sé que me hace falta el sol y caminar, preferí irme con ella y ustedes se fueron con tu papá; ya que regresé me dijiste que sí ibas a ir con nosotras pero ya ni modo.

Recogió tu papá unos huevos de la bodega y como has visto que la niñas del señor Félix desde lo alto los dejan caer, así lo hiciste y rompiste uno.

Viste que me fui a coser en la máquina y me dijiste que le hiciera una faldita a tu hermanita que Dios te va a mandar, y un vestidito; me llevaste hilo amarillo para que le bordara a una camisita y te mostré como enhebraba por debajo de la costura, pero seguiste insistiendo y tuve que dejarla así porque no se pudo bordar.

Después pediste que ensartáramos una aguja de mano para bordar una sábana y sí le cosiste algo, pero no está bien; aún no pueden esas benditas manos hacer lo que desean, aunque para nosotros construyen ya un universo de amor y de paz.

Otra vez me sentí muy cansada y te pedí que cuidaras a Alejandrito mientras me dormía un rato*, pero contestaste que no me durmiera, que mejor hasta que tu papá terminara de ordeñar, porque querías que estuviera con ustedes; después llevaste la olla para la leche, pues ya se me había olvidado, y al regresar dijiste que se la habías dejado a tu papá.

Llegó pronto tu papá de ordeñar y le pedí que por favor los cuidara para dormirme un rato y me dijo que sí, que no me preocupara, y fuiste a decirme que no se tardaban, que le iban a dar de comer a los puerquitos. Al regresar llegaste contento y me dio gusto ver que tu papá te enseñó a restar en el ábaco reloj y cuánto interés pones en ello y que ya conoces los primeros números.

Se fue a su reunión tu papá y te pedí que le dijeras que nos comprara aceite porque ya no hay, pero tu carrera fue inútil porque no lo alcanzaste, y muy desilusionado y lentamente llegaste y me dijiste, —Por más que corrí se alcanzó a ir papá, ya ni modo.

Me ayudaste a escoger los frijoles, después los lavaste y ya los ibas a poner en la olla, pero lo hice yo, porque los podías tirar.

Al terminar de cenar, me pediste que nos fuéramos un momento a la recámara porque tenías sueño y que después regresábamos otra vez a la cocina.

Ya que rezaste, me enseñaste que Alejandrito rayó en un dibujo que habías hecho; al decirte que después le borraba, me recordaste que era con pluma y que eso no se podía borrar y enseguida te dormiste.

*En diez días nacería mi hermana.

30 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 30, 1979

Tres años de edad.

Sólo a un inocente como tú se le ocurre jugar tanto y hacernos participar de él precisamente al desayunar, ya que todo lo que a tu boquita llegaba tenía que ser en forma tan significativa como en este caso en el que decías que te diera en forma de avión y cuántas y cuáles personas viajaban en él, después un helicóptero, una nave espacial, un barco, etc. y así hasta que terminaste.

Traías unas partes del unicel en el suelo y para que no molestara ese ruido, tuve la idea de hacer de él un carrito y estuviste buscando rueditas; lo que encontró tu hermano fue más de lo imaginado, ya que tiene no sólo las llantas sino una plataforma de madera más alargada que facilitó colocar encima el unicel, se lo mostré a tu papá e hice el comentario que quedarían bien unos carros pequeños y soldados sobre el unicel. Como está enfermo tu papá, decidió ir al doctor y quisiste ir con él, a la vez que hiciste el comentario que comprarían tus carritos. Qué feliz llegaste con ellos, comentó tu papá que sólo te compraría tres, pero tú le dijiste que mejor cinco, y al terminar de colocarlos te mostraste muy complacido y un poco desesperado cuando lo alzamos mientras se secaba, cada momento preguntabas si ya se había secado.

Iba caminando por el corredor y me alcanzaste sólo para darme un beso, cuánta alegría regalas en un momento y sin darte cuenta vas llevando a nuestro corazón un cúmulo de satisfacciones.

A la hora de comer se repitió exactamente el juego de esta mañana, te aseguro que lo hicimos con mucho gusto.

Te ofrecí un mango y lo aceptaste, pero al ver que tenía unas manchitas dijiste que mejor otro porque ese estaba quemadito y te expliqué que se le quitaba con la cáscara y te lo comiste.

Te di también un pedazo de naranja y después llegaste con otra y un cuchillo, para que te la partiera; de momento te fuiste al escuchar que despertó tu hermano y cuando llegué a la cocina le estabas preparando agua de limón y se la llevaste corriendo.

Como ya no se durmió Alejandro llegó hasta donde estábamos y con mucho cariño le ofreciste naranja y le dijiste aquí estamos; más tarde traías un librito de los que iluminas y con ese mismo cariño le explicabas qué dibujos tiene.

Estaba haciendo las cartulinas para tu libros y fuiste a verlas y me dijiste que estaban muy hermosas.

Fuimos a la bodega y me pediste que me subiera, pero me sentí un poco preocupada al ver la forma en que te dejas caer de las pacas más altas y en una ocasión caíste muy cerca de tu hermano; estoy ahora contigo pero otra ocasión que vayas solo y no tengas cuidado, es lo que pienso ahora.

Tu papá nos invitó a caminar y comentaste que a Lucy no la llevábamos, después dijiste que sí, que los llevábamos a todos.

Pediste el carrito que hicimos y que no lo destruías, también te dimos los dulces que pediste al darte el carrito, les pusiste a los carros más chicos, creíste que no me había dado cuenta porque se volteó y dijiste: —ya se despegó un carrito, hay que arreglarlo porque mamá se va a enojar.

Me pediste un tamal de los que nos dio la mamá de Luz y por estar brincando en la arena se cayó, me pediste que lo enjuagara y te lo comiste, entraste a cenar pero después que estábamos rezando jugaste un poco brusco con tu hermano y lo hiciste llorar, seguiste muy inquieto pero sólo un momento porque pronto te dormiste.

29 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 29, 1979

Tres años de edad.

Qué hermoso acto tuviste al comenzar esta mañana, me diste un besito en cuanto me viste, porque dormiste desde la una con nosotros, ya no es raro, ¿verdad?

Los dos rezaron conmigo, pero hoy no lo hiciste con devoción.

No querías que jugáramos a leer en el comedor porque no había sol, preguntaste que por qué estaba nublado, y ya que te expliqué, aceptaste jugar allí.

Estabas iluminando con mucho interés, pero ahora lo hacías en dibujos que tú mismo hiciste, después me enseñaste a Alejandrito (lo dibujaste). También dibujaste una novia sin manos.

Cuando fuimos a caminar querías una muñequita (les dices así a los jilotes que aún tienen los cabellitos rojizos, de elote) y no se veían ya, porque ya casi todos son elotes; te dijimos que mejor mañana, primero Dios, pero seguiste insistiendo y fue a buscarte uno la niña del señor Félix y no lo quisiste porque estaba muy chiquito y con cabellitos aún blancos.

Cuando regresamos querías comer pero por ir a quitar la ropa me olvidé de calentar la comida y de lejos vi que algo estaba prendido en la estufa, te pregunté qué sería y me dijiste que eran tus tortillas y entramos, pero ya estaban completamente quemadas, calentamos otras y cenaste, después viste que cocimos elotes y también comiste, hice huevo para tu hermanito y para sorpresa mía volviste a comer, después un poco de choco milk con pan, ojalá no te haga daño.

Me sentí muy mal esta noche, tuve la sensación de que me iba a caer y nos salimos rápidamente de la casa y te expliqué* que si me sentía muy mal le hablaras a la señora del señor Félix, y traté por todos los medios de controlarme y le pedí a Dios que me ayudará, más que por mí, por tu carita tan asustada, después dijiste algo que me llenó de alegría a la vez que me desconcertó, dijiste que rezáramos para que me compusiera y te dije que sí, pero seguí recogiendo lo más indispensable y otra vez me dijiste que nos fuéramos para que descansara. Parece, chiquito adorado, que fueras ya una persona mayor que descubriera qué es lo más necesario en mi caso**.

Con esperanza de que un poco de alcohol me hiciera reaccionar un poco más, lo estuve buscando y me ayudaste; al ver que lo encontramos, al igual que yo, te pusiste muy contento porque ya te había dicho que era bueno para que se quitara lo mareado que tenían las personas; poco después comenté que me sentía mal otra vez y rápidamente abriste el alcohol, hasta se cayó la tapadera por la rapidez con que lo hiciste, y cada momento preguntabas que cómo me sentía, un instante me quedé tan pensativa que preguntaste que qué estaba pensando y te dije que ya me sentía mejor y tu respuesta fue que gracias a Dios.

Al oír que llegó tu papá nos fuimos los tres a esperarlo a la puerta y decirle lo que me pasaba.

Qué gracioso fue verte abrir un paquete de pan y comer la mitad de uno, pues ya habías comido demasiado. Más tarde te dormiste.

*Siempre he recordado muy bien esa escena, tal vez sea de mis primeros recuerdos de niño. Recuerdo que era de noche, que hacía un poco de calor, y mamá estaba sentada en el piso, afuera de la casa, dándome instrucciones. Yo estaba muy asustado. Encontrarme con este texto y transcribirlo ha generado en mí una sensación muy particular.

**Mamá tenía más de ocho meses de embarazo de su tercer hijo.

28 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 28, 1979

Tres años de edad.

Llegaste a la cocina cuando estábamos desayunando y no nos querías saludar y al decirte que te comieron la lengua los ratones nos la enseñaste y nos saludaste.

Con el fin de que te diéramos pasitas, sí desayunaste. Al ver que se fue tu papá con tu hermano dijiste que nos habíamos quedado muy solitos.

Leíste muy bien tus palabras y me siento muy contenta. Por tu voluntad comenzaste a iluminar y, aunque no lo hiciste muy bien, ya se advierte el deseo que tienes por hacer algo de provecho.

Al darte cuenta que vino tu hermano a que lo persignara, me dijiste que también rezara con él y al hacerlo, volviste a rezar.

Es raro oírte llorar porque te bañan, ya que te agrada la hora del baño, más bien es el estado de ánimo que quedó en ti al caerte hace unos momentos, cuando ibas corriendo te dije que no te fueras a caer, pero ya era tarde, porque precisamente en ese momento te caíste y qué fuerte sonó tu cabecita y cómo lloraste, tanto, que ya no te querías bañar.

Eres tan listo e inteligente que nuestros planes de esta noche al querer dejarte en la casa cuando asistiéramos a la santa misa no fueron posibles, te dijo tu papá que iba a darles de comer a los puerquitos, que te arreglaras y después pasaba por ti, y al entrar a decirme, viste que llevaba mi velo y algunas cosas y me disponía a salir, se advirtió en ti tanta expectativa que echaste a correr y, no perdiendo tiempo, esperaste la más pequeña oportunidad para subirte a la camioneta; presintiendo algo así, llevé ropita para cambiarte durante el trayecto a Abasolo.

Al salir de la santa misa pediste que te fuéramos a comprar un pan de bolitas, pero al ver los dulces, preferiste una paleta y te olvidaste momentáneamente del pan.

Comenzaba una plática a la que asistimos, y en ese momento te dormiste; cómo se cansó tu papá de cargarte, pero se veía complacido porque, al igual que yo, pensábamos que estarías mejor en tu cama y no con esta incomodidad.

27 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 26, 1979

Tres años de edad.

Cuando despertaste, en ese momento, me iba a lavar y me preguntaste que si no te salías y te quedaste muy conforme.

Llegaste hasta donde estaba lavando y me dijiste que Alejandrito se quería venir conmigo y te dije que le dijeras que ya iba a terminar.

Me quisiste ayudar a buscar la palabra que hoy te enseñé pero ninguno de los dos la encontramos y la habíamos dejado en el cajón.

Te molestaste mucho porque cuando íbamos a desayunar, tu papá le lavó las manos a tu hermano antes que a ti; tanto te molestaste que hiciste que yo también me pusiera de mal humor.

Después te expliqué las consecuencias que traía tu capricho y ya estabas tranquilo. Nos fuimos a la bodega terminando de desayunar, me enseñaste hasta donde querías que subiéramos y al hacerlo me dijiste que desde allá se veía papá, me preguntaste que para qué quería todas esas pacas.

Ya que nos íbamos a regresar a la casa, me dijiste que me fuera sola, que tú ibas en cinco minutos más, pero te hice ver el peligro que tenías si te quedabas, que más tarde regresaríamos.

Llegaste a iluminar y lo hiciste muy bien, pero sólo te califiqué con un cinco, porque no pusiste mucho cuidado al hacerlo.

Cuánta obediencia manifestaste al pedirte que te quedaras en la terraza porque estaban lavando la cocina y el corredor, hasta después te fuiste donde yo estaba para pedirme dinero para comprar con un señor que viene con un burro a vender dulces, fruta, chicles, y al regresar comenzaste a repetir lo que compraste; tan pequeños eran los pedacitos de chicle que nos diste que precisamente por ello nos causó más ternura tu hermoso acto; a tu papá le guardaste una manzana a la que le diste algunas mordidas y también un pedazo de chicle muy pequeño.

Por jugar con tu hermano cuando estaba debajo de la cama, le jalabas los piecitos y él se molestaba mucho; como no entendías que lo dejaras ahí, te di dos nalgaditas, y como lloraste, indebidamente volví a hacer lo mismo y seguiste llorando, ya después te conformaste, te dije que no le pegaras a tu hermanito y yo tampoco lo haría y te tranquilizaste. Después los llamé a comer y tenían tan buena disposición de hacerlo pero desapareció al comenzar, tal vez no te gustó lo que te di y otra vez, como esta mañana, nos disgustamos por ello tu papá y yo, ya que él me reprendió por rogarles que comieran.

Otra vez fuimos a caminar y me pediste que te cortara una muñequita y al no saber exactamente a qué te referías te dije que mejor la señorita Alicia nos la cortaría y sí aceptaste. Me dijiste que si iríamos a caminar hasta las pacas de señor Roberto y te dije que estaba muy lejos, por eso me hiciste una observación diciéndome, —Mamá, ¿la señorita Alicia es una mentirosa? Al preguntarte por qué, dijiste que ella te dijo que sí iríamos a caminar hasta las pacas y te recordé la vez que fuimos y nos cansamos mucho.

Desde que viste que la señorita Alicia ya se iba, me pediste que ya nos fuéramos con ella.

Por fin sé que es una monita para ti, porque la señorita Alicia te cortó una y te dio mucho gusto y comenzaste a peinarla (es un elote con cabellitos güeros). Me pediste que fuéramos al nopalito y al llegar cambiaste de idea al ver desde ahí las pacas de señor Roberto, pero no seguimos porque venían las vacas. Me preguntaste que si también topeaban y recordaste que te llevaría a ver el nopalito, pero te dije que no alcanzaríamos a ir porque las vacas ya venían muy cerca.

Tenías sed y me pediste agua, después me pediste pasitas, nunca antes lo hacías y desde que te hicieron un pastelito el sábado, ya te gustan. Discúlpame que no te llevé a la bodega, pero quiero estudiar la forma de comenzar a hacerte tu libro que, primero Dios, leerás en unos días más.

No sé si soy yo quien te he fallado, pero ya no has iluminado ayer y hoy (muy poco).

Estuviste jugando mucho con Alejandrito, y con qué armonía y alegría, complace mucho verlos así.

Me preguntaste que si ya era la tarde y te dije que sí y fuiste a encender la televisión para ver un paraíso, por querer decir que un paracaídas. Al encenderla estaban pasando a Superman y salía una nave espacial y recordaste que era igual a la que habías iluminado, hiciste después el comentario de que por qué ahora sí pasaban cosas bonitas, lo que no me gusta que veas es cómo vuela Superman porque les gusta tanto imitar lo que ven (ustedes los niños) y ya se ha sabido que niños se suicidan inocentemente.

Después la apagaste y seguiste jugando con tu hermano. Por estar jugando con la puerta de la cómoda (donde guardamos la ropita tuya y de tu hermano), tan fuerte la abriste que se desprendió, te asustaste al ver que se rompió.

Cenaste muy rápido al ver que ya nos íbamos a Abasolo. Cuando viste el anuncio del cine iluminado te dio mucho gusto.

Al subir a la carretera, de momento no nos persignamos, y al escuchar que besaban la cruz, lo hicimos nosotros, y para estar más segura, te pedí que lo hicieras y contestaste —Ya nos persignamos Alejandrito y yo.

Fui a hablar por teléfono con mi mamá, y por no tardarme, no te compré nada como te había dicho, y sentí tristeza de verte dormido.

Por la tarde hiciste el comentario que veías muy triste a la Santísima Virgen porque no tenía flores y que ahora que le pusiste ya se veía más contenta.

26 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 26, 1979

Tres años de edad.

Sé que este hermoso día es muy significativo para todos, aparte de ser domingo, porque en tus preciosos actos dejas que así lo veamos.

Nos fuimos a Abasolo a la Santa Misa y al pasar por la panadería pediste un pan de bolitas y precisamente en la iglesia te lo estabas comiendo, sentadito en el piso (como tú sabes hacerlo, con tus piernitas dobladas hacia atrás como tu tío David). Después te llamé que te sentaras junto a mí y no quisiste, pero lo curioso fue que de la banca de adelante te habló una señora para que te fueras a sentar y ahí sí lo hiciste y con cuánta devoción estabas y tu carita más linda se veía con el pan que quedó en ella.

Al salir de la Santa Misa lo que veías de comer querías, y no queríamos darte nada para que después desayunaras, pero tu papá te compró un jugo de naranja y una gelatina y fue por eso que ya no quisiste nada cuando estábamos almorzando, lo que hiciste fue enojarte y llorar por el ábaco-reloj y para que te conformaras te dijimos que te compraríamos plastilina y te fuiste con tu papá a traerla, pero estaba cerrado, y el único lugar que después vimos abierto, para tu consuelo, sí vendían plastilina.

Cuánto me has ayudado desde que llegamos, otra vez me guardaste el mandado de la tienda, recogiste varias cosas que tenía mal puestas, después jugaste con la plastilina y estuviste iluminando. Cuando llegó tu papá en el tractor fueron a encontrarlo y trajeron huevos. Pusiste un sartencito y un huevo que traías estrellado se lo hiciste a tu papá. Después me pediste de comer y fuimos a ponerles tierra a unas plantitas y me estuviste ayudando a regarlas.

No tenías casi deseos para iluminar y sólo una página terminaste, pero la palabra que hoy te enseñamos la aprendiste muy pronto.

Nos llevó tu papá a darles de comer a los puerquitos y las yerba que quedó en la camioneta tú se las diste.

Compró unos refrescos tu papá y al ver las paletas pediste una pero tal vez no te gustó porque después me la diste; no alcanzamos a llegar a la casa cuando te quedaste dormido.

Como no ha sido posible que te llevemos a ver el mar, cada vez que llegamos a la entrada del rancho nos dices que si así es el mar.

25 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 25, 1979

Tres años de edad.

Me sentí triste esta mañana; ya que teníamos planeado ir a Irapuato y dejarte, Dios permitió que en el momento preciso que nos disponíamos a salir, despertaras, y decidí que nos acompañaras, y rápidamente fuiste por tu ropita, te preparé algo de desayunar y nos fuimos; ibas comiendo por el camino y como no rezamos en la casa lo hicimos en el camino y con qué gracia y amor dijiste a tu papá qué es lo que le de dices a Nuestro Señor todos los días: —Gracias Señor por permitirnos llegar a este bendito día, te ofrezco las obras del presente día y te pido nos ayudes a actuar conforme a tu santa y divina voluntad. Después le dijiste que rezas el Padrenuestro y el Avemaría. Llegando a Irapuato, otra vez nos preguntaste que si ahí era y te contestamos que sí.

Ya que te venías con tu papá, te dije que no le fueras a pegar a tu hermano y contestaste que no, que sólo le ibas a dar una perita. Cuántos deseos tenía de verlos y el Señor me concedió esa dicha al llegar a la casa, allí estaban esperándome; al verme me diste un besito y me dijiste que te portaste bien, que iluminaste dos páginas de tu librito (que después te califiqué), que tu hermano se portó mal y tú no, que le ayudaste a la señorita Alicia a hacer un pastel, y dices que en ese momento tu hermano le tiró todo el pastel a la señorita Alicia (por querer decir que la harina) y que hasta que iban a terminar de hacerlo le pusieron la harina y el royal.

Nos fuimos con la señorita Alicia a caminar y te caíste donde había piedras que, al lastimarte tus rodillitas, provocaron que lloraras y no pudieras caminar; de regreso me pediste que te enseñara dónde te habías caído y estaba ahí marcado y te quedaste observando un momento, tiraste en su lugar una piedra y después seguimos caminando.

Me estabas ayudando a quitar la ropa del mezquite y te caíste otra vez y te espinaste las rodillitas (qué mala suerte de ese momento) pero gracias a Dios no trae consecuencias.

Al llegar a la terraza, mientras arreglaba la tela del mosquitero, cortaste la costura que hice hoy en Irapuato de bordado, le hiciste dos agujeros.

Qué sorpresa tan agradable me diste al ver que te sabes ya la palabra de hoy.

Traje de Irapuato un ábaco-reloj y no me arrepiento de haberlo comprado como te hice saber hace un momento, sólo que no debí dárselos a tu hermano y a ti porque se han disgustado mucho porque los dos lo quieren y han llorado ya varias veces.

Fuimos a la casa de un señor que trabajó con tu papá aquí en el rancho y casi llegando te quedaste dormido.

24 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 24, 1979

Tres años de edad.

¡Cómo comprendes ya tantas cosas! Al despertar viste que tu hermano no quería jugar con la sobrina de la señorita Alicia y me dijiste, —Mire mamá, Alejandrito le quitó a la niña el carrito y no quiere jugar con ella.

Estabas desayunando y me preguntaste por tu papá, te contesté que estaba acostado en la cama de Juan Jacobo y no te quedaste con la duda, enseguida fuiste a verlo y enseguida te saliste y seguiste desayunando.

Casi no estuviste en la casa esta mañana, te fuiste con tu papá a caminar y estuviste viendo

[Así queda cortado en el original]

23 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 23, 1979

Tres años de edad

Qué tarde despertaste ahora, ya estaba lavando y tu papá me hizo saber que fue muy poco lo que desayunaste; enseguida llegaste, estabas desnudito, y qué delgado te vi, me dio mucha tristeza verte así, ojalá permita el Señor te restablezcas pronto.

Te hablé para que ya comenzaras a leer y no querías hacerlo, y al acercarme a ti obedeciste al momento; muchas gracias hijito por obedecer y ser tan bueno.

Estábamos jugando y pedías ser tú el jicotillo (estábamos jugando a Doña Blanca).

Cuánto iluminaste hoy, casi toda la mañana; después pediste que te pusieron números, pero sólo hiciste un solo número (dos) y después hiciste bolitas y palitos.

Comiste muy bien, tenías hambre ya que no desayunaste casi por la mañana.

Fuimos a la casa de la señorita Alicia y por todo el camino preguntaste que a dónde íbamos y no te dijimos, pero al entrar a donde vive reconociste la casa y te pusiste muy contento. Después fuiste a ver los puerquitos, como ya conoces a sus hermanas, qué bien estuviste jugando con ellas. Al ver que nos dieron unas gorditas cuando nos veníamos me las pediste para llevártelas; te las pedí otra vez para que no ensuciaras la servilleta y al ver que me estaba comiendo un pedazo, me pediste, y te comiste más de una gordita.

Al llegar fuimos a las pacas y me pediste que yo también me subiera y lo hice; con todo el candor de tu inocencia me ibas diciendo donde pisara. Te veías desilusionado al no encontrar ningún huevo.

Me fui a coser y te pedí que trajeras tus cosas para iluminar y contestaste que mejor querías verme coser, para ver la ropita de tu hermanito.

No creí que quisieras cenar, pero sí lo hiciste; gracias a Dios comes otra vez bien.

Seguí cosiendo y estuviste conmigo; al ver que tu hermano sacó un muñequito que tu papá compró en Irapuato le dijiste que no porque se lo guardarías a tu hermanito, entonces Alejandrito se puso a llorar y otra vez se lo prestaste y le dijiste que nomás un ratito.

Trajo tu papá las fotografías del cumpleaños de tu hermano y qué alegría experimentaste al verlas, tanta que no nos las querías prestar para verlas.

Los llevó a dormir tu papá y enseguida te dormiste pero fui a persignarte y te acomodé, y al disponerme a dormir abriste la puerta y me asusté mucho, intentamos convencerte para que te fueras a tu recámara pero no quisiste y te quedaste con nosotros.

22 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 23, 1979

Tres años de edad.

Despertaste de muy buen humor, buscaste tus zapatos para que te los pusiéramos, rezaste, y después, al ver que tu hermano no quiso rezar, según tú le enseñaste a hacerlo, le dijiste que dijera —Gracias Señor por permitirnos llegar a este bendito día, te ofrezco las obras del presente día.

También tú te subiste a la camioneta cuando viste que papá se iba, y al regresarnos me mostraste algunas mazorcas de milo que ya están rojizas e hiciste el comentario que ya pronto iban a venir muchas trilladoras y ser verían muy bonitas.

Viste que me iba a lavar y me dijiste que me ibas a dar la sorpresa de iluminar tres páginas. En verdad que sí me la diste porque iluminaste muy bien.

Desde hoy cuando me pidas de comer lo haré inmediatamente porque hoy lo hice después de que me pediste y ya no quisiste comer por lo cual me enfadé contigo.

Le enseñaste a papá lo que iluminaste y como si comprendieras dijiste que por qué te habías sacado un seis en un dibujo que iluminaste; ya que te explicamos por qué dijiste que el siguiente sí lo ibas a iluminar bien para sacarte un nueve.

Cuando íbamos a caminar parecían estar cerca las pacas que había en la orilla del camino y me pediste que fuéramos allá pero llegamos muy cansados y de regreso a cada momento querías descansar, ya te veías muy cansado y comentaste que otra vez que camináramos ya no íbamos a ir tan lejos porque nos cansábamos mucho; me enseñabas tu carita para que viera que te habían salido chapitas.

Comentaste que ya no querías que la señorita Alicia viniera con Lucha porque ella no jugaba contigo, que mejor trajera a otra niña.

Como si hubiera sido tu deseo cumplido por querer que viniera el señor que vende paletas, hoy vino y te dio mucho gusto.

Estábamos jugando en la sala y te caíste; te pegaste en tu cabecita pero te consolaste pronto.

Me pediste que fuera a coser, ya que me has visto coser ropita para tu hermanito últimamente, pero no me fue posible complacerte por estar haciendo otras cosas.

Cómo se enojaron tú y tu hermano, los dos querían preparar el choco milk, y lo curioso fue que también intervine y logré que cada uno realizara la mitad del trabajo para poderlo hacer, y sólo así quedaron conformes. No quisieron cenar, pero sí tomaron choco milk.

Al llegar tu papá te fuiste con él y te dormiste inmediatamente, me acerqué y, aunque no creí que contestaras, te dije que rezaras «ángel de mi guarda» y así lo hiciste.

(Una de las hojas del cuaderno correspondiente a esta transcripción está muy rayada y desprendida del cuaderno. En la parte superior dice: rayas de Alejandro y también lo rompió.)

21 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 22, 1979

Tres años de edad

Qué tarde despertaste hijito, inmediatamente fuiste a que tu papá te cargara y al ver que estaban desayunando también tú pediste, pero comiste poco.

Estuviste iluminando mientras fui a lavar, y cuando regresé me dijiste que Conchita no quiso jugar contigo.

Hace tiempo que no jugábamos en el comedor y hoy que lo hicimos recordaste cómo jugábamos y querías que lo hiciéramos; no lo hice tal vez por comodidad, pero ya lo haremos pronto.

Te pusiste triste porque con energía te indiqué cómo iluminaras y no como lo estabas haciendo, pero después se te pasó.

Me dijiste que encendiera la televisión y que si no pasaban nada nos íbamos a comer; para tu suerte, sí había caricaturas, sólo unos momentos la dejaste y después la apagaste.

Observaste el cuadro de la Santísima Virgen que tenía las flores marchitas y dijiste que fuéramos a traerle más; me mostraste las del laurel y otras amarillas. Cuando ya estaban colocadas dijiste que la Virgencita estaba muy contenta.

No querías comer crema de chícharo y al explicarte que te alimenta bien por ser verdura, con gusto te la comiste.

Con qué entusiasmo fuiste a preparar toallas, cepillos y ropa (para todos) porque nos íbamos a bañar; para papá llevaste una playera que casi no se pone (azul), calcetines (color naranja), pañuelo (azul marino) y calzoncillos (azules). Para ti, suéter (azul), chamarra (café) y playera blanca. No combinaba ningún color. Fuiste a la cocina y me preguntaste que dónde estaban los pantalones de papá porque no los encontrabas, tampoco mis vestidos, y te dijimos que iríamos nosotros a prepararlos, pero seguiste buscándolos.

Me pediste de cenar muy pronto porque tenías hambre y después preparaste Choco Milk.

Comentaste que cuántas cositas te compraría papá en Abasolo y te expliqué que deberíamos ir primero a la iglesia y al salir te compraríamos lo que quisiéramos, que siempre fuéramos primero a ver a Dios y después Él nos daría lo que quisiéramos.

Qué pronto te dormiste, estabas demasiado molesto antes de entrar a la iglesia porque tu papá te quitó el calibrador, ya después pensamos que pudo haber sido tu disgusto por el sueño que tenías.

Despertaste cuando ya veníamos de Abasolo y no quisiste quedarte en tu recámara y lo hiciste con nosotros, pero cuando te dije que tu hermanito lloraba mucho por estar solo, te fuiste con él a las dos de la mañana.

20 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 21, 1979

Tres años de edad

Perdóname hijito porque otra vez cometí una injusticia contigo: cuando te pasaste con nosotros a las tres y media de la mañana te hice regresar a cerrar la puerta y por el colchoncito para que te quedaras en el suelo, lo que hiciste fue llorar; despertó tu hermano y más aumentó mi coraje y te llamé mucho la atención, casi al momento me arrepentí de mi impulso pensando en cuánto te podía perjudicar mi actitud, perdóname pequeñito, perdóname.

Cuando despertaste recogiste tu colchoncito y la colcha con la que te cobijaste.

Me extrañó que enseguida te pusiste a iluminar, pero cuando llegó tu papá te fuiste con él a desayunar y al escuchar que iba para Abasolo me pediste que te arreglara, todavía habló contigo para hacerte comprender que te quedaras y no aceptaste.

Te pregunté cuando llegaste que qué te habían comprado y contestaste —Mmm, nomás unos chicles en la farmacia.

Seguiste iluminando y me pediste de comer pronto; cuando llegó tu papá te invitó a comer y le dijiste que ya lo habías hecho, pero sí rezaste con nosotros.

Cuando fuimos a caminar, con qué insistencia me pedías que ya nos fuéramos, y al ver que nos regresaríamos pronto, me pediste que fuéramos hasta donde estaba un nopal.

Tal vez te acordaste que una ocasión encontramos al paletero y me preguntaste que por qué ya no vendrá y te dije que porque ha llovido y contestaste —Y va a llover mucho todavía? Y estábamos comentando eso cuando me enseñaste con asombro que ya venía tu hermano a encontrarnos y me dijiste que cantáramos Los tres cochinitos.

Estaba hablándote Armandito* y no querías ir, después te dije que él quería jugar contigo y fuiste, lo curioso fue que después no te querías venir, lo hiciste hasta que te expliqué para qué te quería, te viniste y me dio gusto que recogiste la ropa que había lavado y venías con ella.

Después me comentaste que le ibas a regalar a Armandito una televisión porque te dijo que teníamos dos.

(En esta parte del manuscrito hay unos garabatos míos que no dicen nada y al lado una nota de mamá que dice: anotaste esto según tú para ayudarme a escribir)

Te arreglé para ir a Abasolo y como no te gustó el pantaloncito que te puse, te pusiste otro encima. Como tu papá no venía por nosotros, cada momento te asomabas para ver si venía, después me llamaste para que viera que ya venía pero era la luz de tu tío Javier, y al decírtelo te pusiste triste.

Cada momento me llamabas para decirme que hiciera Choco Milk, que ya habías preparado todo. No te lo hice porque estaba leyendo y sé que debí de hacerlo porque tenías deseos de tomarlo.

No rezaste esta noche porque te dormiste enseguida.

*Niño del rancho

19 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 19, 1979

Tres años de edad

Qué docilidad hay en ti para dejarte arreglar, estás tan cansadito aún, no puedes despertar bien y por eso te vestí casi dormido. Ya que supiste que íbamos a Irapuato, fuiste a la cocina para desayunar pero no lo hiciste porque era muy pronto y ya nos íbamos a Irapuato. Estuvimos dos horas y media en Abasolo, mientras arreglaban la camioneta; en ese tiempo fuimos a telégrafos, estuviste muy atento para ver si pasaba tu papá y como no lo hizo nos fuimos caminando; al pasar por la panadería me dijiste que te comprara un pan con bolitas y te lo comiste llegando a la camioneta, ya te veías cansado de tanto caminar.

En Irapuato pediste a tu papá que te comprara cuadernos para iluminar. Venías de la mano de los dos y tan fuerte te impulsaste para jugar con nosotros que te caíste y te pegaste en tu cabecita.

Te daba tu papá un durazno grande y no lo quisiste, dijiste que querías uno más chiquito.

Compramos ropita para tu hermanito y venías muy contento de verla. Me hiciste sentir triste cuando preguntaste que por qué no habíamos traído a tu hermano, te dormiste y al llegar a la casa despertaste. No creí que quisieras comer, pero lo hiciste, y muy bien.

Te dio mucho gusto ver a tu nonno y estuviste con él.

Cuando fuimos a Abasolo te fuiste con tu papá a hablar por teléfono.

Hiciste que rezáramos porque ya tenías sueño y enseguida te dormiste.

18 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 18, 1979

Tres años de edad

Tal vez por evitar que me molestara quisiste desayunar, pero no tenías apetito y sólo comiste un poco, te agradezco tanto ese sacrificio, que sólo le pido al Señor te permita ser siempre comprensivo.

Al final de la Santa Misa me pediste que te persignara y también rezaste.

En Abasolo, cuando compramos la verdura y la fruta que faltaron ayer, me decías, —ahora qué pongo mamá? Y rápidamente lo hacías para seguir ayudándome, sólo unos chiles no te los pedí porque ya llevaba, y el señor nos los regaló; después pediste una gelatina y cuando la probaste ya no la quisiste. Al ver el expendio donde venden jugos dijiste que querías un jugo de naranja.

Fuiste con tu papá a comprar tortillas y se las pediste y te veías ya cansado. Se adelantó un poco tu papá y al no verlo te asustaste pero estábamos cerca de ti, ya cuando nos viste te reíste y viniste corriendo.

Venías en el asiento de atrás cuando ya íbamos para la casa, escuchamos a tu hermano con gritos de alegría, entonces, al verlo, ya tenía chicle sobre el asiento y eso te causaba gracia. También tu comenzaste a hacer lo mismo y al explicarte por qué no lo deberías de hacer nos obedeciste y lo despegaste.

Me ayudaste mucho en la casa, lo primero que hiciste fue guardar lo de la tienda.

Me dijiste, —qué cree mamá, no hemos iluminado, e inmediatamente trajiste tus libritos y colores, y aunque sólo dos páginas iluminaste, lo hiciste con mucho gusto, al estarlo haciendo me viniste a avisar que tu hermano había hecho una travesura, había hecho del baño en tu recámara.

Después me pediste permiso de salir a jugar y te dije que lo hicieras pero que te cuidaras y te pusieras tus botas; después de un tiempo volviste muy angustiado y llorando diciéndome que te dio miedo porque las niñas del Señor Félix te habían dejado solo; te recostaste junto a mí y te quedaste dormido, pero al llegar tu papá oíste su voz y despertaste y te viniste a comer.

Otra vez querías mole y al ver que no había, comiste lo que te ofrecimos. Llegó tu nonno y saliste rápidamente para estar con él y cuando fui a verte, sólo tú lo acompañabas y me dijo que no querías platicar con él.

Después lo seguiste y estuviste jugando en la arena; como la regabas por venirte resbalando, te dijo tu papá que te bajaras, pero no quisiste y tuvo que pegarte con un cable chico y tal vez te lastimó la manita porque me enseñabas que viera qué colorado te había dejado.

Estuviste viendo el arcoiris y diciéndome los colores que tiene. Para que olvidaras que tu papá te había pegado, te dije que les llevaras unas hojas a las becerritas y no querías, pero ya después te volví a decir que se las llevaras y contestaste que ya se las habías llevado.

Fuimos a llevarles a tus tíos Javier y Martha unos elotes y estuvieron jugando tu hermano y tú con Esmeralda, y cuando ya eran 9.30 nos fuimos con tu papá y decías que tenías frío y nos venimos. Te dormiste muy tarde y tuve que llevarte cargando a tu recámara, porque momentos antes quise dejarte y contestaste que otro ratito con nosotros y que después te trajéramos.

17 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 18, 1979

Tres años de edad

Al despertar, como dormiste con nosotros, te pregunté si deseabas bañarte, contestaste que no, y más tarde (8.30) fuiste para que te bañara, ya cuando salí del baño habías desayunado con tu papá.

Otra vez muy temprano comenzaste a iluminar, y como hoy no estuve indicándote qué colores utilizaras, hiciste combinaciones muy graciosas.

Me fui a lavar y querías ir conmigo, pero al decirte que te quedaras con tu hermano para que no se saliera, dudaste, pero después te quedaste con él y en el fondo me agrada que seas comprensivo.

Desde muy temprano me pediste de comer y hasta las tres de la tarde lo hice, comiste muy bien, comentaste que ya estabas muy cansado de iluminar y te fuiste a jugar, después me pediste permiso de salir a buscar huevos y te dije que poco tiempo y regresaste pronto.

Después fuimos a caminar y me pediste que te cargara para poder ver bien todo el sorgo, al llegar a la orilla donde comienza a ponerse rojizo otra vez me pediste que te cargara y preguntaste que cuándo venía la trilladora y te expliqué que todavía faltaba tiempo para ello.

Me extrañó que a pesar de haberte comido dos elotes, me pidieras un sandwich cuando llegamos de caminar. Venías tan cansado que comentaste que no volverías a caminar porque te habías cansado mucho, te habían picado los moscos y hacía mucho calor.

Traías unas flores y venías cortándoles los tallos para que estuvieran parejas y como no podías querías hacerle con tu piecito y me dio tristeza y te dije que mejor yo les cortaba con las tijeras.

Cuando íbamos a caminar querías cantar «Las cinco vocales» en un mezquite, y tan cansado venías que ya no te acordaste siquiera.

Pusiste las flores en agua y no quisiste que tu hermano se las llevara, fuiste tú quien se las llevó a la Virgen.

Has estado muy inquieto, por lo que he buscado la forma de distraerte y tal vez has notado que a tu hermano, a ti y a mí, nos agrada recordar que una personita más vendrá a esta casa y me has pedido que vayamos a ver los pañalitos.

Seguiste muy molesto, pero sólo un momento, porque después hubo pasividad en ti por el sueño que tienes y me ayudaste a preparar choco milk, después rezaste y me dijiste que viera tus ojitos, por el sueño que tenías, y no tardaste en dormirte.

16 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 16, 1979

Tres años de edad

Me ayudaste a recoger la recámara y pediste de desayunar casi en seguida que te levantaste.

Estabas desayunando y como no terminaste fui a ver por qué no venías y te encontré con tus ojitos llenos de lágrimas y dijiste que tú papá te había pegado y tan triste estabas que te cargué y te llevé con él; como no te conformabas te llevé a caminar.

Prendió unos cuetes tu papá en el sorgo y te sobresaltabas mucho cuando tronaban y ya no querías que prendiera más.

Al llegar a la casa me fui a lavar y me pediste permiso para ir a las pacas a buscar huevos y te dije que mejor le ayudaras a la señorita Alicia en la cocina, pero no lo hiciste porque después llegaste de la bodega.

Estabas iluminando y al verme preparar de comer me recordaste que no te estaba haciendo mole como te prometí el día de ayer; inmediatamente cambiaron mis planes respecto a lo que estaba haciendo y te hice el mole. Me da gusto ver que valió la pena complacerte pues comiste muy bien.

Estuviste jugando con tus primos y estoy contenta porque trajeron un libro que olvidé en su casa hace aproximadamente un mes (de él te estoy enseñando a leer), ya nos habíamos atrasado en tus enseñanzas por no tenerlo.

Me has dicho desde esta mañana que encienda la televisión para ver los muñequitos (así les dices a las caricaturas) y al ver que ya no pasan lo que deseas prefieres apagarla.

Fuiste con tu papá a Abasolo y regresaste dormido y despertaste hasta las seis y media de la tarde.

Seguiste jugando con tus primos hasta que te cansaste; llegaste donde yo estaba diciéndome que te habían dado rompope.

Como dormiste tanto en el día, hasta las 12 de la noche te volviste a dormir.

15 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 15, 1979

Tres años de edad.

Tal vez sentías todavía sueño esta mañana, porque al estar rezando preferiste hacerlo acostado. Sabiendo que con tu inocencia vale ante Dios todo lo que con amor le digas, te dejé que siguieras rezando así.

Fuiste al baño y te lavaste tus manos, después me pediste de desayunar, y al llegar a la cocina acercaste unos huevos a la estufa y cuando te pregunté que cómo querías que te hiciera uno, contestaste que los habías llevado para que le hiciera a Alejandrito y que a ti te hiciera un sandwich.

Te fuiste después a iluminar, pero muy poco tiempo, porque dijiste que te cansabas. ¿Sabes qué iluminaste? Un dibujo que tú mismo hiciste.

Qué respetuoso eres, sabes que cuando escribo prefiero estar sola y estabas buscándome, cuando me encontraste quizá te tranquilizó saber que estaba cerca de ti porque al verme sonreíste y otra vez te saliste y cerraste la puerta. Estaba lavando y escuché que lloraba Alejandro, después me dijeron que tú le pegaste.

Me asomaba de vez en cuando a la recámara donde te quedaste y estabas iluminando. Cuando regresé, otra vez le pegaste a tu hermano porque él no le quiere prestar unos dados a la niña que está jugando contigo. En un costal había juguetes y todos los vaciaste y con qué imaginación hiciste con todos ellos una casita.

Ya regresaba de lavar cuando tú, por el lado opuesto de la casa, saliste a buscarme, y al no encontrarme te regresaste, y al verme te reíste mucho.

Fuimos a cortar flores para la Santísima Virgen y con qué alegría las llevaste hasta donde estaba la bendita imagen.

Cuánto capricho hiciste cuando comiste, te explicamos que no había mole ni chilaquiles, que fue lo que pediste para comer, al ver que no comprendías por qué no te dábamos, nos hiciste enojar y estuviste llorando; ya que estuviste más calmado te comiste un huevo y un aguacate.

Cuando fuimos a caminar, con qué cariño le hablaste a tu hermano, le decías que no se fuera a espinar y para que no llorara seguiste diciéndole con mucho cariño que íbamos a cortar florecitas. Al oírme decirle a tu hermano que parecía que estaba el paletero, me desmentías diciendo, —ay mamá, no es el señor de las paletas, es Lucy.

Me pediste por segunda vez desde siempre que te encendiera la televisión y tuve que estar tratando de explicarte lo que me preguntabas acerca de lo que veías. Ya que terminaron las caricaturas tú mismo la apagaste. En un comercial, un niño tomaba Milo y por eso me pediste que te hiciera Choco Milk; sólo medio vaso te tomaste porque dijiste que le ibas a guardar a tu papá y a Alejandro. También llevaste varios huevos porque querías que sobrara para ellos.

Con qué rapidez te vistes ya, bueno, también yo lo hice de ayudarte porque íbamos con tu papá a visitar a la Santísima Virgen. Te ibas a dormir pero te dije a dónde íbamos y ya no lo hiciste. Como siempre, parece que se ponen de acuerdo tú y tu hermano, comenzaron de inquietos en la iglesia y los llevé afuera; te expliqué que allí deberías de portarte bien y así lo hiciste, después tú mismo me pediste que volviera a cantar «que Viva mi Cristo» y rezaste. Al salir, te mojaste; después te estabas comiendo una tortilla y te quedaste dormido.

14 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 14, 1979

Tres años de edad.

Pediste de desayunar muy temprano, tú mismo te lavaste las manos y comiste bien.

Ahora sí iluminaste desde temprano, lo has hecho muy bien. Estuviste jugando con él, lo hiciste llorar porque fuiste brusco con él (con Alejandrito).

Me fui a lavar y me dijiste que sí me esperabas, pero a cada momento salías y nuevamente entrabas a la casa, hasta que por fin te quedaste conmigo y me estuviste ayudando a lavar y de regreso terminé de hacer de comer y me pediste que ya te sirviera porque tenías hambre pero comiste muy poco.

Estuviste iluminando después de que comiste, pero al llegar tu papá a comer, nos acompañaste en la mesa y volviste a rezar. Otra vez hiciste llorar mucho a tu hermano porque no quería dejarte sentar en la silla que estaba junto a la de tu papá.

Te fuiste a jugar con las niñas* a las pacas y te llamé pero no quisiste venir; hasta que ya viste tus zapatos tan sucios y tu ropa, regresaste, y cuando ibas a entrar te dije que te salieras, que así de sucio no te quería y te quitaste los zapatos y tobilleras para poder entrar y rehuías acercarte donde yo estaba, presintiendo tal vez que te llamaría la atención.

Después de un rato volviste a iluminar y no sé si te desesperaste pero tiraste todos tus cuadernos y lápices al suelo y al pedirte que los recogieras no quisiste, hasta que después te los levantaron.

Te pedí tus zapatos para arreglarte y no los quisiste traer, y aunque estaba lloviendo, casi te exigí que fueras por ellos; desde lejos estuve viendo de dónde los sacabas y los habías escondido debajo de la camioneta, entraste mojado de tu ropa, otra vez con tu cara triste por ver tus zapatos así, y para que comprendieras un poco, te expliqué que por eso no quería que te fueras al lodo, y sin que me diera cuenta, los llevaste al lavadero y ahí los estabas lavando por dentro, ya tenían mucha agua cuando entré y entonces ya no te regañé, al contrario, sentí tristeza de verte tan preocupado, te pedí periódico para secarlos por dentro y al mojarse el periódico, los estabas secando en la cocina con una servilleta, por lo que al verme, inmediatamente dejaste la servilleta.

Llevé los zapatos a tu recámara para arreglarte y te estabas poniendo los tenis que acababa de lavar, te los quité diciéndote que podía hacerte daño.

Desde el cumpleaños de Alejandro, quedó en ti el deseo de comer sandwiches y pediste hace un momento que te hiciera uno con aguacate y jamón y te lo comiste muy bien. Cuando nos íbamos a la santa misa te acordaste que siempre llevo algo para cubrirme la cabeza y me diste un velo, ojalá Dios quiera que así como en la sencillez de haber encontrado algo que no sólo me agradaba sino también al Señor, busques siempre lo que le gusta a Dios. Qué bueno que estuviste con devoción en la iglesia, aunque dejó que desear tu actitud frente a la Santísima Virgen, estabas muy inquieto pidiéndole leche a tu hermano de la que le sobró.

Íbamos a seguir en la iglesia por lo que te pedimos que te quedaras en la camioneta y no quisiste y tuvimos que llevarte con nosotros, pero te portaste muy bien, te veías muy atento y poco después te quedaste dormido.

*Vecinas

13 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 13, 1979

Tres años de edad.

Qué hermoso día tan lleno de alegrías y satisfacciones, cuánto me has ayudado, sin que yo te diga has hecho tantas cosas agradables, por ejemplo jugar con tu hermano así, sin enojarse, cuidándolo, ayudándome a recoger todo lo que estaba tirado y llevarles de comer a los animales (al irte, te dije que les dejaras ahí el traste y después lo recogíamos, y al regresar me dijiste, —mamá, se los tiré en el camino, me vine con cuidado, enjuagué el traste y ya llegué). Al guardar los limones que lavé, los pusiste en una servilleta y después los guardaste y comentaste, —ya ve mamá, cómo sí soy muy listo, puse los limones en la servilleta, junté las esquinas y los metí a la bolsa y los vacié, ¿verdad que Lucy* no es muy lista?

Al guardar las bolsas de verdura que habías sacado dijiste, —ay mamá, no se ve la de los limones, yo creo que está hasta atrás, y al encontrarla exclamaste, —ya ve, mamá, cómo sí estaba hasta atrás, y al seguir metiéndolas muy preocupado comentaste, —¡ay mamá! ¿Qué cree que me pasó? En lugar de guardar la bolsa de los chiles de arriba la agarré de abajo y se vaciaron todos y no quedó ni siquiera uno.

Me fui a lavar la terraza y recogiste todo lo que estaba tirado, llevaste más comida para los animales que había tirado tu hermano, me ayudaste a sacar el agua y después estuviste trapeando, en un momento llegó tu papá y le dijiste que viera qué bonita te quedó la terraza que habías trapeado por toda la orilla y después por en medio y que ya estabas muy cansado.

Como estaba lloviznando te dije que me esperaras, y como tu papá trajo unas cosas de Abasolo te quedaste muy cargado pues apenas podías con todo.

Estaba lavando y saliste a decirme que todo habías guardado muy bien pero que las tortillas se habían desacomodado, que fuera a verlas, y te dije que después iba a arreglarlas; casi enseguida llegaste otra vez a decirme que había despertado Alejandro, que tú no lo habías despertado; al entrar te vi tomándolo por los hombros y diciéndole, —ya no te vas a acostar, ven para que mamá no se enoje; te dije que ya lo dejaras porque había dormido bien.

Cuando tu papá se iba a darles de comer a los puercos, tanto lloraste que tuvo que llevarlos con él y regresaron muy cansados.

Nos fuimos a bañar y no se opusieron ni tú ni tu hermano a que los arreglaran. Llegando de Abasolo ya tenías demasiado sueño por lo que rezaste y después de dormiste.

* Empleada doméstica

12 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 13, 1979

Tres años de edad.

Aunque tuviste momentos de distracción, te portaste muy bien en la santa misa. Unos globos que traía tu primo Israel fueron los que te llamaron la atención, querías inflarlos pero no pudiste, después te los pedí y sí me los diste. Al terminar la misa tú mismo fuiste a pedirme que te persignara y rezara contigo.

En Abasolo anduviste con tu papá, después me acompañaste a la carnicería, y al ver a tu hermano cerrar las puertas, en lugar de decirle que no lo hiciera, también tú lo hacías, las cerrabas. Cuando llegó tu papá por nosotros, Alejandro no quería irse a la camioneta y le doblaste su mano; lloró tanto el pobrecito que te asustaste.

Te gusta guardar el mandado de la tienda y al llegar de Abasolo fue lo primero que hiciste, es casi seguro que lo haces para ver qué compramos

Vinieron tus tíos Amalia y Lito y estuviste jugando con tus primos, después todos se fueron a jugar menos tú, poco después te fuiste pero regresaste enseguida porque ya estaba comenzando a llover.

Fuiste a pedirme que te diera de comer, yo estaba platicando con tu tía Amalia y otra señora, por lo que te pedí me esperaras, pero casi enseguida me pediste otra vez y fui a darte; comiste muy bien, después me dijiste que ya tenías sueño, que nos fuéramos a la recámara a rezar y cuando rezamos me salí y otra vez me seguiste y estuviste así como 40 minutos, hasta que por fin te dormiste.

11 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 12, 1979

Tres años de edad.

Con qué prontitud has colaborado para tu arreglo, pensando que iremos a Irapuato. Tu papá no pudo ir por tanto trabajo que tiene y tuve que ir en camión. De regreso me sentí muy contenta porque me dijeron que te portaste muy bien, sólo que en ese momento cambió un poco mi entusiasmo ya que no quisiste comer, la hiciste más tarde, lo que me dio más tranquilidad. Claro que hubo un poco de interés a cambio (según tú) de comer muy chulo (así acostumbro a veces decirte, si comes bien te doy o hacemos algo). Sé que hago mal en ofrecerte algo a cambio de que comas y poco a poco espero cambiar esa actitud. Por eso, después de que comiste, pediste los carritos que compramos para repartirlos a los niños en la fiestecita de tu hermano. ¿Sabes para qué los querías? Otra vez dices de vaciarlos y volverlos a llenar de dulces, ahora sí te los dio tu papá.

Cuando observaste que le puse a tu hermano shampoo, pediste que también a ti te pusiera para que saliera brillosito tu pelo en las fotografías. Qué lindo te ves así como te arreglaron.

Cómo te desespera ver la puerta que conduce a la terraza que están arreglando con globos porque quieres ir a ayudar, después te conformaste al ver que íbamos a Abasolo.

Todo lo que te llama la atención quieres que te compre, y tal vez sea la primera vez que no lo hago, tratando de que comprendas que dentro de unos momentos comerás con tu hermano y los niños.

Las velitas que compramos para el pastel hicieron que un poco te olvidaras de que te comprara algo, y mencionabas mucho que dónde iban las velitas, que cuántas encenderíamos y venías muy contento con ellas.

Ya te venías durmiendo y tratamos de evitarlo diciéndote que ya íbamos a llegar y que ya haríamos la fiesta de tu hermano.

Disfrutaste verdaderamente de la alegría que nos embargaba a todos. Ya que íbamos a cenar, no tenías lugar en la mesa y busqué un lugar vacío y estuviste comiendo bien.

En casi todas las fotografías querías salir también tú. Cuando estaban quebrando la piñata no quisiste pegarle, dijiste que en tu cumpleaños sí la ibas a quebrar tú.

Igual que a tu hermano, les causó incalculable alegría jugar con el confeti.

Ya que se fueron todos de la tabla en que colgaron la piñata, ataste el lazo con pedazos aún sin quebrar y con tu hermano terminaste de hacerlo.

(Nota fuera de los márgenes de la página: 2-oct. el santo padre Juan Pablo II visitará N. York)

10 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 11, 1979

Tres años de edad.

Al escuchar la conversación de que iríamos a Abasolo fuiste a traer ropa limpia y tus zapatos para que te cambiara, y tú mismo me ayudaste a hacerlo.

Como sientes siempre esa ilusión de hacer algo que te agrade, haz pedido tantas veces los carritos que trajimos para mañana primero Dios, porque los quieres llenar de dulces.

Estuviste con tu papá en Abasolo mientras fui a comprar unas cosas, otra vez traías dulces (chicles) de la farmacia y me dijiste que me estaban buscando.

No hiciste otra cosa al llegar sino ver todo lo que compré y parece que encontraste el trajecito en una de las bolsas (el de tu hermano te gustó más que el tuyo). Seguiste con la ilusión de llevar los carritos de dulces y fue por eso que comiste muy bien.

Cómo nos ayudaste a preparar lo del pastel para tu hermano, muchas gracias pequeñito por evitar que tu madre se canse.

Con qué alegría recibiste a tus primos Israel y Alberto, te portaste bien con ellos, a comparación de antes, que siempre les pegabas.

Por fin se cumplió tu deseo de ponerles dulces a los carritos y lo que ahora me sorprende es que me digas que hay que vaciarlos para llenarlos otra vez.

Chiquito santo, jamás tendré perdón de Dios por haberte pegado así, no sé por qué no comprendo que siempre se pelean así los niños y siempre injustamente se pegan como lo hiciste con Alejandro. Pero, como no comprendes, tienes justificación; pero yo, hijito, ¿por qué lo hice? ¿Por qué siento, con todo el corazón, de jurarte que jamás tocaré tu cuerpecito? De decirte ante Dios que prefiero morir antes que cometer otra injusticia contigo. No merezco tu cariño, si es que lo sientes. Observo tu carita ya sin reproche y más triste me siento, perdóname, cariñito, perdóname.

Me mostraste tu manecita y tu sentaderita donde te pegué y, al decirme, —mire cómo me quedó, sentí cómo se desgarraba mi corazón y cómo deseo desaparecer para ya no causarte daño. Me dices que me perdonas y te muestras muy cariñoso conmigo y casi enseguida rezaste y te dormiste.

9 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 10, 1979

Tres años de edad

¿Por qué te empeñas en seguir siendo más que una de las mayores aventuras de mi vida, mi razón de vivir? Así con esa alegría, más que enfado por venir a desvelarnos al llegar a la recámara a una hora tan incómoda, qué dócil fuiste a nuestra petición de que te duermas en el suelo por no caber los cuatro en la cama*.

Qué cariñoso estás con tu hermano, lo abrazas y le dices palabras de mucho cariño hasta que esos cariños lograron despertarlo.

Demasiado contento te fuiste al baño para que te bañáramos y antes de terminar de hacerlo nosotros, ya estabas terminando de desayunar y, como costumbre que se está haciendo en ti, enseguida prendiste tu carrito y le dices a tu hermano que no lo toque.

Cuando me fui a lavar te fuiste conmigo y qué bien recogiste todo lo que estaba mal puesto en una parte del jardín, recogiste piedras y las acomodaste en un solo lugar, la basura la llevaste a tirar y te veías muy cansado y asoleado.

Comiste demasiado poco y al preguntarte el por qué, contestaste que no tenías hambrita.

Fuimos a caminar y de regreso a la casa le pedí a un señor que vendía paletas que nos esperara por favor y cuántas paletas se comieron y tanto corriste por llegar pronto a donde estaba el señor que te caíste dos veces.

Me preguntaste que por qué a papá no le había comprado paleta y te contesté que estaba en el refrigerador, y al escuchar el tractor en el que llegó tu papá, corriste a encontrarlo y le dijiste que viniera a comerse las paletas que le habías comprado, y al estarse comiendo una, le estabas quitando el papel a otra y te dije que ya no comieras y dijiste que se la ibas a dar a tu papá.

Aunque no lo creas, me has ayudado mucho este día a hacer las gelatinas para el cumpleaños de tu hermano, y con cuánta alegría vienes a cada momento al refrigerador para ver si ya están cuajadas.

De las seis de la tarde en adelante cómo le has pegado a tu hermano, no porque seas injusto sino porque no aceptas que él te haga nada.

Al llegar a Abasolo ya te estabas durmiendo pero al decirte que te compraríamos un trajecito hiciste muchos esfuerzos por no hacerlo.

Hiciste que consiguiera dinero para comprarte una paleta y para darte 50c y tuvieras chicles que hay en unos vitroleros en la farmacia. Ni siquiera probaste la paleta.

Llegamos a la camioneta y esperaba que te durmieras enseguida, pero con gran curiosidad estuviste viendo todo lo que te había comprado.

*Supongo que se refiere a Alejandro, el hijo más pequeño en ese momento.

8 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 9, 1979

Tres años de edad.

Esta mañana rezaste con tu hermano y conmigo, ya tenías días que no lo hacías.

Cuando me fui a lavar, saliste a decirme que ya papá quería desayunar, que decía que me viniera. Al preguntarte que si había despertado dijiste que no, pero que a lo mejor ya tenía hambre. Como ayer, tampoco quisiste esperar a tu papá y desayunaste con tu hermano.

Al terminar sacaste tu carrito y cuando lo creíste conveniente lo apagaste y al ver a tu hermano llorar, me pediste que le dijera que ya se había calentado mucho y por eso lo habías apagado.

Hace mucho que no grabamos nada y hoy lo hicimos, pero por ti, pues me pediste que grabáramos y efectivamente estuviste rezando para que se grabara. Estuviste escuchando la grabación anterior y siempre la interrumpías preguntando que por qué decías todo eso.

Me pediste de comer muy pronto y tuviste suerte porque cuando ibas a comer llegó tu papá y comimos todos en un ambiente de cordialidad.

Al ver que estaba cosiendo me dijiste, —mamá, vamos a coser las cositas de mi niñito, y te contesté que sí.

Estabas iluminando y cómo te admiro al ver tu inteligencia, ya que si iluminabas con determinado color, decías, —¿ilumino esto, esto y esto porque van de este color? Y te apoyaba diciéndote que tú ya sabías iluminar muy bien (es un librito del que se copia de otro dibujo ya iluminado).

Al ver que en lugar de apoyarte en la cama donde estabas iluminando lo hacías en la pared, te dije que así te ibas a cansar mucho, que lo hicieras mejor sobre otro libro y dijiste que se te rompía si no iluminabas en la pared. Ya que te expliqué, parece que comprendes bien.

Hijito, perdóname ángel mío, te llamé la atención de tal forma que provoqué ese llanto tan triste. Se debió a que te pedí que apagaras la leche y al ver que no regresabas te hablé muy fuerte por el temor de que te fueras a quemar y lloraste, y después te expliqué por qué lo hice, —una hermanita de tu abuelita tanto se quemó con leche caliente que murió, y al recordarlo sentí mucho miedo.

Eso no fue todo, porque después me olió a leche quemada y fui a la cocina y se había tirado y te volví a llamar la atención y diciéndote que por qué me engañaste que sí le habías apagado y me dijiste que te habías equivocado, pero ya no te ibas a equivocar, y qué gran lección me dieron tus palabras. Si nosotros los adultos que tenemos conciencia de los errores los seguimos cometiendo a cada momento, tú, pequeñito, apenas tienes tres años y me atreví a regañarte así, perdóname mi niño, perdóname. Al darme cuenta de mi error, con qué desesperación te abracé, y sólo yo me culpé.

7 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 8, 1979

Tres años de edad.

Estuviste iluminando desde muy temprano y sigues con la idea de iluminar pronto tus cuadernos. Cuando estábamos desayunando me dijiste, —¿mamá, por qué yo le hablaba y le hablaba cuando me pasé a su cama y estaba bien dormida y no me contestaba?

No esperaste a tu papá a desayunar porque dijiste que tenías mucha hambre. Me siento muy contenta al ver que ya casi comes bien.

Qué feliz estás porque viste un avión.

Mostraste mucha atención al verme coser en la máquina nueva, al explicarte lo que estaba haciendo me decías, —¿me dice para que aprenda? Y te contestaba que sí.

Comiste poco y por eso me dijiste tan pronto (a las seis) que te diera ya de comer y lo hiciste muy bien. Ya no cuesta trabajo cambiarte, tú mismo nos ayudas a hacerlo.

Chiquillo travieso, si en ocasiones tu comportamiento es extraordinario en la celebración de la santa misa, ¿por qué tu comportamiento fue tan malo este día? Aventabas tu biberón, te subías al confesionario, la tablita donde nos hincamos la levantabas, y a tal grado llegaron que tu papá tuvo que salirse con ustedes.

Fuiste conmigo a comprar estambre y al pedirte que ahí me esperaras, en lo que iba a la tienda, me dijiste que no porque ibas a comprar un chicle y tuve que llevarte.

6 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 7, 1979

Tres años de edad.

Preciosito, en qué poco tiempo nos has causado tantas satisfacciones. Como de costumbre, te pasaste a nuestra cama; al levantarte me ayudaste a preparar de desayunar, y me decías que ya te sirviera, que tenías mucha hambre, y comiste muy bien.

Al ver que tu papá ya se iba a Abasolo, me dijiste que te diera ropita para tu hermano y para ti porque iban a comprar chicles. A cada momento me preguntabas si ya íbamos por tu carrito, y cuando nos lo dieron dijiste que tú te lo llevabas y estuviste rompiéndole a la bolsa para verlo y decías que viera qué bonito se veía, que a qué hora le compraríamos las pilas.

No querías que tu hermano jugara con tu carrito. Después de explicarle a Alejandro que no lo fuera a romper, accediste a prestárselo.

Me extraña un poco tu conducta que siempre que vayamos a caminar quieras que te lleve de la mano.

Estamos contentos porque comiste bien, hasta me pediste tortillas de harina [de trigo] de las que estaba haciendo.

Llegando de Abasolo seguiste iluminando tus cuadernos porque recordaste que tienes muchos por iluminar y quieres que tu papá te compre pronto más.

Hablaste por teléfono con tu abuelita y me dijiste, —Mamá, tú crees que mi abuelita me preguntó que cómo seguía y yo le dije que bien.

Preparaste el carrito que te compró papá, con las pilas, y al verlo caminar y escuchar las sirenas, cuánta alegría experimentaste. Al pedirte que lo alzáramos porque se calentaba del motor, accediste de inmediato comprendiendo que debes de cuidarlo.

Al vernos hacer tortillas de harina [de trigo] nos dijiste que te hiciéramos dos pasteles y guardáramos uno.

Cuando escuchabas ruido de camiones que traían material decías que ya venían las muchachas, que como que sí eran y como que no. Al llegar te pedí que te fueras a jugar, no quisiste ir, y talvez sin darte cuenta qué decíamos, presenciaste la mayor parte de nuestra reunión.

Llegó tu papá y estuviste cenando con él. Ya que se fueron las personas que vinieron, estaba lloviendo y te saliste. Al ver que tu hermano no entraba a la casa contigo dijiste, —¿verdad que van a inyectar a Alejandrito si no se pasa? Y te dijimos que sí.

Se fueron a ver la televisión, y es raro en ti, ya que casi no te llama la atención verla.

Me fui cuando terminé de recoger la cocina a enseñarte la palabra de hoy y me sentí muy triste que no me despedí de ti, ni rezamos.

5 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 6, 1979

Tres años de edad

Chiquillo, hoy que no debes de comer, lo primero que pediste fue chile y frijoles, ojalá no te haga daño.

Fuimos a la santa misa y qué bien te portaste, ya participas más y también cantas.

De regreso de Abasolo me pediste una tortilla y fue por eso que ya casi no quisiste comer.

Te veo tan juguetoncito y alegre y sé que el Señor escuchó nuestro ruego de que te mandara la salud. También se lo pediste en la misa de este día, ¿ya ves cómo a un angel bueno siempre lo escucha el Señor?

Estaba con unas personas a las seis de la tarde y fuiste por mí para que te diera de comer y aunque fue poco lo que comiste nos dio alegría que lo hicieras.

4 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 5, 1979

Tres años de edad.

¿Por qué nos preocupas así? Con esa negativa para comer, y te ves tan triste que ya no sabemos qué hacer.

Con qué angustia reprimida se observa esa carita pálida y triste. De vez en cuando te enojas con tu hermano.

Te sentaste tan rápido que te lastimaste donde tienes una bolita de una inyección y por eso lloras.

Compramos unos duraznos porque sabemos que te gustan y porque no has comido nada, pero al ofrecerte no quisiste.

Te complace mucho un camión largo que lleva varios coches, también un avión fumigador que va a muy baja altura. Llegando a Irapuato dijiste ¿verdad que ya llegamos a Irapuato? Y como tu hermano dice que no, le dices a tu papá —Oye a Alejandrito, dice que no llegamos a Irapuato. Cuando fueron por mí a Singer me enseñaste una pomada para los labios que te compró tu papá, y fue entonces que vi que todavía traías el durazno que te habíamos dado. Todo lo que te ofrezco para comer sigues rechazándolo.

Por fin pediste un sidral y te insistí que tomaras un poco más y dijiste que te dolía la boquita y después volviste mucho el estomaguito. No sabrás jamás cuánta tristeza siento al verte así, caminando con esa inseguridad y fragilidad en tus piernitas; pero le ruego al Señor, hijito mío, que yo sufra todo lo que sea necesario, pero tú no, chiquito, tú no.

Veo esas manecitas santas y no sé qué hacer al recordar cómo constantemente te las llevas a la boquita cuando te ofrecemos algo de comer, tratando de evitar que pudiéramos darte a fuerza.

Sigues enfermito del estomaguito porque gritas cuando te duele, pero con el fin de que te enseñe lo que compramos para el cumpleaños de Alejandrito, me dices que sí vas a comer.

Encontraste el libro donde rezamos y me preguntas que si ya vamos a rezar y te contesté que cuando llegara papá y contestaste que aunque sea el Padre Nuestro y el Ave María para que venga pronto tu papá.

Creí que se estaban enojando tú y tu hermano, y al preguntarte qué estaban haciendo, contestaste que te había dado muchos besitos.

Tomaste suero y pediste té de manzanilla que tú mismo preparaste.

Oyeron ruido y, pensando que era papá, se asomaron, pero le dijiste a tu hermano que él no saliera porque ya estaba arregladito y después se podía ir a las piedras y ensuciarse su ropita.

3 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 4, 1979

Tres años de edad.

Chiquito, ¿por qué hay tanta injusticia contigo, y precisamente de mí, quien tanto te quiere?

Esta mañana (2 am) llegaste con nosotros, como siempre, dejaste las puertas abiertas de tu recámara y la nuestra, se metieron los moscos, nos mojaste la cama. Sin pensar que son cosas maravillosas de tu edad, te jalé una orejita y lloraste. No conforme, te seguí llamando la atención sobre lo que, según yo, hiciste mal, pero no ha sido algo que no olvidaré, algo que forma parte de tu preciosa infancia.

Qué triste y decaido te ves, tal parece que pasate una noche en vela, no desayunaste, sólo un poco de café y té.

Tu inquietud ha sido que no te vaya a inyectar, tal es tu preocupación que en sólo seguirme has pasado la mañana, diciéndome —¿ahora no me va a inyectar? Y lo que has conseguido para terminar tu obsesión ha sido inyectarte de una vez. Cómo has sufrido amorcito, con cuánta paciencia pasaste este sufrimiento, ya que esta última inyección se aplicaba muy lentamente, se llama Benzetacil combinado. Cuánto tiempo estuve después contigo para consolarte.

Sacamos tus colores y libros para iluminar y no logré distraerte, has estado tan decaido (demasiado) que me siento preocupada.

Por fin algo llamó tanto tu atención, un avión que pasa muy cerca y te causa mucha alegría.

Te abracé por toda la ternura de verte tan delgadito y me diste un besito. Llegaste a la cocina y me pediste agua, te dije que mejor té de manzanilla y tú mismo lo preparaste y, al terminártelo, me diste las gracias. ¡Qué lindo eres hijito!

Después me pediste agua y nuevamente me dijiste: —Gracias mamá, por el agua que me dio. Pienso que yo por qué no te doy las gracias por tanta alegría que me das.

Dices que tienes asco y que con té se te quita y traes un sobre para prepararlo. Comiste bien, me siento contenta ya que no habías desayunado.

2 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 3, 1979

Tres años de edad.

Estás tan pelionerito con tu hermano que tuve que darte desde tan temprano tu manacito. Al desayunar escuchaste que te vamos a inyectar y nos dices que no, que mejor a Alejandrito.

Estuviste iluminando, al principio mal (a un jugador le pintaste una pierna negra y otra verde, la cara azul, en fin, todo mal).

Como me hiciste sentir triste al inyectarte, talvez pensaste que de todas formas lo haríamos y tú mismo te acomodaste y dijiste, —Mejor así. Lloraste pero ya menos que otras veces.

No te habíamos bañado porque sigues con catarro, pero lo hicimos al ver tu deseo de hacerlo, te recomendamos no salir mucho porque todavía no estás muy bien y obedeciste muy bien.

Seguiste iluminando, pero ahora mucho mejor, hasta muy tarde. Comentaste que te sentías muy cansado y fuiste a arreglar unos hilos donde yo estaba cosiendo.

1 de agosto de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 2, 1979

Tres años de edad.

Llegaste con nosotros de tu recámara a las tres de la mañana y ya no te quisiste ir a tu recámara.

Ahora sí, gracias a Dios, estás muy mejorado. Haz jugado con Alejandrito queriéndolo despintar porque se pintó la boquita con mis pinturas.

Has iluminado con bastante precisión y constantemente preguntas si está bien. Desayunaste un poco más que ayer y lo que tomas con agrado es el té de manzanilla.

Al darte cuenta de que te íbamos a inyectar comenzaste a llorar, tuvimos que sujetarte entre Alicia, Luz y yo, casi enseguida te conformaste y ya estabas contento.

Hijito santo, perdóname amorcito nuestro por haberte tratado mal. Creí, o tal vez fue a propósito, que tiraste tus colores, y como estás tan sentimental, te di un manazo y lloraste en forma que nos aturdía y cerré la puerta. Después entré y te sujeté por el bracito queriéndote hacer reaccionar que no deberías llorar, y no sé si te toqué tu carita o qué pasó pero te salió sangre de tu naricita y sabes cuánto sufriré por eso cada vez que lo recuerde.

Seguiste iluminando con la ilusión de terminar pronto y te compren más cuadernos de iluminar, por eso, cuando escuchaste que venía tu papá, más rápido iluminaste para que tu papá viera que ya habías terminado.

Quisiste que bajaran de la vitrina los dulces que hay para el cumpleaños de tu hermano. Al asomarme para ver qué estabas haciendo, vi tu boquita llena de dulces y te pedí que ya no comieras porque te pueden hacer daño. Salí para recoger los dulces y me dijiste que mejor los formáramos.

Ya comienzan otra vez tus travesuritas, pediste que te llevaran a las pacas, regresaste con huevos y oímos que algo hacían en la cocina y vimos que ya habían hecho cuatro huevos revueltos y, pensando que te los pudieras comer, te dije que no lo hicieras por estar delicado y dijiste que los ibas a guardar para papá.

Fuimos a caminar y cortaste flores y me dijiste que eran para mí. Al estarlas cortando, cuando esfuerzo hiciste y con qué propósito deseabas no dejar nada de flores, hasta que te dije que esas las dejaras porque estaban feas. Llegando a la casa las pusiste en agua.

Qué contento te mostraste al saber que iríamos a Abasolo, dijiste que te ibas a dejar arreglar y al estar allá tu primer comentario fue que dónde íbamos a comprar tu libro de iluminar, y al llegar a la mercería y zapatería, dijiste que te comprara unos huarachitos y te contesté que después. Fuimos a otra tienda y me dijiste que te comprara unas pinturitas de agua para tu hermano y te recordé que él todavía no puede y dijiste que se las comprara y tú le enseñabas cómo se pintaba, hasta la persona que estaba ahí se rió de ti al ver tu ingenuidad. Después tu carita se iba poniendo triste al ver todas las tiendas cerradas. Te conformaste un poco cuando pregunté en la única que quedaba abierta y ahí encontré lo que querías. También pediste plastilina (porque escuchaste en el radio que a los niños les ayuda mucho jugar con plastilina), te dije que no y me recordaste que hoy dijeron en el radio la conveniencia de comprarla y eso me hizo cambiar de opinión. Qué feliz venías con tu preciosa compra.

¿Sabes una cosa mi niño? Hoy cumples un año de que comenzaste a aprender a leer. Me siento contenta de que a pesar de haber transcurrido en ocasiones lapsos un poco largos sin enseñarte, hemos seguido adelante y ahora me propongo hacerlo hasta el final.

31 de julio de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 1, 1979

Tres años de edad.

Hoy ha sido un día demasiado triste, no sólo para ti sino también para nosotros. Sentimos tal desesperación de verte desde que naciste tan enfermito que hemos tratado por muchos medios de que tomes la medicina, y lo único que hemos logrado es crear una crisis que, le rogamos al Señor, se borre muy pronto de tu ser.

Papá te pegó, también lo hice yo, pensando que era un capricho, te quisimos dar esas cápsulas remojadas para que estuvieran suaves y te las pudieras pasar, pero ni siquiera abrías la boca, hasta café con leche te dimos (y no te podíamos dar) y tampoco te las tomaste y lo último que hicimos fue inyectarte para ver si viendo tú la jeringa lo querías, y todo fue inútil. Después te mostré la imagen del divino Rostro, explicándote que Él quería que tú no sufrieras, que por favor te la tomaras para que ni papá ni mamá te pegaran ni se molestaran contigo, pero seguiste con tu negativa, por lo que decidió tu papá ir a hablarle por teléfono al doctor y ya fue que te administraron la misma medicina —Chloromycetin— en suspensión.

Cuando comimos tal vez pensaste no molestarnos porque advertía en ti ese deseo por querer comer, y al tratar de hacerlo, tu estomaguito no correspondió, y sólo cuatro cucharaditas de caldo tomaste.

Con la esperanza de que no te hiciera daño, te di huevo y nuevamente te sentiste mal, sólo comiste un poco. Ya no tienes fiebre, gracias a Dios, y te veo muy mejorado, hasta escribiste esto*.

Después me seguiste a donde quiera que fuera y decías que nos fuéramos a dormir, que ya estabas muy cansado, y preguntaste mucho por tu papá. Tuviste suerte, porque cuando nos disponíamos a dormir llegó tu papá y qué feliz te mostraste al ver que te trajo una caja de colores y chicles.

Después te pedimos que te fueras a tu recámara a dormir y no quisiste, te insistimos diciéndote que Diosito, la Santísima Virgen, tu ángel de la guarda y Alejandrito estarían contigo, fue entonces cuando dijiste que mejor te lleváramos cuando estuvieras dormido y accedimos a tu petición con mucho gusto.

Otra cosa que olvidé decirte es que tu única travesurita fue de rayar con un crayón rojo la máquina de coser y un vidrio de la ventana.

*No hay referencia a lo que escribí.

Julio de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en julio 2, 1979

Tres años de edad.

Ay hijito, cómo se estremece mi alma al pensar que a estas primeras lágrimas de tus divinos ojos las seguirán muchas más, tal parece como si tu carita, bañada por esas perlas, tuviera algo de divino, algo místico, que reclamara cariño.

El murmullo de amor que escucho en tu llanto, sé que otras veces será de dolor, y que por deseo nuestro muchas veces se acaba en un instante; deseo con toda el alma que cuando sea de dolor tengas a tu lado una mano amiga que seque tu llanto y una palabra de consuelo que mitigue tu pena, y, muy cerca de ella, la presencia del Señor para consolarte también.

30 de junio de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en julio 1, 1979

Tres años de edad.

Estábamos jugando y en ese juego a cada uno le decíamos que tiene cara de zorrillo, y cuando ustedes deberían decir que mamá tiene cara de zorrillo, dijiste que mamá no.

29 de junio de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en junio 30, 1979

Tres años de edad.

Estuve buscándote, y cuando te encontré, sentí alegría al ver qué estabas haciendo. Como ya tenías bastantes flores, fuiste hacia mí y me dijiste —Ahora no son para usted, son para la virgencita. Talvez pensaste que me sentiría mal por no ser para mí, que dijiste —Mañana le corto a usted. Seguiste cortando más y después me pediste que te acompañara a llevárselas a la Virgen y tenías tanta alegría de la forma en que se las acomodamos que decías que ahora sí estaba contenta y después llamaste a tu papá para que las viera.

Hijito, estas flores sí se marchitan, pero en este momento y siempre rogaré a Nuestra Santísima Virgen que la belleza y pureza de las flores que sus almas son ahora, permanezcan siempre íntegras, sin que las toque el viento de las tentaciones y la maldad, y que tú también, con tu bendita inocencia, sigas tratando de que Ella siempre esté contenta contigo.

Teniendo ya cuadernos y plastilina, insististe tanto en que te compráramos más, que tuve que hacerlo y venías muy contento por ello.

27 de junio de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en junio 28, 1979

Tres años de edad.

Por la noche te llevo el comodito para que no mojes la cama, y al sentirlo, creyendo que era tu biberón, metiste tu manita, y agarrándolo fuerte, trataste de llevártelo a la boquita.

26 de junio de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en junio 27, 1979

Tres años de edad.

Llegaste llorando porque te pegó Luz* y dijiste —Mamá, ¿por qué me pegó Luz, si todavía tengo mi carnita muy tiernita, también mi huesito; y me mostraste tu bracito y tu codito. Te dije que no le hicieras nada para que ya no te pegara y comentaste que no le habías hecho nada.

*Empleada doméstica

25 de junio de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en junio 26, 1979

Tres años de edad.

Como fue aquí la reunión del grupo, estuviste al pendiente casi todo el día para ver cuando llegaban, y muy lindo decías —Mamá, oí un ruidito, ¿no serán las muchachas de la reunión? Ya que llegaron, te portaste muy bien, no viniste al comedor hasta que ya se habían ido y preguntaste que si ya se habían ido las muchachas.

24 de junio de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en junio 25, 1979

Tres años de edad.

Aunque no lo creas, la ayuda que hoy me brindaste al quehacer me causó mucha satisfacción ya que es demasiado lo que hiciste.

Me dio mucha tristeza reflexionar al recordar cuántas veces me dijiste hoy que fuéramos a caminar y no lo hice por tanto trabajo, pero trataré de llevarte en lo sucesivo, pues a todos nos hará mucho bien. Al estar hablando por teléfono con mi mamá, me pediste el teléfono y la saludaste y platicaste un poco con ella.

22 de junio de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en junio 23, 1979

Tres años de edad.

Fuimos a la clausura de clases de primaria de una niña en Abasolo y hubo bailables y esto te llamó mucho la atención, seguías con tu cabecita y tus ojitos cada movimiento de los niños, sobre todo cuando bailaron El patio de mi casa.

Por la mañana estabas iluminando y me dijiste que si le pintabas las manos y la cara a unos muñequitos de color rosa o amarillo, y ya que te dije cuál, me contestaste, —Mmmm mamá, ya lo pinté de negro. Tal parece como si supieras lo preocupada que estoy con tanto quehacer y tú con esas gracias.

También cuando tu papá se iba a Irapuato esta mañana sentías tantos deseos de acompañarlo, que por temor a que se fuera me dijiste que te trajera tu ropita para que papá te vistiera en el camino.

Estuvieron tú y tu hermano tan inquietos en la iglesia que se salían y entraban, y cuando me buscaban, como no sabían en qué banca estaba, se seguían hasta adelante, y de regreso otra vez me buscaban y les daba risa al encontrarme. Después les compraron paletas y se las comieron en la iglesia.

Estabas muy contento con los libros de iluminar que te trajo tu papá de Irapuato.

21 de junio de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en junio 22, 1979

Tres años de edad.

Talvez necesites mucho de la presencia de tu papá porque me dijiste, —Mamá, ya no hay que dejar ir a trabajar a mi papá porque me siento muy triste.

Le cerré a la recámara porque tenía que escribir y me dijiste, —Mamá, ábreme por favor y me estoy quietecito, y fue tan dulce tu vocecita que venciste mi voluntad y te abrí, y en realidad te quedaste sentadito, y cuando estabas ahí me dijiste que te daba miedo estar afuera.

Te has dado cuenta que tu papá no quiere que haga mucho quehacer ahora que no hay quien me ayude y fue por eso que dijiste, —¿No le digo a papá que está lavando el piso porque se enoja? Y te contesté que no.

Me parece increíble que a pesar de tu edad ya comiences a darte cuenta de estas cosas y trates de evitar conflictos.

20 de junio de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en junio 21, 1979

Tres años de edad.

Le diste un besito a tu papá y le preguntaste si te quería, él te respondió que sí. Eran las 12.00 del día y te encontré persignándote ante el crucifijo y te pregunté —¿Por qué te estás persignando? y dijiste —Es que me acordé que no me había persignado. Qué palabras más lindas que jamás olvidaré.

Por la noche me dijiste —Mamá, ¿por qué trabaja tanto papá y no está mejor con nosotros? Te contesté que lo hace porque tiene que comprarnos muchas cosas y dijiste —¿También mis cositas? Te contesté que sí y fue cuando dijiste que rezáramos para que ya llegara tu papá.

6 de junio de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en junio 7, 1979

Tres años de edad.

Se paró una mosca en tu cuaderno y dijiste con infinita inocencia —Mira mamá, esa mosca ya me rayó mi cuaderno.

5 de junio de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en junio 6, 1979

Tres años de edad.

Me diste otra vez una telita para que hiciera un vestidito para la niñita que Dios te va a mandar y te contesté que mejor después, porque podía ser que se terminaran las niñitas que tiene Diosito y nos mandara un niño, y ya te quedaste conforme. Como sabías que estaba haciendo un saquito para mí y viste que me lo probé, me preguntaste que si ya lo había terminado y te dije que sí.

Cuando te estaba arreglando querías que lo hiciera rápido porque le querías enseñar tu chamarrita a Juana*, y cuando te la iba a quitar porque te quedó chica, no quisiste.

*Empleada doméstica.

4 de junio de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en junio 5, 1979

Tres años de edad.

Al ver que tu hermano no se sabe lavar la boquita, me dijiste que le dijera que tú sí sabes.

[En la feria] te subiste a los juegos (carritos, caballitos, trenecito dos veces) y estabas tan entusiasmado y feliz que lograste contagiarnos al ver tu alegría; querías seguirte subiendo pero te veías demasiado cansado ya que cuando veníamos para Abasolo hasta te estabas durmiendo, y sabiendo de tu inquietud por subirte a esos juegos tratamos de distraerte hasta que llegamos. Por esta causa no quisimos cansarte más y decidimos regresar a la casa.

24 de mayo de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en mayo 25, 1979

Tres años de edad.

Con qué alegría y entusiasmo me ayudaste a preparar el pastelito para el cumpleaños de tu papá; cuánta necesidad se veía que tenías en hacer las cosas rápido, que varias veces me preguntaste si le ponías el royal, y por eso, sin darme cuenta, te dije —Sí, ahorita; fue entonces cuando se lo pusiste al azucar con la mantequilla y los huevos. Al decirme tú que si con ése, fue cuando me di cuenta que se lo habías puesto.

23 de mayo de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en mayo 24, 1979

Tres años de edad.

Escuchasta ayer a la señora Silvia Negrete hacer el comentario de por qué no los llevaba a los juegos (la feria) y me recordaste —Mamá, ¿por qué la señora Silvia le dijo que nos llevara a los juegos y no nos ha llevado? Y te contesté que pronto lo haría.

22 de mayo de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en mayo 23, 1979

Tres años de edad.

Cuando entramos en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe rezaste con gran devoción un Padre Nuestro por mi abuelita Virginia para que Dios le mande el alivio. Fuimos más tarde a escuchar la Santa Misa y como veías que tu hermano se subía al altar, ibas y lo jalabas.

21 de mayo de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en mayo 22, 1979

Tres años de edad.

No me dio coraje descubrirlos a ti y a tu hermano destruyendo lo que tanto trabajo me costó hacer, por el contrario, me causó gracia al ver que lo hicieron por satisfacer esa necesidad, esa curiosidad, al abrir y comer lo que esos molinitos tenían adentro (eran barquillos adornados y rellenos de dulces pequeños); los quería para el cumpleaños de Alejandrito, pero ustedes les dieron mejor fin porque ya casi no dejaron.

Entré de bañarme y los busqué pero no los encontré; hasta después, viendo que estaban muy quietecitos en la sala, fui a ver qué estaban haciendo, y detrás de un sillón ya tenían muchos barquillos hechos pedazos y comiéndose los dulces, y me asomé a la vitrina y cuál fue mi sorpresa que ya sólo quedaban dos.

20 de mayo de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en mayo 21, 1979

Tres años de edad.

Perdóname hijito por haberte pegado esta mañana. ¿Que por qué fue? En realidad sea cual sea la causa debí haber hablado contigo y no castigarte, ruego a Dios de todo corazón que esta pena que me acompañó en todos los momentos de este día me ayude a demostrarte todo este gran amor que te tengo, educándote debidamente para merecer que me perdones algún día.

También me sentí triste que me recordaras el porqué el jueves pasado que no quisiste quedarte en la camioneta sino acompañarme, aún diciéndote que estaba muy lejos el lugar a donde iba: recordaste muy bien cuando te dije —si te cansas no comiences que te alce, tú te cargas solo; y hoy que me dijiste que por qué te dije así, pensé que debo reflexionar más a fondo en las respuestas que debo darte.

19 de mayo de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en mayo 20, 1979

Tres años de edad

Se me ocurrió dormir un rato y desde que me acosté, continuamente me estabas hablando; estabas dibujando tu cuaderno de animalitos y me decías —mamá, ¿la carita no se le pinta?, y te contesté —no, hijo, no se le pinta. Después me decías —mamá, mire qué bonito me está quedando, y te dije —sí, pero déjame dormir. Luego cerraste la puerta de la recámara con seguro y te dije que no la cerraras porque hacía mucho calor, y la abriste, sólo un momento, porque en cuanto viste que cerré los ojos la cerraste nuevamente y pensé que talvez tenías alguna razón para cerrar y te dije que por qué la cerrabas y dijiste —es que Lucy* me quiere quitar mi libro.

Ya no me pude dormir porque cuando otra vez cerré los ojos, golpeándome suavemente dijiste —mamá, ya quiero de comer, y me levanté. Más tarde me diste tu cuaderno para que te hiciera manzanas, refrescos, sillas, un tractor y una maceta y tú los ibas a iluminar.

*Empleada doméstica.

18 de mayo de 1979.

Publicado en Uncategorized por Jacobo en mayo 19, 1979

Tres años de edad.

Cuando no desayunas bien (como hoy) a tu leche le agregamos una yema de huevo, y como sé que no te gusta hoy que me dijiste que mejor no le pusiera, te dije —es para que te salgan chapitas, y enseguida te la tomaste.

17 de mayo de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en mayo 18, 1979

Tres años de edad.

Del jardín trajiste varias flores, pero sin tallo, y te dije que no las cortaras así porque no se podían poner en agua; trajiste más e hiciste lo mismo, traerlas sin tallo. Entonces te expliqué cuál es el tallo y te saliste nuevamente, y cuál fue mi sorpresa y cómo nos hiciste reir cuando llegaste (según tú con un racimo de azucenas) con varias corolas de flores marchitas y sin un sólo pétalo.

16 de mayo de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en mayo 17, 1979

Tres años de edad.

Fuiste a la estufa y al sarten de la comida le amarraste un trapito y comenzaste a jalarlo como si fuera un carrito y te dije que no, porque era la comida de tu papá, que mejor se lo amarraras a uno de tus carritos, y muy obediente tomaste tu triciclo, un carrito, y se los amarraste.

Muy preocupado me dijiste que tu hermano ya había despertado, que no creyera que tú lo habías despertado; esto talvez me lo dijiste porque en ocasiones te regañamos porque lo despiertas.

Trajiste del jardín una florecita blanca, tan pura, tan sencilla como tu corazón, y me dijiste —tenga mamá, se la pongo en agua, y ya cuando la pusiste en un pocillito me dijiste —mire mamá, aquí está una pestañita mía, sáquela, y cuando la iba a sacar dijiste —mmm, ya se deshizo, pero la encontré y te la mostré y la guardé, y me dijiste —¡mire otra!, entonces te dije —no, hijo, es una rayita que tiene el pocillo. Como te das cuenta que guardo tus pestañitas cuando se te caen, estabas buscando en el suelo algo con un papel en la mano, y cuando te preguntamos qué estabas buscando dijiste que tu pestañita, pero que no la encontrabas.

15 de mayo de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en mayo 16, 1979

Tres años de edad.

Se te formó una costrita en tu boquita, donde te pegaste el domingo, y te la quitaste; cuando te salió sangre me dijiste que te dolía, te dije que no te hubieras lastimado y me contestaste —Es que ese pedacito ya no me servía, por eso me lo quité. Esta mañana decidimos tu papá y yo ir a Abasolo, y como aún estabas dormido, te dejamos, y me sentí muy triste cuando regresamos, al ver tus ojos llenos de lágrimas, y me dijiste que lloraste porque había hecho mucho ruido la olla express y te asustaste.

Cuando fuimos a Abasolo hace unos momentos, le pediste a tu papá para comprar un elote y quisimos ver si sabías comprar, y fuiste directamente con la persona que los vendía, y ya cuando te lo iba a dar el señor, nos acercamos porque nos dio tristeza dejarte solo; después nos pediste para comprar un barquillo, éste también lo pediste tú (lo pediste de vainilla) y ya cuando nos veníamos, compraste una paleta.

14 de mayo de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en mayo 15, 1979

Tres años de edad.

Ya se comienza a descubrir en ti ese sentido de obediencia, de orden; fui al comedor a escribir una carta y después llegaste con una silla y me dijiste que te ibas a sentar junto a mí. Cuando observé que la traías de la cocina y adiviné el porqué lo habías hecho, quise oir de tus propios labios la respuesta, y te dije, —Hijo, ¿por qué no te sientas en una de estas sillas?, a lo que contestaste, —Que no ve que se ensucian, por eso traje ésta, y me causaron tanta ternura tus palabras que te abracé y te hice saber que eres muy inteligente, y te mostraste muy complacido al saber que hiciste algo bueno.

13 de mayo de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en mayo 14, 1979

Tres años de edad.

Mientras se celebraba la Santa Misa a la que asistimos este día, al cantar Te vengo a decir, oh mi salvador, que te amo Señor, te quiero Señor, con el corazón, se descubrió tanta felicidad en tu carita que comenzaste también a cantar y estabas muy quietecito y atento.

Por la tarde te caiste y se hinchó mucho tu boquita, por lo que lloraste mucho, y cuando llegó tu papá le dijiste que te dolía mucho y que también tus dientitos, y cuando tu papá te dio un mejoralito, le dijiste que te lo diera por el lado contrario de donde te habías pegado para que no te lastimara, y cuando por la noche te ofrecí un taquito, dijiste que no querías porque no te iba a caber en la boquita y que después te lastimabas. ¿Ya ves cómo sigues dando sólo ternura en tu inocencia?

10 de mayo de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en mayo 11, 1979

Tres años de edad.

Cuánto amor encierran tus actos realizados el día de hoy: llegaste con un manojito de alfalfa ya con flores y me dijiste —tenga mamá, muchas felicidades pero ya están secas (esto porque la cortaste el día de ayer). También hiciste que papá te comprara el día de ayer un trastecito de plástico para regalármelo, y estabas muy contento con tu regalo. Más tarde llegaste con unas gladiolas rosas y abrazándome me dijiste —tenga mamá, felicidades, póngalas en agua. Me hiciste tan feliz como en la mañana, y pienso ahora cuánto vale la pena vivir sólo para presenciar actos tan llenos de abnegación que sólo por voluntad de Dios vive alguien que no los merece. Y por la tarde tenías reservada otra sorpresa cuando llegaste con más flores del jardín y otra vez me dijiste —muchas felicidades. ¿Por qué lo hiciste vidita mía? ¿Qué hay en ti que haces tan feliz a tu madre? Ojalá, hijito nuestro, podamos pagar a tu corazoncito la enorme felicidad que hoy me das.

4 de mayo de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en mayo 5, 1979

Tres años de edad.

Me dijiste que te platicara de Juan Diego, después me dijiste tres veces más, y cuando me fui a la cocina me hablaste muy insistentemente para que te hiciera el mismo relato; después de unos minutos fui y te platiqué, pero cuando estaba rezando con tu papá, otra vez me hablaste para que te dijera lo de Juan Diego, y como no fui enseguida, te pusiste a llorar, y cuando estuve a tu lado me dijiste —Mire mi lagrimita por no venir pronto, y cuando te estaba haciendo el relato de Juan Diego, te quedaste dormido.

Lo que también recuerdo de este medio día, fue qué tanto insististe que te bañara aunque fuera con agua fría, que así lo hice, y después tenías mucho frío.

3 de mayo de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en mayo 4, 1979

Tres años de edad.

Encontraste en el jardín un guajolotito muerto y me dijiste que ni tú ni tu hermano le habían pegado, que ya estaba así; después nos pediste que lo cociéramos diciendo, —yo quiero que lo cosan; a lo que te contestamos que no se debería de comer chiquito, sino grande, y ya no le dimos importancia. Después lo encontramos en la estufa, donde lo pusiste en un pocillo con agua a calentar, lo quitamos y te pusiste a llorar y tuvimos que esconderlo.

Mayo de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en mayo 3, 1979

Tres años de edad.

Juan Jacobo, que sea el mensaje que pretendo dejarte, sólo aquél que el Señor dicte a mi corazón y a mis actos, y que al leerlos, observarlos y sentirlos, te purifiques con su amor, para que tu mañana sea en toda su plenitud llena de sol sin una nube que ensombrezca tu semblante ni tu corazón.

Deseo sinceramente sean los actos de tu vida agradables a Dios, consagrándolos al servicio corporal y espiritual del prójimo, siguiendo una vocación sobrenatural agradable al Señor. Quiera Dios que la voz que pretende salir —más que de mis labios— de lo más profundo de mi alma, quede grabada en tu pequeño corazón por medio de estas páginas escritas, para ayudarte a ocupar un día un grado de perfección que te lleve a ser un posible elegido del Señor.

Si el Señor permite que tu labor sobre la tierra sea apostólica, me impulse ese gran deseo a poder colaborar con Él y hacer de ti, pequeñito nuestro, el apostol digno a tan grande virtud.

A partir de este momento contraigo una deuda contigo hijo, que veas siempre como algo santo tu dolor, tristeza, aflicción, tu desilusión.

2 de mayo de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en mayo 3, 1979

Tres años de edad.

Se batieron tanto de maizena en polvo tú y tu hermano este día, que en lugar de darme coraje por haber tirado en la cocina casi toda la caja, me causó risa; lo único que lamenté fue no haber tenido una cámara para sacarles una fotografía. Cuando te fuiste a dormir rezaste muy bien, después me dijiste que te platicara el libro de Diosito, y como no lo encontré (“Libro de historia sagrada”), te dije que cantáramos (“De colores”) y quedaste muy complacido.

30 de abril de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en mayo 1, 1979

Tres años de edad.

Preguntaste por la flor que habías traído para que nos casáramos papá y yo, y la bajé de donde la había guardado, y me dijiste —mejor ponla aquí para cuando venga papá se casen, y la pusiste sobre la rejita del comedor, y cuando llegó tu papá se la diste y le dijiste de tu deseo.

También fuimos a ver al doctor de Irapuato, y al edificio donde subimos no te llevamos porque te quedaste con tu hermanito y Catalina caminando para que se distrajeran, y nos viste desde el lugar donde te encontrabas. Ya por la noche me dijiste —mamá, ¿por qué te veías tan chiquita cuando fuimos a Irapuato y por qué se desaparecieron tú y papá?

Me hiciste platicarte de Juan Diego casi 20 veces seguidas.

29 de abril de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en abril 30, 1979

Tres años de edad.

Trajiste una rosa que sólo tenía un pétalo y me dijiste —tenga mamá, guárdela para cuando venga papá, porque yo quiero que se casen, y te dije que no nos podíamos casar otra vez porque ya nos habíamos casado, y contestaste —yo quiero que se casen otra vez. Después te dije que si tu papá se casara otra vez, si te gustaría que lo hiciera, y dijiste que sí, pero que se casara conmigo.

27 de abril de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en abril 28, 1979

Tres años de edad.

Hoy que regresé del segundo rodaje al que asistí, me causó enorme felicidad tu recibimiento. No llegué ni siquiera a la puerta cuando me diste unos chocolates y me dijiste —tenga mamá, cómaselos, se los guardé. Después cuando entré a la cocina me diste un poco de refresco y me dijiste también —tómeselo, yo se lo guardé.

Después fuimos a caminar y te subiste al rastrojo que habían picado y desde ahí te dejaste caer, y ya cuando nos vinimos me dijiste que nos regresáramos otra vez a donde estabas jugando porque te gustaba mucho jugar ahí.

26 de abril de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en abril 27, 1979

Tres años de edad.

No sé si te has dado cuenta de que nos hace muy felices que nos hables de Dios, y hoy que te busqué y te pregunté que dónde estabas, me dijiste que con un ángel.

25 de abril de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en abril 26, 1979

Tres años de edad.

Mi niño adorado, cuánto has hecho hoy, cuánta felicidad has causado; este amor que desborda todo tu ser, cómo lo premiará el Señor.

Llegaste con tu tablita y en ella muchos alfileres y algunos recortes de los trazos que hago, y me dijiste —tenga mamá, hágale un vestidito a la niñita que nos va a mandar Diosito, por lo que anduviste tras de mí casi toda la tarde preguntándome si ya lo había hecho.

Antes de esto, por la mañana, entraste al comedor, y te quedaste viendo todas las palabras que había sobre el suelo, las cuales formaban una página de tu libro, y como el día de ayer no las supiste, quisiste darme una sorpresa y con gran alegría vi como poco a poco leíste casi todas las palabras, y abrazándote te dije —¿quién te dijo?, a lo que contesaste —Diosito me las dijo.

23 de abril de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en abril 24, 1979

Tres años de edad.

Te muestras muy feliz al saber y comprender que, primero Dios, de un momento a otro, llegará tu papá. Has estado muy ocupado esta mañana, dibujaste durante tres o cuatro horas, te has mostrado muy sentimental.

22 de abril de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en abril 23, 1979

Tres años de edad.

Has preguntado infinidad de veces por tu papá y a esa pregunta ha sido siempre la misma respuesta: que fue a ver a tu nonna, pero que pronto va a regresar, y muy triste contestas —yo iba a ir con él; a lo que te contesto que primero Dios el día de las madres papá te va a llevar.

Me llamó mucho la atención verte participar en la misa, y más aún en el momento de la consagración, que también te hincaste. El Señor lo ha permitido, ya que esta santa misa se ofreció por la completa salud de tu nonna. Alguien hizo la observación de que estás muy retrasado en tus conocimientos de acuerdo a tu edad, y le pido a Dios que me dé la sabiduría para redoblar mis esfuerzos para estimular un poco más tu inteligencia y que aprendas con más seguridad, más lucidez.

20 de abril de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en abril 21, 1979

Tres años de edad.

Estabas muy contento Juan Jacobo, porque sabías que vendría tu nonna, y dibujaste; también hiciste letras según tú y hoy que escuchaste comentarios de que no viene, te pusiste muy triste y dijiste que tú querías que viniera tu nonna; cuando te explicamos que no vendría por estar enferma, pero que muy pronto lo haría, dijiste que entonces te llevaran con ella.

14 de abril de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en abril 15, 1979

Tres años de edad.

Hijito, eres tan noble, se observa bajo esa carita dulce y santa. Hoy realizaste un acto que colmó de alegría mi corazón, fuiste hasta donde yo estaba lavando y me dijiste muy contento —mira mamá, Catalina me dio una naranja, y después me dijiste —¿me la volteas? Y ya que te la estabas comiendo te observé qué a gusto lo hacías, y me miraste y me dijiste —¿gusta? Tenga una mitacita, y me diste un pedacito. Después desde lejos viste a tu papá que venía en el tractor y te pusiste muy contento y dijiste —tenga mamá, guárdele a papá esta mitacita, entonces la dejé a un lado de donde lavaba y fuiste y la pusiste enmedio y dijiste —mejor aquí, para que no se vaya a caer, y cuando él llegó, se la diste.

27 de marzo de 1979

Publicado en Uncategorized por Jacobo en marzo 28, 1979

Tres años de edad.

Se adelantó tu papá con tu hermano hacia donde juntaban la alfalfa y tú y yo lo seguíamos, entonces lo observé largo rato y te dije —¡Ay hijito!, cómo quiero a tu papá—, a lo que tú contestaste —¡Ay mamá!, cómo quiero a Diosito porque nos va a mandar una niñita. Sentí, hijito, tanta alegría, tanta emoción por esas palabras, que no hay ni habrá nada para comprender qué te pudo impulsar a decir algo tan sobrenatural.

Bendito sea el Señor quien me ha permitido vivir para presenciar tan grande milagro. Sí, porque presiento que Él habló por ti, pues como profeta serías el elegido para revelar tan grande verdad a mi alma.

[Claro que yo no lo sabía en ese momento, pero en septiembre de ese año nació mi hermana, y se supo que era niña hasta el momento de nacer.]

22 de noviembre de 1978

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 23, 1978

Dos años y ocho meses de edad.

Con tristeza infinita descubro que hace ya un mes que no te enseño a leer, Juan Jacobo; ahora comprendo que he perdido un tiempo maravilloso, más que por mí, ha sido por ti. Me privé de la inmensa dicha de ver con qué facilidad aprendes, pero ahora me hago el propósito de seguir adelante con la idea de que sigas aprendiendo a leer.

Hace unos momentos le quitaste a Linda su pan, y al decirte que se lo dieras, lo tiraste, y por ello te pegué y lloraste, después te expliqué por qué no se hace eso y te conformaste.

Cuánto siento no haber acudido a tu llamado, porque al no hacerlo cuando viniste por mí, después provocó que te cayeras y te pegaras en tu cabecita, perdóname hijito y ten la seguridad que de hoy en adelante iré pronto para ver las travesuras y el trabajo que dices que realizas. Deseabas que fuera para que viera cómo le sacabas punta a tus lápices, pero lo hacías a las gomas, y también para que viera cómo separaste los foquitos por colores.

Te veo un poco triste, pero esto se debe a que tienes catarro; también estás muy molestito, espero en Dios que te alivies. Cuando te dimos tu medicina, sin que te dijéramos nada, dijiste —en el nombre sea de Dios, y tanto a tu papá como a mí nos causó alegría.

7 de septiembre de 1978

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 8, 1978

Dos años y seis meses de edad.

Hoy buscabas afanosamente a tu hermano y te dije, se salió, después dijiste, voy con él porque fue a traer florecitas, pero viste cerrada la puerta por lo cual lloraste, y cuando te la abrí, te fuiste feliz con tu hermano.

Qué significado más divino, impregnado de poesía, de amor, brinda quien regala una flor; y más aún cuando ese alguien eres tú Juan Jacobo, no olvidaré jamás esas palabras tan hermosas que dijiste al dármelas —mira mamá, te traje dos florecitas, una para ti y otra para papá, ¿están bonitas?

Poco después les puse agua a las flores y Alejandrito rompió una y dijiste molesto —mira mamá, ya rompió una flor, y refiriéndote a él le dijiste —chiquillo travieso; esto nos hace pensar que tienes ya una poca de conciencia de lo que sucede a tu alrededor.

12 de septiembre de 1976

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 13, 1976

Seis meses de edad.

Gracias Señor por esta dicha inmerecida, por esta palabra que es la primera en labios de nuestro hijo, porque más bello no puede ser lo que de esos inocentes labios escuchamos hoy, y qué mejor palabra que papá.

A ti también hijito agradece tu madre esta inmensa alegría, porque sin elegir, sin poder decirte yo tantas palabras hermosas que existen, has dicho la mejor, la del hombre a quien tanta gratitud después de Dios debemos tú y yo.

Ruego al Señor permita que así como hoy fue lo primero en acudir a tus labios siga siendo por siempre lo primero en tu vida, lo más sublime a tus ojos, a tu corazón; el único ideal de tu vida, ser como él.

4 de septiembre de 1978

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 5, 1976

Dos años y seis meses de edad.

Cuánta alegría traes a nuestra vida Juan Jacobo, transformas todas nuestras debilidades y fracasos en posible armonía, fortaleza y victorias.

No sé explicar lo que experimentó mi ser cuando te pedí los zapatitos de Alejandrito, estabas distraido; pero cuando ya viste que los tomé, dijiste —Dámelos, sí te los paso; nuevamente los pusiste en la cuna y después me los diste.

Otro hermoso detalle fue que estabas acomodando tus dados en una cajita y, como estaba inclinada, se resbalaban, y tuviste un momento de desesperación y, a punto de llorar, dijiste —Mira mamá, se desbarataron, entonces te dije, —Es que están inclinados y debe estar derecha la caja, y te reíste con esa alegría que te caracteriza y dijiste, —Inclinados.

Sabiendo que Alejandrito se desespera al ver cualquier animalito, hoy le mostraste unos gallitos (de un cenicero) y le decías —¡Huy! ¡Huy!, así mismo reías divertido mientras Alejandro parecía desesperarse. Después me los diste y dijiste —Mamá, ahora hazme tú, y te reías contagiosamente.

10 de julio de 1976

Publicado en Uncategorized por Jacobo en julio 11, 1976

Cuatro meses de edad.

El sueño más sublime y más noble, más cerca de lo divino que de la realidad, se vio realizado este día.

Todo sucedió impregnado de la ternura jamás descriptible porque un día te dije hijito, que cuándo extenderías hacia mí tus manecitas y ¿sabes una cosa?, hoy, precisamente hoy se ha realizado ese maravilloso acontecimiento tan lleno del más infinito candor, la más grande de las realidades.

Te imagino, hijito de mi corazón, si Dios me permite que sigas a nuestro lado, cómo observaremos ya la gloria que nos dará tu presencia.

Juan Jacobo, vienes de Dios y para Dios.

19 de marzo de 1976

Publicado en Uncategorized por Jacobo en marzo 20, 1976

Tres días después de haber nacido (segunda parte).

Sentí que eran interminables los momentos que seguían, no por el dolor, porque tú sabes Señor que aún no conozco por nuestro hijito ningún sacrificio, fue porque deseaba ya con toda la ansiedad ver a mi hijo y saber que estaba bien. A las 8 de la mañana llegó el doctor Fernando Bravo y fue entonces cuando me aplicaron el suero con una inyección para que hubiera más rapidez en las contracciones, y así transcurrió el tiempo, aumentando poco a poco la intensidad de los dolores hasta que perdí la noción del tiempo y de los acontecimientos, sentí que fue tanto pero tanto tiempo, que cuando desperté todo era para mí desconocido e impregnado de la más inesperada realidad, ya que al despertar escuché que me dijeron, cómo te sientes, ya pasó todo, mira, ya nació tu niño, es muy bonito. Mi reacción fue la de llevarme las manos al vientre y darme cuenta de lo que estaba pasando y darte gracias Padre mío por mostrarme con tan poco sacrificio la gloria misma a través de este maravilloso pequeñito.

Casi enseguida llegó mi esposo y al verlo sentí que todo mi ser era preso de una sensación muy extraña y dolorosa ya que sus ojos estaban nublados por el llanto, y su semblante demasiado triste, por lo que con una ansiedad muy grande le pregunté qué había pasado y contestó que nada y nuevamente su rostro parecía luchar por simular serenidad que estaba muy lejos de sentir, le pregunté que por qué estaba triste, qué había pasado, y me contestó que nada, y parecieron siglos de angustia cuando traté por todos los medios de adivinar una desgracia que no existía a través de sus lindos ojos. Oh Dios, qué prueba más difícil. Que si lo fue.

19 de marzo de 1976

Publicado en Uncategorized por Jacobo en marzo 20, 1976

Tres días después de haber nacido (primera parte).

Gracias Señor por permitirnos llegar a con nuestro hijito y por concederme la dicha tan grande de que este pequeñito de nuestro amor se parezca tanto a su padre, gracias también porque es morenito, en fin Señor, por ser como es. Dios mío, estoy tan debil que es por ello que mi mente no alcanza a comprender todo lo que está sucediendo.

¿Que si fue difícil la última prueba? Sabes bien que no, fue tan divino lo ocurrido, tan lleno de amor, que en todo momento se sintió tu divina presencia. Sentí que fue demasiado el tiempo que esperé el día del nacimiento de nuestro hijito; ya que el día 15 desde las 11 de la noche sentía que de un momento a otro nacería el niño; pero seguí así hasta la una de la mañana del día 16, me levanté, me preparé porque era evidente que ya no podía permanecer en la casa y veía a mi esposo dormir y sabiendo de lo cansado que estaba por el mucho trabajo que tenía, lo observaba y sentía tristeza que se levantara a esa hora tan inoportuna; además de eso pensaba en las molestias que iba a ocasionar al Señor Enrique Araiza al pedirle su teléfono, al doctor por despertarlo también, en fin; pero a pesar de eso y pensando en la premura del tiempo, le dije a mi esposo que ya nos fuéramos, él casi no había dormido por estar al pendiente en cada quejido que tenía.

Nos decidimos a irnos y hablamos al doctor quien nos dijo que llegáramos al Sanatorio Santa María y preguntáramos por el Doctor Bravo y éste informó que todavía estaba el niño muy alto; pero que me fuera al Hospital Militar, donde pedimos que me atendieran y que me aplicaran una inyección intravenosa para acelerar los dolores; pero no me la aplicaron ya que creyeron oportuno hacerlo en el momento del parto, después esperamos a que los dolores fueran más seguidos y a las 5 comenzaron a prepararme. (Continuará.)

15 de marzo de 1976

Publicado en Uncategorized por Jacobo en marzo 16, 1976

Un día antes del nacimiento.

Hoy fuimos a Irapuato con el Doctor Bravo de consulta y nos dijo que efectivamente se acerca el momento del nacimiento de nuestro hijo, lo cual puede ocurrir de un momento a otro y tú sabes Señor que ya me siento mal, muy mal y lo que deseo es que no tengamos que irnos de noche, no por mí sino por las personas a las que vaya a molestar, si me voy no permitas que él se sienta solo, cuídalo Señor, cuídalo mucho, ayúdalo y dale todo mi amor y que piense que a cambio de su sufrimiento va a recibir un regalo tuyo, uno de los más maravillosos de su vida.

Qué poco tiempo falta para que nuestros ojos descubran ese bello tesoro que hace nueve hermosos meses se ha escondido a ellos.

14 de marzo de 1976

Publicado en Uncategorized por Jacobo en marzo 15, 1976

Dos días antes del nacimiento.

Dios mío, sé de la maravilla de este momento y me siento triste, pero sin ningún miedo, sabes bien Señor que no quería que él se diera cuenta de que mi hijo ya va a nacer pero es también su hijo; es por eso que esta mañana a las 7:30 le dije lo que pasaba y fuimos a ver al doctor y a escuchar la santa misa y estando ahí sentí toda la angustia que jamás conocí y la tristeza más profunda que embargaba todo mi ser, una angustia que por lo fuerte y persistente me acercó a ti, estuviste conmigo dignificando esos momentos tan sublimes que quizá no viviré jamás.

Más tarde fuimos nuevamente al doctor y dijo que todavía faltaba tiempo por lo que me tranquilizé un poco.

Después mi esposo habló conmigo acerca de mi estado de ánimo, hablamos y me sentí mucho más triste al observar la tristeza de él y escuchar que me dijo lo que tanto me dolió. Cuánto diera por no contener ya más estos impulsos, estas ansias de abrazarlo y desahogar todo este llanto que me quema en el alma, por decirle cuánto lo quiero y comenzar de nuevo a contribuir ese gran amor que existió un día y que yo me niego a aceptar por no merecerlo.

12 de marzo de 1976

Publicado en Uncategorized por Jacobo en marzo 13, 1976

Cuatro días antes del nacimiento.

Presiento, Señor, que se acerca el momento maravilloso del nacimiento de nuestro hijo, ya ha vivido gracias a ti muy dentro de mi corazón 268 días, los cuales han sido rodeados por una luz maravillosa, de tu divina presencia. Gracias Dios mío por dar tanto a mi vida, has traído demasiada felicidad que ni yo misma alcanzaré a comprender jamás el por qué de tanto amor, de tanta dicha que no merezco.

20 de febrero de 1976

Publicado en Uncategorized por Jacobo en febrero 21, 1976

Tres semanas antes del nacimiento.

Qué día más maravilloso ha sido para mí este día ya que en todos los acontecimientos del mismo han tenido todo lo positivo en mi imaginación, como si hubiesen sido creados de la poesía de lo más profundo de mi corazón; pero el más importante para mí fue que mi esposo después de tanto tiempo de no recordar por sí mismo determinada fecha me dijo que ya tenemos un año diez meses de casados y lo dijo con una poca de alegría, fue como si de pronto esas palabras despertaran en mí lo que hace tanto tiempo quedó dormido en lo más profundo de mi alma y es el de ser objeto de un poco de amor.

3 de febrero de 1976

Publicado en Uncategorized por Jacobo en febrero 4, 1976

Un mes antes del nacimiento.

Hoy sentí la necesidad, el deseo tan grande de que nuestro hijito sea un varoncito que se parezca a su padre, para que se repita en su carita, en su alma, la bondad de mi esposo, y para que a través de él se repita de generación en generación para gloria tuya.

31 de enero de 1976

Publicado en Uncategorized por Jacobo en febrero 1, 1976

Dos meses antes del nacimiento.

Hoy llevamos a bautizar al niño de mis compadres Gabriel y Teresa y no puedo menos que sentirme contenta, es muy hermoso y se llama Julio César. Poco antes de ir con ellos fuimos de consulta con el doctor García Araujo para que nos orientara sobre nuestras dudas sobre la radiografía del niño y nos dijo que no le afecta en nada, que sí la podemos sacar pasado mañana, ya que además de ver si es un niño o dos, también es importante ver cómo viene, y al enterarse de los problemas habidos durante el embarazo, nos recomienda que recurramos al momento de parto a un hospital.

17 de enero de 1976

Publicado en Uncategorized por Jacobo en enero 18, 1976

Dos meses antes del nacimiento.

Ayer vinieron Amalia y su esposo, siento una alegría muy grande de ver a su hijita porque pienso en el nuestro y es algo tan maravilloso que no existen palabras para expresar este sentimiento.

Hoy tuve una pequeña desilusión; aunque no me había hecho a la idea de que en lugar de darnos un hijo fueran dos, muy dentro de mi alma forjé una ilusión, y ahora que nos dice el cuñado de mi esposo que es uno únicamente, me sentí y me siento triste. Perdóname Señor por haberme atrevido a pensar que eran dos, ya que sólo espero lo que por tu voluntad nos darás, que ya es bastante e inmerecido recibir un hijo.

9 de enero de 1976

Publicado en Uncategorized por Jacobo en enero 10, 1976

Dos meses antes del nacimiento.

Esta mañana pasó algo que me preocupó un poco y más tarde fuimos a ver al doctor y no puedo ocultar la gran satisfacción y alegría que experimenté ante la posibilidad de que no sea un hijito sino dos, es tan inmensa mi alegría que ni siquiera recordé decir al doctor todo lo que había pasado y mis dudas; y sin pensar, mi cabeza comenzó a formular mil ideas, todas relacionadas con dos pequeñitos que posiblemente alegrarán pronto esta casa. A tal grado había concentración en mi mente que cuando estuvimos en el restaurante sentí que me ahogaba con un pedazo de galleta, a tal grado sentí desesperación que ahora comprendo Padre mío que para ti no hay imposibles.

Mi madrecita muy feliz también estuvo cosiendo toda esta tarde pañalitos y sabanitas para nuestro hijito.

Por las dudas que tiene el doctor me pidió una radiografía para el día 2 de febrero, pero nuestros planes son no sacarla hasta tener la seguridad de que no afecta a nuestro hijito.

31 de diciembre de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en enero 1, 1976

Tres meses antes del nacimiento.

Estuvimos en la casa de Javier y aunque me parece increíble mi reacción ante la noticia que recibí, tú sabes Señor cuánta alegría sentí al saber que Marta nuevamente será mamá, y es lógica mi alegría, ya que para mí ha sido desde que nací la dicha más grande e inexplicable desde que supe que iba a ser madre.

Más tarde cuando estuvimos todos reunidos sentía muy dentro de mi alma la alegría de Marta ya que en mucho tiempo no la veía tan feliz, es por eso que no dejaba de observarla tratando de adivinar el milagro que comienza a realizarse en ella, que no vuelva la maldad a ella.

Después cenamos muy contentos, nos dimos el abrazo y presiento que es buen augurio para un año lleno de paz y comprensión.

23 de diciembre de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en diciembre 24, 1975

Tres meses antes del nacimiento.

He visto a mi madre muy ocupada, hasta me trajo de comer a la cama y me hizo un remedio con hongo de maíz, nueces de castilla y perejil, mientras mi esposo fue a ver al doctor Bravo para explicarle mi caso y la receta fue la misma a la anterior, sólo agregó una inyección cada ocho días de Gravidinona y me dijo que no me debo preocupar.

Debido a que se fueron de cacería mi esposo, mis hermanos y mi cuñado, no pude dormir hasta después de que llegaron y no me explico pero estaba sumamente nerviosa por los dolorcitos tan raros que tenía, hasta que me inyecté a las dos de la mañana la inyección que trajo mi esposo, fue un lapso de tiempo tan difícil para mí que hasta estaba molesta con mi esposo a quien no quisiera ofender siquiera con el pensamiento, pero poco después sentí una gran tranquilidad y me sentí mejor, le pedí perdón a mi esposo y me quedé dormida.

16 de diciembre de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en diciembre 17, 1975

Tres meses antes del nacimiento.

Has aliviado nuestra pena porque desapareció el peligro a nuestro niño por tu bonda infinita, gracias Señor por la gran fe que has sembrado en nuestras almas y esa fe es la que nos ha transformado hasta el grado de decir, hijo mío, sé que pronto te tendré en mis brazos.

Hace diez años comencé a ser mujer y ahora creo que comienzo a ser madre y nada será comparable jamás ni será tan sublime como la misión que siento me encomiendas hoy. Porque este hijo nuestro ha logrado lo que nadie logró hasta ahora dentro de mí (soy una mujer que observa de la vida todo lo bello, maravilloso y divino que es el amor a un hijo formado por un gran amor).

10 de diciembre de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en diciembre 11, 1975

Tres meses antes del nacimiento.

Es el cumpleaños más feliz de mi vida, no por tanto que recibí este día, sino porque ya con el cariño de mi esposo y con mi hijo, tengo más de lo que cualquier persona puede soñar. Y sabiendo cuánto tengo, todavía recibí de mis hermanos: de David un cenicero muy hermoso para adorno de la casa, de Arturo un hermoso juego de 24 copas, de Estela y mi compadre una chambrita blanca para mi hijo, de Chela un candelabro especial para esta temporada de navidad, de Lucha una cobijita que tejió para la cuna de nuestro hijo, de Nena, Rosita, Luisito y Vicky un juego de todo lo necesario para la higiene de nuestro hijo, además un par de biberones, de mi madrecita una bata muy linda azul, de mi esposo adorado todo el cariño que jamás mereceré, mañanitas con mariachi, una comida para los invitados que ya él tenía, además una blusa muy bonita, de Esmeralda unos aretes, de la esposa del señor Enrique Araiza una blusa. Fue un día maravilloso en el que sólo recibí cariño.

26 de noviembre de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en noviembre 27, 1975

Cuatro meses antes del nacimiento.

Hoy fuimos a ver al Doctor Bravo y mi peso es de 57 kg. 200 grs. y mide nuestro hijito 24 cm. Dice el doctor que está muy grande, que ya no coma mucho, que lleve una dieta adecuada para que cuando nazca el niño no haya peligro ni para él ni para mí.

19 de noviembre de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en noviembre 20, 1975

Cuatro meses antes del nacimiento.

Hoy he tenido muchos momentos de gran satisfacción ya que he pensado tanto en nuestro hijo y gracias a ti Señor nada pudo empañar mi dicha.

4 de octubre de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 5, 1975

Cinco meses antes del nacimiento.

Es un sentir maravilloso el que captan mis manos a través de los pequeños movimientos de mi hijo, y tan grande la alegría que experimenta mi corazón cuando trato de comprender el grande milagro que comienza a transformarse dentro de mí por voluntad tuya Dios Bendito.

30 de septiembre de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en octubre 1, 1975

Seis meses antes del nacimiento.

Hoy vinieron las hijas de doña Isabel Osti y sé que si hubieran venido solas no habría sentido tanta pena que me hayan encontrado acostada, pero cuando observé que las acompañaba esa muchacha tan bonita y tan bien arreglada me sentí muy mal. Su trato me pareció amable y sincero, pero sólo tú sabes Señor que muchas veces juzgamos a las personas de una o de otra manera sin acertar a lo que en realidad son, ya que muchas veces detrás de una cara aparentemente sincera y noble, se esconde la perversidad, y por el contrario, cuando vemos un rostro duro y severo nos imaginamos de igual manera sus actos, siendo muchas de las veces una simple máscara que esconde mucho de nobleza y amor que ha sido frustrado la mayoría de las veces por el sufrimiento. Por eso te ruego no permitas jamás que juzgue a nadie por sus apariencias.

Hace un momento llegó mi esposo de hablar por teléfono con mi hermana Estela y mi cuñado, y como era de esperar, me siento feliz de saber que ella y su niño están bien, síguelos cuidando Padre mío, ayúdalos.

7 de setiembre de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 7, 1975

Seis meses antes del nacimiento.

Me siento contrariadísima por haber terminado este día y no haber ido a la santa misa. Y quizá también por ello me molestó que viniera Jorge y Olivia, porque aunque estuve continuamente insistiendo sobre la hora, mi esposo, con el afán de terminar con el trabajo del pozo, estuvo muy ocupado y terminó casi a las 8 de la noche, y para terminar con mi paciencia, la chiquilla de Olivia se orinó en la cama, en la cocina, todo manoseaba, y yo sentía que estallaba. En fin, de todo hay en esta vida. Y ya que por fin se fueron, sentí que volvía a mí un poco de tranquilidad, aunque me siento nerviosa aún.

6 de septiembre de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 6, 1975

Seis meses antes del nacimiento.

Esta tarde vino el señor Enrique Araiza a invitar a mi esposo a una reunión, por lo que yo me quedé con su esposa, y ahí conocí a otras personas. Además, mi esposo me compró dos prendas muy bonitas, más tarde me llevó a hablar por teléfono con mi mamá, mi papá y mis hermanas Vicky y Estela; estoy feliz de saber que mi madre llegó con bien y que además llevó su máquina; también nos informó mi hermana que tiene planes de venir el próximo martes.

5 de septiembre de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 6, 1975

Seis meses antes del nacimiento.

Esta mañana me sentí muy mal y no por ello voy a descuidar a mi esposo, el pobrecito se ve tan cansado y siento quererlo tanto que hasta soy capaz de disimular mi malestar ante él para no parecer molesta; ayúdame Señor.

4 de septiembre de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 4, 1975

Seis meses antes del nacimiento.

Dios mío, temí tanto que llegara este momento en que me siento sola, y el cual, gracias a tu infinita misericordia, se fue convirtiendo, horas tras hora, en un gran remanso de paz y alivio, gracias a tu compañía. Sí, porque al irse mi madrecita, ya no tendría con quien platicar, con quien cambiar impresiones después de dos meses de compañía; pero al irse mi esposo, como de costumbre, a trabajar, encontré lo que jamás debí ni debo olvidar, que tendré siempre tu compañía, Señor, y después de ella, también la de mi hijo; gracias por ello, Señor, permíteme rogarte que cuides a mi madrecita, ayúdala a llevar su máquina, y ojalá sea tu divina voluntad que pronto venga otra vez.

2 de septiembre de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 2, 1975

Seis meses antes del nacimiento.

Hoy se fueron mi papá, mi hermana y mi cuñado; cuídalos Señor para que lleguen con bien. Pero gracias a ti, se quedó mi madre con nosotros. Se murió una vaca, la cual no vendió [mi esposo] Jacobo por pagarle la mísera cantidad de $300.00 por lo que prefirió que se destazara y la repartieran; mi mamá estaba ya muy cansada por estarles ayudando.

Por la noche, fuimos a la casa de [mi cuñado] Javier a comer carne de cabeza y me da alegría al descubrir que me sentí contenta en su casa.

1 de septiembre de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 1, 1975

Seis meses antes del nacimiento.

Hoy se fue [mi hermana] Nena con los padres de mi esposo; iba muy triste, ojalá pronto se le pase. Y también otro año para que esté nuevamente con nosotros.

31 de agosto de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en septiembre 1, 1975

Siete meses antes del nacimiento.

No sé cómo agradecer tu compañía a los de esta casa el día de hoy, Señor, ya que todo salió muy bien, y aunque vi a mi madre llorar por no estar con todos mis hermanos, la mayor parte del tiempo la observamos contenta. Vinieron a acompañarla los padres de mi esposo, mis cuñados, el Sr. Enrique Araiza y familia, Jorge y Olivia, Javier y Martha, y observé cordialidad entre todos.

30 de agosto de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 30, 1975

Siete meses antes del nacimiento.

Gracias, Padre mío, por traer con bien a mis padres, mi hermana, mi cuñado, mis suegros y mis cuñadas. Sólo una preocupación me asalta al pensar que pueda pasar algo desagradable mañana, y es debido a la desagradable situación del día 20 de abril; pero te ruego, Señor, permite que todo salga bien.

26 de agosto de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 27, 1975

Siete meses antes del nacimiento.

Dios Mío, me siento tan mal que ni siquiera acostada me siento tranquila, y en medio de mi malestar surge una alegría que me dice que este sufrimiento es por algo sublime y hermoso. También estoy preocupada por ver cómo me ayuda mi hermana, y más al saber que no quisiera moverme por lo mal que me siento.

25 de agosto de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 25, 1975

Siete meses antes del nacimiento.

Hoy fuimos a Irapuato a dejar en la terminal a mi papá, después fuimos con la señora Trini Arenas y me recetó Arliflav con vitamina K y Caposten cada ocho días por los problemas que he tenido, después fuimos a comer mariscos y más tarde a Comercial Mexicana.

24 de agosto de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 24, 1975

Siete meses antes del nacimiento.

Con mucho trabajo logré que mi padre se aceptara quedarse hoy también con nosotros, se negaba a hacerlo porque todavía iría a Michoacán.

Por la mañana fuimos a misa y por la noche estuvimos muy contentos.

Nena* hoy no pudo ver a su novio porque no quería que la descubrieran mi papá y mis hermanas.

*Nena es hermana de mamá.

23 de agosto de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 24, 1975

Siete meses antes del nacimiento.

Cuánta felicidad me tenías reservada para este día, Señor. Por la tarde llegaron mi padre, mi hermana y mi prima Imelda, con gran interés escuché por primera vez a un padre haciéndome recomendaciones para el cuidado que debo tener por el bienestar de mi hijo, y además relató, con una gran preocupación, la pena que tiene por mi hermana que ya tiene un novio que no le conviene, y me pidió hablara con ella para convencerla de dejarlo, lo cual hice, pero todo pareced inutil, ya que está encaprichada con él. También supe que mis hermanos están muy contentos por la noticia de la llegada de mi hijo y hasta hacen proyectos para hacerle regalos cuando nazca, mi mamacita me regaló un jueguito de cobijita, chambrita, gorrito, zapatitos y pantaloncito pra cuando venga el pequeño, y me da gran alegría al observar que ellos también sienten felicidad al saber de su futura llegada y por todas esas demostraciones te doy infinitas gracias Dios bendito.

22 de agosto de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 23, 1975

Siete meses antes del nacimiento.

Hoy se fueron los familiares de Jacobo y a pesar de todas las prisas y preocupaciones por atenderlos bien, queda en mí una gran satisfacción de que hayan venido. Además de que los extraño, mi corazón experimenta alegría hasta cuando me siento tan mal a consecuencia de la espera de mi hijo; me parece algo muy bello y hermoso al pensar en la causa de este malestar. Te pido, Señor, déjame así, deja demostrarte que desde ahora sabré aceptar cualquier molestia o dolor, en mi cuerpo y mi alma, por mi hijo.

21 de agosto de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 21, 1975

Siete meses antes del nacimiento.

Es increíble que alguien a quien se le ha tratado sólo en contadas ocasiones tenga un buen deseo y muestre tanta alegría ante nuestra felicidad como sucedió hoy con Josefina de Specia hacia nosotros. No te imaginas Señor, cuánto más júbilo hay en mi corazón al encontrar que en este mundo todavía hay gente buena y sin envidias.

También me siento triste por la triste historia relatada por la señora Virginia de Fascinetto. Comprendo que puede quedar algo de culpa en ella, pero dudo de ello al observar en su llanto toda la amargura que ha habido en su alma. Dios mío, ¿por qué permites que escuche historias tan tristes como la de hoy? Por ello, Dios mío, he descubierto que es quizá un don maravilloso el que me brindas para que con tu ayuda divina lleve un poco de consuelo a quien se acerca a mí.

20 de agosto de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 21, 1975

Siete meses antes del nacimiento.

Hoy nuevamente te acordaste de mí, Señor, enviaste a mi corazón una prueba más. Sé que mi hijo está en peligro, y lo acepto, porque sé que tú me ayudarás a librarlo, sólo me siento triste al pensar que si en dos meses, tres ocasiones ha ocurrido lo de hoy, qué será después. Es por eso que te recuerdo: que sean todas las puebas que jamás hayas impuesto a nadie, pero ayúdame a pasarlas sin quejarme jamás por ello, porque desde el principio te pedí todo el sufrimiento y dolor que soportara mi cuerpo, pero que mi hijo viniera al mundo.

19 de agosto de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 19, 1975

Siete meses antes del nacimiento.

Es el martirio más grande el que estoy sufriendo físicamente desde hace mucho tiempo, siento que la cabeza me estalla, que no soporto siquiera sostenerme, que la respiración me falla, y todo fue a consecuencia de una visita inesperada y desperté tan sobresaltada y me impresioné tanto que fue lo que ocasionó lo que ahora siento.

17 de agosto de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 17, 1975

Siete meses antes del nacimiento.

Hace tiempo mi esposo y yo conocimos a los esposos Sr. Enrique Araiza y Sra. Rosa Ma. Aguilera de A. y hasta hoy temprano tuvimos oportunidad de ser invitados a su casa y lo que más me impresionó de esa visita fue la espontaneidad y sinceridad al ofrecernos su amistad sin conocernos aún lo suficiente, lo cual me pareció maravilloso, y presiento, Señor, que será de mucho bien para nosotros, ya que siempre necesitamos de la amistad de las personas y qué mejor que la primera impresión que dejaron ellos en mí sea tan positiva.

16 de agosto de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 16, 1975

Siete meses antes del nacimiento.

¿Por qué no se tiene siempre la buena disposición para sentirnos felicies y dispuestos a hacerlo sentir a la persona amada? Ojalá, Señor, que siempre sea como hoy. Hace tanto tiempo que no sentía esta seguridad en mí, y hoy por primera vez, quizá desde que nos casamos, me siento amada por mi esposo. Ayúdame Señor a hacerlo también a él feliz.

15 de agosto de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en agosto 16, 1975

Siete meses antes del nacimiento.

Hoy permitiste Señor que hicieran una observación debido a mi estado y comprendo que debo mejorar en todos los aspectos, sobre todo en el personal. Debido al problema tan grande que tuve ayer, el día de hoy fue excesivamente cansado y agobiador, por lo que ni siquiera sentí deseo de arreglarme como ha ocurrido otras veces y fue José quien me dijo que no fuera a pensar mal de él pero que se preocupaba de verme así, que ha observado que ya no soy la misma, y que ahora estoy muy delgada y pálida, por lo que debo poner todo lo que está de mi parte para sobreponerme a todas las adversidades que mi estado origine.

22 de julio de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en julio 22, 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Gracias Dios Divino por tu gran bondad, mira mi cuerpo, en él han desaparecido el peligro y la angustia de perder a mi hijo; los males que ahora me aquejan son a consecuencia de las medicinas tan fuertes que suministraron para evitar el peligro que existía. Sigue mi pobre esposo sufriendo también en las adversidades, ya que como se han presentado tantos mareos y vómitos, y se angustió tanto al ver que nada de alimento se quedaba en mí estómago, fue nuevamente a hablar por teléfono para comunicar a la señora Arenas de mi estado, y dijo que es lo más natural, por ser consecuencia del medicamento tan fuerte que me envió, es por ello que ahora recetó otras inyecciones con el objeto de que, al comer, ya no vuelva el estómago.

20 de julio de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en julio 20, 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Todo transcurre felizmente, solo que mi esposo me hizo un pequeño reproche al enterarse de que mis padres y hermanos saben que nos vas a dar un hijo, Señor. Y como el desea también compartir con los suyos su alegría, me hace comprender que también él tiene ese grande deseo de comunicar algo tan grande para nosotros y decide hablarle a mi madrecita y le dice que le informe a su mamá la buena noticia, lo único que le hice notar es que tal noticia no causará en los suyos igual alegría que a mis padres y hermanos, esto fue ya que hace tiempo, cuando se enteró Irene, la cuñada de mi esposo, que iba a ser madre (sólo tú sabes, Señor, las manifestaciones que ella haya transmitido para comunicar su estado), sus hermanas pequeñas, al saberlo, lo tomaron con morbosidad ya que se burlaban de ella, y yo, al recordar ese incidente, deseo con toda el alma que ellas no sepan.

19 de julio de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en julio 19, 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Señor, ¿por qué la vida tiene contrastes tan opuestos? Mientras mi madrecita lloraba, nosotros disfrutábamos de nuestra felicidad. Como ella ya sabía que teníamos planeado ir el día de hoy a México (cuando vino el día 17 y después se fue a Michoacán, seguía firme nuestra decisión de ir) al llegar hoy a Cuautitlán ella esperaba encontrarnos esperándola y al no vernos se imaginó que algo horrible nos había ocurrido. Esta mañana, pensando en la preocupación de mi madrecita, decidimos hablarle a Michoacán pero no fue posible que nos comunicaran y no sé por qué no acerté a hablarle a Cuautitlán para avisarle que no iríamos, fue hasta esta noche cuando decidimos hacerlo. Cuánto sufrí al descubrir el sufrimiento de mi madrecita, por eso te ruego, ayúdala Señor, que no se vaya a enfermar por el sufrimiento que le causamos inconscientemente, cuídala Señor. También recuerdo las palabras de alegría y felicitación de mi madrecita cuando me dijo (al decirle que no se preocupara), —Ay, hija, no te preocupes por mí, tú eres quien debe de cuidarse, para nosotros ahorita todo es felicidad. Mis hermanos también me felicitaron, me hicieron muchas recomendaciones.

18 de julio de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en julio 19, 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Se sabe de antemano que para la convicción de muchas personas existe la intervención de la ciencia. Digo esto Dios mío porque hoy mi esposo con gran solicitud y cariño trajo los análisis que determinan con seguridad mi estado, no te voy a negar la alegría tan grande que existe en mí al ver la de mi esposo, es una alegría que contagia, que no engaña ya. Mi hermana lloró de alegría al ver nuestra felicidad sin límite. Gracias Señor por revelar esta verdad tan hermosa a mi esposo, que antes a mí ya habías revelado.

17 de julio de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en julio 18, 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Hoy vino a visitarnos Juan Lorenzini y Mari Merlo y su visita cambió nuestros planes, ya que les comunicamos la duda que existe de la venida de un hijo y que pensamos ir a México a una boda, y ellos con el fin de evitarnos un riesgo de perder a nuestro hijo por el viaje tan largo y con base en que Mari tuvo un aborto reciente a consecuencia de un viaje largo, nos aconsejan efectuar unos análisis para determinar si hay o no embarazo para que en caso de que así fuera, prescindiéramos de ese viaje. Agradezco infinitamente su intervención que seguramente por tu voluntad divina permitiste llegara a tiempo.

16 de julio de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en julio 16, 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Cuando te pedimos con tanta ansiedad el hijo que viene en camino, consagramos a tu divino amor la existencia del hijo que por tu grandeza y misericordia infinita nos dieras; es por ello, Señor, que ahora, más que nunca, necesitaré de ti para que me ayudes a enseñar a mi hijo el camino que sólo llega a ti.

15 de julio de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en julio 15, 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Existe gran ineptitud en mí al comprender la grande responsabilidad que ya pesa sobre mí, y es por eso que pido tu ayuda divina para prepararme lo mejor posible en crear buenas costumbres en esta santa casa donde tú existes siempre y que nos diste por hogar para que, al llegar nuestro hijo, encuentre siempre el ejemplo que tú nos diste al venir al mundo a enseñarnos la humildad, la pobreza, la caridad y tantas virtudes que jamás terminaríamos de enumerar.

14 de julio de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en julio 14, 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Dios mío, observo con gran alegría que continúas con tu admirable bondad permitiéndome penetrar en ese camino en donde al final de nueve divinos meses mi corazón advierta el tesoro tan grande que aún se esconde detrás de un muro de amor y que en el final del mismo, en lugar de sentir el dolor que todos pronostican, será bálsamo que prepare nuestro ser para luchar por ese gran tesoro al encontrarlo.

13 de julio de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en julio 13, 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Dios mío, siento sobre mí tu bendición, y es tan grande, que permitiste que tuviera ascos y también que observara eb tu divino rostro esa alegría y tu pronóstico a mi corazón de que seré madre, y eso para mí es como al fin descubrir la gloria, y lo único que siento es no tener los dotes necesarios para transmitir a mi esposo esta alegría que transforma hasta el último rincón de esta casa.

12 de julio de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en julio 13, 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Mi esposo me dice tantas cosas y me brinda tanta confianza que es por eso que se va acrecentando la fe en que nos darás un hijo. Es por eso que te doy infinitas gracias Dios del cielo, por ser tan generoso con quien no merece nada de ti.

11 de julio de 1975

Publicado en Uncategorized por Jacobo en julio 11, 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Son cinco días los que han transcurrido en medio de una angustiosa espera. Tú lo sabes, Señor, no he podido dormir, ya que mis sueños más bien parecen pesadillas, ya que me parece ver a cada instante en mis sueños que sucede lo que no deseo.

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